viernes 27 de noviembre de 2009

JACQUES BREL VIVE EN CÁDIZ




Presentación de Jacques Brel, una canción desesperada en el Salón del Claustro de la Diputación de Cádiz. Todo comenzó con “Ne me quitte pas”, la canción más popular de Jacques Brel. Era obligado que sonara la voz desesperada del Quijote belga pidiéndole a su amante en estrofas de gran aliento poético que no le deje. Una de las grandes canciones de la historia que hicieron suya Al & Cris Tango con la plasticidad e intensidad de su baile que sabe trascender en los más variados registros.

Todo el acto mostró la generosidad de los amigos que me arroparon con sus palabras y con su arte. Después de la actuación sobresaliente de Alberto Sahagún y Cristina del Castillo tomó la palabra Ana Mosquera, Vicepresidenta de la Fundación Municipal de Cultura que dio paso al editor Javier de Castro, responsable de la colección de Música de la editorial Milenio. El siguiente en tomar la palabra fue el escritor y periodista Juan José Téllez que fue capaz de sintetizar en su alocución las claves del universo de Brel y la importancia que sus canciones han tenido en su propia memoria sentimental.

La velada en torno a Brel la clausuró la voz y la guitarra de Patxi Andión que versionó de manera excelente “Amsterdam”, otro de los muchos logros creativos de Brel. Aquí volvieron a dejar su huella en el escenario Al& Cris Tango. Tras “Amsterdam” Patxi Andión presentó dos nuevas canciones de su nuevo disco Porvenir que está a punto de ver la luz. Porvenir supondrá el reencuentro con un cantautor inolvidable cuya obra está ligada a Brel y merece una revisión atenta que deje al lado los prejuicios con el que son mirados ciertos cantautores por el hecho de serlo o de estar vinculados a un contexto determinado.

Presentar mi libro sobre Brel en mi ciudad fue muy especial. También lo fue desayunarme el mismo día de la presentación con la crónica magistral y cómplice de Enrique Alcina en Diario de Cádiz. Y compartir luego esta presentación con los amigos que acudieron fieles a la cita y con aquellos que aunque no pudieron estar conmigo me hicieron llegar sus felicitaciones. La noche la clausuramos cenando en el acogedor ambiente del Restaurante Lumen. Fue el mejor modo de celebrar la presentación de un libro en el que he tratado de ofrecer un retrato apasionado de un artista singular llamado Jacques Brel.
Las fotografías que acompañan este texto son gentileza como casi siempre de Fernando Fernández.

sábado 21 de noviembre de 2009

JUGUETES DE DIOS

La cita fue en la vecina localidad de Puerto Real en el salón de actos de la televisión municipal. Se trata de un espacio que conocía muy bien gracias al historiador y cofrade Andrés Damián que me hizo compartir allí alguna que otra aventura televisiva. La última vez que estuve en el local situado en la calle Barragán fue de la mano del poeta y amigo Eduardo Flores. En esta ocasión acudía invitado para presentar el nuevo libro de poemas de Rosario Troncoso titulado Juguetes de Dios. El poemario ha sido exquisitamente editado por La Compañía de Versos Anónimos, una admirable aventura editorial dirigida desde Granada por Víctor Alija Castro al que tuve ocasión de conocer en persona. La poesía fue la verdadera triunfadora en la presentación de Juguetes de Dios. Charo Troncoso llenó la sala de un público afecto a su causa desde el primer momento. Se hizo acompañar de Manuel Bernal, autor del prólogo de su libro, y de la guitarra de Santi González, música y poesía en armonía. A continuación incluyo el texto con el que me uní a la celebración de este Juguetes de Dios con el que Charo Troncoso da un paso muy importante en su asentada trayectora lírica.

La poesía de Charo Troncoso fluye como un río y como un río creciente baña y acoge, surte y desemboca en un mar de claridad y belleza. Juguetes de Dios es su tercer libro de poemas, un tercer espejo en el que la poeta gaditana viene a reflejarse y a entregarnos la piel unánime y nada ajada del verso. Después de Huir de los domingos y de Delirios y mareas Charo Troncoso prosigue su búsqueda, su inagotable búsqueda y va encontrando en su camino océanos de complicidad, lectores que encuentran en su voz desnuda y rotunda un modo de conmoverse, de entender que el poema es una apuesta cargada de futuro que no puede pactar con modas ni necesita de audiencias masivas para hallar su identidad, su sino. El poeta se sabe minoritario pero también sabe que sin su poesía el mundo no sería el mismo, no podría ser el mismo.

Juguetes de Dios invoca de entrada a Oliverio Girondo para arrancar acto seguido con un soliloquio fundamentado en la imagen de un cementerio de marionetas rotas. Yo también decido mecerme con su poema en los brazos de mi madre, como símbolo de todas las madres, como forma de vencer la intrigante oscuridad que nos acecha. Porque quien canta al beso fugitivo, a la amargura, al silbo herido del viento, bien sabe que hilvana estrategias para postergar la muerte o el olvido o la miseria moral que rodea la realidad del mundo que no nos puede ser ajena cuando mojamos la pluma en el tintero. Y eso es el poema, una manera de revelarse y de revelarnos (con v y con b) de buscarse en los otros y de navegar en lo íntimo, de amar y desbordarse, tal como hace Charo Troncoso en Juguetes de Dios, libro de plenitud que abre nuevas vías de expresión y de conocimiento en su obra en marcha.

La misma Charo, que cual rayo de esperanza convoca a los poetas de Cádiz y su provincia a infinitas aventuras, la misma Charo emprendedora, motor de antologías y habitante del verso compartido, despliega en Juguetes de Dios su particular atlas sentimental y emocional en poemas que hermosamente hablan de “despertar para soñarlo todo”, de utopías colectivas y suicidas desesperados que eligen el modo de acabar con su vida. El poema “Miedo” lo precede una cita de un poema de José Hierro y en él se adivina la fragilidad de los sentimientos, de los futuros que proyectamos con la mirada. La vida y el amor están llenos de olvidos y de injurias, de finitud, pero el verso de Charo Troncoso alza su vuelo y sabe que un poema debe aspirar siempre al infinito.

“Dios nos vigila…” cantaba Bob Dylan en "Romance in Durango" y somos juguetes en sus manos, sombra de una sombra envuelta en otra sombra, mientras nos asomamos presurosos e infantiles a un ático donde se cruzan los gatos y los poemas. Y en ese ático brilla Charo Troncoso con luz propia, con su entusiasmo y su fe inmutable en el poema y en el valor de comunicación que éste posee y aquí podríamos hablar de la faceta pedagógica de Charo Troncoso pero nos desviaríamos de Juguetes de Dios, su último poemario que vislumbra horizontes de grandeza para una poeta que tiene los pies en el suelo, que sabe que ésa es la única forma de crecer en cualquier oficio y todavía más en este ámbito de envidias soterradas que es la literatura. En el verso de Charo Troncoso no mueren las musas, aunque escribir un poema someta al poeta muchas veces a una lucha titánica consigo mismo. Quien lo probó lo sabe.

Juguetes de Dios se me queda en los dedos y en los ojos mucho después de haberlo leído. En él late el corazón de una mujer que no olvida todo lo que la poesía le debe a la cultura popular y a la canción como muestra el guiño al grupo Golpes bajos en su poema “Misantropía” en donde hay una rebelión consciente contra este mundo que algunos se empeñan en convertir en un arrabal de vacuidad y superficialidad. Atrévanse a poner la tele cada día y sabrán lo que quiero decir y lo que Charo Troncoso alerta haciendo especial incidencia en los riesgos de la desmemoria colectiva. La poesía es también memoria propia y ajena y si calla el cantor calla una parte de esa memoria.

Caronte aguarda su momento (“la nada es todo” cantaba la gran poeta catalana Maria- Mercè Marçal) pero mientras que la nada arriba al puerto quedan lunas de tránsito y espera, enamoradas lunas donde postrar el verso, lunas para elegir el insomnio y no sufrirlo como una condena, para ser menos juguetes de Dios y más nosotros mismos porque la clave del poeta la resume Charo Troncoso en el último halo de luz de su libro, cuando nos susurra que escribir es dejar constancia de que una vez se ha sido, es sentir el aldabonazo de las palabras que salen al encuentro de quien las llama: “Escribir para no llorar/ y llorar si no se escribe”, versos finales que constituyen un modo de resumir la poesía transparente, inspirada, necesaria y urgente de Charo, poeta y amiga en el sendero de la poesía que siempre nos termina salvando.

jueves 19 de noviembre de 2009

MIGUEL HERNÁNDEZ

En el programa Cádiz en la Onda (91.4, Onda Cero) hemos entrevistado al novelista y ensayista alicantino José Luis Ferris, autor de la indispensable biografía Miguel Hernández: Pasiones, cárcel y muerte de un poeta (Temas de hoy, 2002). El año que viene se celebrará el centenario del enorme poeta de Orihuela y José Luis Ferris jugará un papel relevante en esta celebración publicando una edición revisada de su libro dedicado al poeta. Fue todo un placer conversar con Ferris. Aquí va el audio de la entrevista.


miércoles 18 de noviembre de 2009

RESEÑA EN EL CULTURAL DE ABC

Manuel Muñiz Menéndez ha publicado el pasado fin de semana en el suplemento cultural de ABC una reseña sobre mi libro dedicado a François Truffaut. Os dejo con ella.

VIDA Y TIEMPOS DE ANTOINE DOINEL

Luis García Gil recuerda en el epílogo de este ensayo unas palabras de Miguel de Unamuno - a propósito de Flaubert- que le sirven para sintetizar la clave en la que se sustenta el cine de François Truffaut: “Sólo en obras de autores mediocres no se nota la personalidad de ellos, pero es porque no la tienen. El que la tiene la pone dondequiera que ponga la mano y acaso más cuanto más quiera velarse”. Esta condición de cineasta para el que sus películas son una prolongación necesaria de su biografía es clave en el retrato que el autor hace de Truffaut.

La reflexión va más allá de las directas referencias autobiográficas que Truffaut tejió en el personaje de Antoine Doinel –trasunto cinematográfico a medias del director y a medias de su protegido y doppelgänger, Jean Pierre Léaud- a lo largo de cuatro películas, empezando por su propio debut (Los cuatrocientos golpes, 1959) y durante dos décadas (hasta llegar a El amor en fuga, 1979). A Truffaut también se le entrevela en sus otras películas, incluso cuando adapta a Ray Bradbury (Fahrenheit 451), 1966), William Irish (La novia vestía de negro, 1967); La sirena del Mississipi, 1969) o Henri-Pierre Roché (Las dos inglesas y el amor, 1971). Hasta cuando más criticado era por algunos compañeros de profesión –empezando por su antes gran amigo Jean Luc Godard- que le acusaban de hacer el mismo tipo de cine “prefabricado” y sentimental que tanto había criticado en sus tiempos de “joven turco” de Cahiers du Cinémá, fue capaz de realizar un filme tan personal (y poco comprendido) como La habitación verde (1978).

Uno de los capítulos más interesantes de este libro (que repasa la trayectoria vital del director y analiza sus películas una por una) es el referido a las cintas que Truffaut pretendió hacer y no pudo. Entre ellas están algunas que acabaron pasando a otras manos como Bonnie y Clyde, que le fue ofrecida en primera instancia a sugerencia de los guionistas Robert Benton y David Newman, grandes admiradores suyos; sólo cuando Truffaut (quien no quería que una estrella distrajese al público de la historia) se desligó del proyecto al ser elegido Warren Beatty como protagonista, la dirección pasó a manos de Arthur Penn. Pero, por supuesto, hay muchas películas que Truffaut pudo haber hecho de las que jamás sabremos nada por culpa del cáncer que le apagó el motor de su cámara a los cincuenta y dos años.

viernes 13 de noviembre de 2009

PADRE E HIJO

La vida no disimula la herida
que suele infringir el paso del tiempo,
orgullosos y afables recitamos
poemas al relente de la noche,
pero desuelan dudas implacables,
y tememos morir, perderlo todo.

Muchas veces pensé en tu partida,
en que nada dura eternamente,
que al irte sabría algo del dolor,
de la muerte encallada en el puerto,
de los ojos del invierno midiendo
las cuatro esquinas de la cama.

Era tan joven que no supe hablarte,
que no supe decirte que te amaba.
No te olvido. No podría olvidarte.
La noche tiene las alas cansadas,
le pregunto por ti y ni responde,
y sólo oigo a un perro vagabundo.

La vida es un viaje sin regreso
al principio de todo lo soñado.
El poeta no tiene descanso alguno,
canta su canción desesperada
y piensa en el hijo que está llegando,
el hijo que su padre no verá…

lunes 9 de noviembre de 2009

JACQUES BREL, UNA CANCIÓN DESESPERADA

Ya está a la venta Jacques Brel, una canción desesperada, mi nueva incursión en el apasionante universo de la canción con mayúsculas. En la web oficial de la Editorial Milenio (http://www.edmilenio.com/) puede leerse como anticipo el capítulo 2 del libro titulado El país llano. Jacques Brel, una canción desesperada ha sido prologado de manera exquisita por el poeta y músico aragonés Gabriel Sopeña. Conocer y tratar (aunque sea en la distancia) a Gabriel Sopeña ha sido una de las muchas satisfacciones que me ha deparado la redacción del libro. La portada ha sido ilustrada por mi amigo Tito Muñoz cuya generosidad y talento son ya de dominio público.
Otra satisfacción motivada por la escritura del libro tiene que ver con el contacto que he establecido con el profesor José Luis Atienza Merino, uno de los primeros estudiosos en España de la obra de Brel y autor del segundo volumen que dedicara a Brel la editorial Júcar después de la primera entrega firmada por Jean Clouzet.
No puedo olvidarme de lo que ha supuesto para mí trabajar con un editor del conocimiento y de la sensibilidad musical de Javier de Castro quien tiene además recién salida de la imprenta una recomendable biografía (escrita junto a Àlex Óro) sobre Los Sirex. Esta biografía puede también encontrarse entre los fondos de la Editorial Milenio cuya colección de libros de música es indispensable para cualquier aficionado que se precie de serlo.
Jacques Brel, una canción desesperada será presentado el 25 de noviembre en Cádiz y el 4 de diciembre en Barcelona. Más detalles sobre estas presentaciones en http://www.luisgarciagil.com/

PEPPERMINT FRAPPÉ



Recuerdo que la primera vez que me sumergí en Peppermint Frappé (Carlos Saura, 1967) me impactó de forma notable. Fue el primer filme de Saura que vi. Cuando me enteré de la muerte de José Luis López Vázquez recordé su interpretación de médico de provincias en esta película en la que construye un personaje perverso, minado por la envidia y por el deseo insatisfecho. Cierta España arcaizante y brutal se refleja en Peppermint Frappé, una de las mejores películas de Saura en la que Geraldine Chaplin recita en una singularísima escena el poema "Yo voy soñando caminos" de Antonio Machado, referencia audaz y pertinente en una España franquista colmada de poetas oficiales.

En esta obra de Saura destaca el simbolismo, la ambiguedad, el erotismo obsesivo y reprimido. Por ello importa y mucho que la película esté dedicada a Buñuel y que el personaje de López Vázquez imagine a Elena (Geraldine Chaplin) tocando el tambor un remoto Viernes Santo en Calanda, la pequeña patria aragonesa del autor de Un perro andaluz. Atavismo, tradición, imagen idealizada y obsesión en medio de la asfixiante vida provinciana surcando el rostro de Julián, el descentrado protagonista al que da vida José Luis López Vázquez.

Aunque Saura lo negara muchas veces en Peppermint Frappé está además de Buñuel la sombra de Hitchcock y de Vértigo. Geraldine Chaplin se desdobla como Kim Novak en dos personajes, la enfermera Ana y la turbadora Elena que está casada con Pablo (Alfredo Mayo), médico emprendedor y viejo amigo de Julián con el que pasados los años aquel vuelve a reencontrarse convirtíéndose en un espejo que le ayuda a comprobar la monotonía en el que ha trascurrido su existencia.
Contaba el propio Saura que la idea de Peppermint Frappé le vino durante una visita a Calanda en plena celebración de la Semana Santa. En el trascurso de una procesión se quedó absorto mirando a una chica tocando el tambor con tal fuerza que le sangraban las manos. Esa idea fue el punto de partida de la historia que Saura filmó en Cuenca, una ciudad idónea que adquiere un protagonismo esencial en la película.
El poder de los objetos, el fetichismo, la sombra de los recuerdos infantiles (antecedente de La prima Angélica) todo posee en Peppermint Frappé un interés suplementario, incluida esa visión de un hombre desesperado que recrea a una mujer, que la idealiza, que la somete a su propia fantasía y a sus propios fantasmas. No es cierto que la película de Saura haya envejecido mal. Es un retrato feroz de un tiempo y de unas circunstancias que nunca puede ser ajeno, que aún hoy se cierne sobre nosotros. Dibujo de una fascinación enfermiza Peppermint Frappé permite entregarnos a un actor (López Vázquez) que rompe con su estereotipo para explorar otros registros nada habituales para el espectador medio acostumbrado al carrusel gestual y cómico del actor y a su representación del españolito medio. Aquí el actor está contenido, parco, en una interpretación clave en su transición a papeles desacostumbrados en su filmografía.
Tenía la necesidad de volver a Saura, al libro que le dedicó Enrique Brasó en 1974, a las sugerencias que posee un filme como Peppermint Frappé, incluida la estupenda fotografía de Luis Cuadrado, la absorbente banda sonora de Luis de Pablo, y la imagen de Geraldine Chaplin bailando al ritmo de Los Canarios.