BIOGRAFÍA

En la obra de Luis García Gil (Cádiz, 1974) conviven de manera absolutamente personal literatura, cine y canción de autor. En el ámbito de la canción ha publicado Serrat, cantares y huellas, Serrat y Sabina a vista de pájaro, Jacques Brel, una canción desesperada, Javier Ruibal, más al sur de la quimera y Joan Isaac, bandera negra al cor. Su amor al cine ha dado como fruto el libro François Truffaut publicado por Cátedra y el guión y producción del documental En medio de las olas dedicado a su padre el poeta José Manuel García Gómez. También ha producido el documental Vivir en Gonzalo que ha dirigido Pepe Freire y en el que se profundiza en la obra de Gonzalo García Pelayo. Como poeta es autor de La pared íntima, Al cerrar los ojos y Las gafas de Allen. Es autor además del libro José Manuel García Gómez, un poeta en medio de las olas.




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lunes, 7 de abril de 2014

EL POETA DEL CAÍDO



“Martes de Jesús Caído, la joven, blanca y capitana Cofradía del Mentidero: “En la calle se ha caído/Jesús por segunda vez/ de tanto como ha sufrido/ no puede ponerse en pie…”. Lo escribía el poeta gaditano José Manuel García Gómez en las páginas de ABC un 25 de marzo de 1964 en un artículo dedicado a la Semana Santa de Cádiz con un título suficientemente expresivo: “Una semana de fervor gaditano”. El creador de la revista Caleta caminaba por la treintena y aún no había dado a imprenta “En medio de las olas”, grácil poemario y bella oda blanca a Cádiz, tal como lo calificó Vicente Aleixandre con quien García Gómez cruzara numerosas cartas cargadas de afectos líricos. Aquel artículo de mediados de los años sesenta reconstruye para el lector de hoy una Semana Santa muy diferente a la que conocemos en la actualidad pero con la personalidad que le otorgaba el callejero y el mar inmemorial que la envolvía, a lo que cabía sumar un rico patrimonio histórico y artístico que fulgía sobremanera en tiempos aún próximos a las penalidades de la posguerra cuyas heridas agrandó la terrible explosión del año 1947.

Por esa Semana Santa aposentada en lo íntimo soplaban los nuevos vientos de cofradías nacientes que hallaron en la gubia de Miguel Láinez Capote al imaginero que dio forma en su taller de la calle La Rosa a algunos de sus sueños en forma de advocaciones y misterios. Láinez sería el autor de la imagen de Jesús Caído a principios de los años 40.  En ese latido arrítmico de esa primera posguerra –memoria de indigencia y estraperlo- es cuando nace la Cofradía de Jesús Caído cuya travesía va estrechamente ligada a la figura de Bernardo Luis Periñán y Salguero con quien José Manuel García Gómez trabara una intensa amistad. La revista Estandarte da medida del talante de Bernardo Periñán y nos permite a un tiempo profundizar en aquella relación entrañable, encontrando los ecos profundos del poeta que le cantaba a Jesús Caído con una intensidad y una identificación que no llegaría a alcanzar con ninguna otra imagen de la Semana Santa de Cádiz. José Manuel García Gómez fue el poeta de Jesús Caído que encontró en la imagen doliente de quien cae a tierra una forma de autorretrato que pudiera ser consustancial a todo itinerario vital. La imagen de Jesús como metáfora que el poema y el poeta certifican sobre la hoja en blanco como también supo hacerlo el poeta de Arcos Julio Mariscal Montes en el primer terceto de uno de los sonetos de su libro Quinta palabra. En ese terceto se cita la caída en tierra de Jesús Nazareno camino del calvario: “Para que Tú cayeras, Hombre, para/ que caigas otra y otra vez, abierta/ esta terrible Calle de Amargura, culminándose el soneto con este otro terceto: “Para ya solo Dios que se espesara/ en cada gota de su sangre abierta/ y te hicieras más Dios en su espesura”.

En uno de los números de la revista Estandarte (el sesenta y nueve concretamente publicado en marzo de 1969) aparecía en la portada la imagen de perfil de Jesús Caído. Ese número de la revista recogía íntegro el Pregón de la Semana Santa de Cádiz de José Manuel García Gómez que tuvo lugar en el año 1967, dentro de los actos conmemorativos de las Bodas de plata fundacionales del Caído. La lectura de ese pregón nos remite a un tiempo pasado de pregones más líricos en los que no se gritaba ni era preciso un uso y abuso de la gesticulación y del ripio. La estética de la Semana Santa encontraba en el verso y en la oratoria de García Gómez un aliado perfecto que no sólo cantaba lo propio sino que buceaba en quienes le habían cantado en verso a la Pasión y Muerte de Cristo con Lope de Vega y sus Rimas sacras en un lugar siempre privilegiado.

“Cada año, y por el azul del mar, el humo y el olor de la resina del Campo del Sur, el Martes Santo de Cádiz se llena, a la verde sombra del Parque de Genovés, de sentimientos y emociones nuevas…La Capilla del Colegio Mayor es blanca y limpia, tiene el pequeño aroma de una flor jazminera. En ella sólo cabe el brillo de una lágrima o el aire de un suspiro...Y la estampa del Cristo y la Señora: Él, vestido de blanco, y rendido en un monte de claveles…Ella, sin corona ni ráfaga, adornada tan sólo con el número doce de las estrellas de Apocalipsis…”. Así lo cantaba García Gómez en su capítulo dedicado a la cofradía de Jesús Caído (“Señor de bruces, rey amilanado…”) del libro Semana Santa en las diócesis de Cádiz y Jerez que editara Gemisa en los albores de los años ochenta. El poeta gaditano llegaba en su itinerario al Caído y su prosa –ya crepuscular- no podía eludir esa parcela íntima y sentimental que le llevaba a sentirse parte de aquella cofradía que había visto crecer de la mano, entre otros, del entusiasmo de Bernardo Periñán.

Para la cofradía de Jesús Caído José Manuel García Gómez dejó algunos de sus mejores versos pasionistas, como viene a probar este conjunto de inspiradas décimas que compuso para cada una de las tres caídas a tierra de Nuestro Padre Jesús Caído:
Por primera vez Jesús,
celeste pan sin mancilla,
rindió su santa rodilla
bajo el peso de la cruz;
por primera vez Jesús
doliente vellón caído.
Y en el azul conmovido
de aleteos y de estrellas
palpitan nuestras querellas
por Cádiz, blanco y rendido.

Por segunda vez Jesús
sobre la piedra sombría
se rindió, que no podía
con el peso de la cruz.
Y en el ocaso sin luz
suenan tambor y trompeta.
La garganta, hecha saeta
mece con su triste brío
a Jesús Caído, un río
de mansedumbre secreta.

Por tercera vez, Señor
bajo el peso de la cruz,
María sin otro azul,
sin más palio que el dolor
del desamparo mayor.
Y en la noche gaditana
la brisa del mar temprana
gime con vivo gemido
el dolor más dolorido:
la estrella de la mañana.

Tres décimas en tierra, como lágrimas sonoras, como ríos líricos que en el cauce suspirante portaran un lamento antiguo. El poeta desvivido, derramado, soplo de mar y viento persiguiendo la efigie de Cristo, su ejemplo y su bíblico eco. El salvador del Arco de la Rosa –como testificó Fernando Quiñones-,  el alma mater de la revista Caleta, el poeta de la calle Cervantes que conferenciaba sobre Antonio Machado o sobre Lorca en tiempos no precisamente propicios para divulgar a poetas que no abrazaron la causa del régimen franquista. El hombre que al cumplir cuarenta años fundó un colegio pero que antes de todo eso ya buscaba el verso con el que definir el misterio de un paso de palio que se mece a ritmo de horquilla en la pupila del sueño. El poeta orante, meticuloso, cierto, que ofrendó una rosa metálica a la Virgen de los Desamparados, titular de la cofradía, una rosa que a veces la dolorosa llevó sobre una de sus manos y cuya ejecución correspondió al orfebre sevillano Vicente Martín Cartaya. El incansable investigador gaditano José Luis Ruíz-Nieto Guerrero me aportó generosamente este dato que constó en acta un 14 de febrero de 1969, el mismo año que el poeta dio a imprenta el poema-oda En medio de las olas, homenaje a Cádiz anteriormente citado. A la Madre de los Desamparados [1] también le dedicó el poeta alguna que otra décima como esta que transcribimos y que incluía un guiño lírico a Pemán y a su famoso poema al cargador gaditano que Juan Manzorro volvió a rescatar de la niebla sigilosa del tiempo en su Pregón de la Semana Santa de Cádiz:

Desamparada Señora
tu dolor es el mayor.
Por tu corazón en flor,
un río de pena llora,
un río que en esta hora
quisiera enjugar el llanto
de tu luto y tu quebranto.
Por eso a golpe de horquilla
y de vaivenes de mar
Cádiz quisiera borrar
la pena de tu mejilla.

José Manuel García Gómez le cantó al Caído sucesivamente sin apartar nunca de su pensamiento a Bernardo Periñán con el que tantas conversaciones cruzara. Ambos habían compartido la primera salida procesional de la Cofradía [2], radicada desde principios de los años sesenta en el Colegio Mayor Beato Diego José de Cádiz. A partir de ese instante las salidas fueron sucediéndose como lo hicieron las primaveras sepultando bajo tierra la faz de los inviernos retadores. Se sumaron salidas y recogidas en los que el poeta del Caído no faltaba a la cita como tampoco lo hacía su amigo Bernardo Periñán. Solía vérsele en el camino de ida contemplando el paso del Señor por el barrio del Mentidero y otras elegía el melancólico –casi elegiaco- camino de regreso por el parque de Genovés con la noche perfumada de incienso, glorificada por el verde desbordado e impresionista de la naturaleza.

Todo ese caudal emocional culminó en un gran poema, el mejor de cuantos José Manuel García Gómez dedicara al Caído y que vio la luz en el número especial de Estandarte, fechado en marzo de 1965. El poeta se encomendaba en una cita previa a Luis de Góngora y Argote [3], antes de acunarse en el oleaje de un verso exacto, rítmico y sufriente que miraba a los clásicos en la forma de vertebrar su canción desconsolada:

Rindes, Señor, sobre la dura piedra,
tu rodilla;
sobre el escalofrío
naufraga el leño verde;
te desploma, Jesús, como un cordero,
partidas las entrañas
en la calle,
y ayer, desde lo alto,
una flor se posaba
en la ternura vegetal del heno.

La cruz, Señor,
te rinde el corazón. Te rinden
beso, látigo y espina,
te rinde el gallo
que cantó tres veces;
te rinden los cuchillos
que le abrieron
siete ríos de sangre
al dolorido maternal regazo;
te rinden
manos torpes, corazones,
gritos, nieblas
espesas de humana pobredumbre,
y ayer desde lo alto,,
una flor se posaba
en la ternura vegetal del heno.

Una vez
y otra vez cae tu rodilla
sobre los mismos lechos duros de la piedra.
Tres veces van, Señor. Tres golpes van
por los que se despeña tu sonrisa.
Tú por nosotros,
tu dolor por el nuestro,
que el rescate lo exige
en la absorta mañana del Calvario,
y ayer, desde lo alto,
una flor se posaba
en la ternura vegetal del heno,
una flor que ahora tronchan
locas voces de sangre,
locos vientos de sangre,
necias luces de sangre.
Este poema en tres tiempos supone a nivel expresivo -con su armonía de heptasílabos y endecasílabos-  la muestra lírica más acabada de José Manuel García Gómez como poeta del Caído al que volverá a cantar en su último Pregón a principios de los años noventa. Al margen de García Gómez hubo otros poetas de aquella promoción del cincuenta que le cantaron a los titulares de la Cofradía de Jesús Caído que llegó a organizar un concurso literario, loable iniciativa que apenas tenía antecedentes en otras cofradías 4]. Uno de esos poetas fue Diego Navarro Mota [5] que en verso libre dedicó al Señor un poema titulado “La caída” que publicó Estandarte en diciembre de 1964. Pese a ello nadie alcanzó esa identificación lírica que logró José Manuel García Gómez, el poeta que vino al mundo en el número 22 de la  calle Cervantes y con el que la ciudad de Cádiz y la Semana Santa de Cádiz siguen estando en deuda.




[1] La bendición de la titular de Jesús Caído fue anunciada por la revista Estandarte en su número de abril de 1964, dándose mayor cobertura de la misma en el siguiente número correspondiente al mes de mayo. Se destacaba entonces la sutileza expresiva que le había dado a la imagen el escultor sevillano José Rivera García  
[2] La cofradía dio sus primeros pasos en el otoño de 1941 pero no se conforma realmente hasta la Junta reorganizadora creada por un grupo de jóvenes universitarios a finales de los años cincuenta. El Martes Santo de 1960 efectúa su primera salida desde la parroquia castrense del Santo Ángel y el Viernes Santo de 1961 desde el Convento de las Descalzas. A partir de 1962 ya sale desde el Colegio Mayor Beato Diego José de Cádiz.  Esa es la década en la que José Manuel García Gómez cimenta poéticamente su vinculación a la cofradía universitaria.
[3] Caído se le ha un clavel/ hoy a la aurora del seno…
[4] Tenemos noticias de un primer concurso literario con motivo de las Bodas de Plata fundacionales de la cofradía. Las bases de dicho concurso se fijan el 26 de octubre de 1966 y en ellas se indica que se otorgará un premio de cinco mil pesetas y un trofeo al mejor poema inédito de metro y extensión libres dedicado a uno o a ambos de los Titulares de la Cofradía.
[5] Navarro Mota fue otra de las presencias literarias de la revista.

sábado, 29 de marzo de 2014

RUTA QUIÑONES

Hoy debía haber formado parte de esa maravillosa y participativa Ruta Quiñones que guía Blanca Flores pero me fue absolutamente imposible. Quede al menos este magnífico artículo de Quiñones fechado en 1971 y que debí haber leído bajo la acogedora sombra del Arco de la Rosa. En él Quiñones cita a mi padre como la persona que salvó al Arco de la Rosa de ser demolido. Me hubiera gustado alzar mi voz y fundir en una misma secuencia a Quiñones y a José Manuel García Gómez que compartieron un mismo tiempo de Plateros y Caletas, de inquietudes y esperanzas literarias con los grises de la posguerra como escenario inevitable. Veinte años hace que García Gómez nos dejó y aún aguarda el reconocimiento de los poderes locales y fácticos, de quienes están más pendientes de hacerse la foto allá donde comparecen los votos y reina el más absoluto oportunismo. Es este mi largo lamento y lo seguirá siendo. 
CARTA ABIERTA A FLORENTINO PÉREZ- EMBID 
Muy distinguido amigo y paisano: 
Aprovecho el fallo del Premio Adonais de poesía –donde en el 56 me honró usted con su voto favorable- para saludarle y entregarle en mano la siguiente carta que haré publicar asimismo en el Diario de Cádiz y a la que acompañó el programa de “Alcances 71”, la última de las Semanas Culturales que hago anualmente en Cádiz y a la que de modo tan brillante y agradecible contribuyó con dos hermosos actos –Artes Plásticas y Música- esa Dirección General a su cargo, a través de amigos comunes como González Robles, Tordesillas, los Iglesias (el pintor y el musicólogo), Jesús González etc. Le agradezco asimismo la cooperación de esa Dirección a las renovaciones y ampliaciones del Museo de Cádiz, cuyo último acto he seguido desde aquí por la Prensa gaditana, y en general, la admirable labor de conjunto que está desenvolviendo su Dirección y que admiro de lleno, no obstando algunas disensiones de menor monta o mi apoyo a algunas otras del grupo de los artistas independientes, por decirlo así. 
Y ahora, basado en su último viaje a Cádiz y en el que pronto habrá de cumplir nuevamente, así como en su autoridad, y poderes en la materia, me permito llamar su atención acerca de la penosa e indudable realidad mediante la cual ese Cádiz al que amamos anda en manos de la tosquedad, los dineros y la piqueta como si se tratara de cualquier aldea de Yukón o la Patagonia hecha anteayer; anda Cádiz hacia una destrucción ya acelerada de su armonía y de sus valores históricos y turísticos a cuenta de la ignorancia, la ambición y la codicia de éstos y aquellos. Lamento estas palabras duras, que me duelen como a cualquiera y cuyas aristas e inconvenientes no dejo de advertir pero parece ser que no hay otras, así como que las únicas soluciones definitivas, por unos años al menos, sean sólo dos:  
1. El rigor y el acierto mayores en el establecimiento del plan urbanístico que se dice va a ser llevado a cabo por el casco antiguo de Cádiz, o bien 
2. La declaración oficial de dicho casco (cuyos méritos, carácter y encantos conoce usted perfectamente) como Monumento Histórico-Artístico, según desde hace tiempo pretende la Academia de la Historia con intervención directa en el asunto de los señores José María Pemán y Jesús Pabón, y con un diverso pero coincidente interés en ello que abarca desde un Pedro Laín Entralgo –casi gaditano de honor ahora- o un Dámaso Alonso, hasta un Vance Fitzgerald o un Fernando Chueca Goitia. 
Sólo he citado algunos nombres ilustres: en realidad, este reiterado y casi siempre desoído movimiento de defensa urbanística hacia el casco de Cádiz ha estado en boca de muchas, ilustres o no, personas de todas las edades y sexos, de veinte a ochenta años, y siempre ha sido una lucha agotadora en la que los partidarios de la razón y del buen gusto han solido llevar las de perder. Pregúntesele, si no, al señor Navascués, arquitecto municipal de Cádiz, quien se las está viendo y deseando para sacar adelante el noble Barrio del Pópulo contra muchos criterios chatos o miopes o al señor García Gómez quien en última instancia y cuando ya había empezado la demolición hasta dejar desgraciado todo aquel rincón tan bello y típico, logró detener por un pelo el derribo del Arco de la Rosa, allá por los cincuenta y después de dejarse el alma por las calles, desolado contra la torpeza, las insidias y desidias de siempre.
En vista, pues, de que a los propios gaditanos no es posible confiarles la conservación de Cádiz y que en nombre de que “los tiempos cambian” se permiten el derecho de cargarse lo mejor y quizá lo más rentable que podemos tener para cuando el turismo prosiga su curva ascendente, tómese pues una medida estatal en la que todo quede rigurosamente especificado y en la que el "gigantismo" se quede para Puerta Tierra y para el otro lado del puente sobre la bahía, donde estaría muy bien, más allá del peseteo por metro cuadrado etc, etc. 

Seguro de que su oído de andaluz, de escritor y de hombre encargado de velar por lo que en el país vale la pena, no echará en saco roto estas palabras desinteresadas y leales a favor de ese Cádiz que es una nieve mar adentro y que puede convertirse en un triste y desproporcionado mamarracho, le abraza su buen amigo. 

Fernando Quiñones, María Auxiliadora, 20, Madrid. 

martes, 18 de marzo de 2014

RAMÓN SOLÍS Y JOSÉ MANUEL GARCÍA GÓMEZ


Puede ser el Cortijo de los Rosales de Cádiz o el Patio de la Facultad de Medicina como me apunta el profesor Alberto Ramos Santana. Mucho ha llovido desde esta foto en blanco y negro de Juman. Aún debía doler la posguerra y aquella guerra infame y la explosión del 47 que puso el cielo rojo. La foto me la remite Óscar Cantero. En ella aparece su padre Evaristo Cantero, recordado periodista gaditano. Contemplo a mi padre que aún no me tenía en el pensamiento. Seguramente andaba buscando a las musas una noche que se pierde en las neblinas del tiempo. También adivinamos a Ramón Solís, grandísimo escritor gaditano cuya obra fue mucho más allá de El Cádiz de las Cortes o de Un siglo llama a la puerta. Urge recuperar a Ramón Solís en toda su totalidad pero Cádiz es ciudad olvidadiza. Mi padre disfrutó de su amistad y yo de un abrigo que me regaló cuando yo era muy pequeño, tan pequeño que no lo recuerdo. 

sábado, 15 de febrero de 2014

LOS HIPPYTANOS, ANTONIO BURGOS Y EL ABORTO


Antonio Burgos no faltó a su cita con la comparsa de Antonio Martín que este año se llama Los hippytanos para regocijo del cantaor jerezano Diego Carrasco. La amistad del fino escritor sevillano con Martín demuestra que el pensamiento de cierta derecha y el de cierta izquierda pueden proponer diálogos de franca distensión y que la amistad y el compadreo está muy por encima de las ideas. Algo que debiera saberse en estos tiempos demasiado airados, demasiado tendentes al exabrupto y a lapidar al que se sale del discurso oficial y del pensamiento único de unos y de otros. 

Pensaba esto porque ayer Martín soltó una letra a favor del aborto y  de la libertad de la mujer para dar a luz, algo que no debió gustarle a Burgos cuyo pensamiento está en el extremo de lo que escribía en el año que dio a imprenta Andalucía, Tercer Mundo. Es una curiosa coincidencia que hoy Burgos escriba en ABC un artículo titulado "El aborto de la señorita Pepis" y hable de la farsa abortista del Parlamento andaluz y de la negación del derecho a la vida de los defensores del aborto. 

Burgos no es Pasolini. Quiero decir que su modo de defender la vida y de posicionarse contra el aborto y el derecho de la mujer a decidir no es el mismo que el que empleó el admirable autor de los Escritos corsarios. Ahí radica un problema, en el tono y en la forma de quienes defienden que la vida es sagrada. Por eso no debió gustarle mucho el pasodoble de su amigo y debió recordar con añoranza otras comparsas de Martín como aquella España y Olé que sí podía sintonizar más con su actual modo de entender la realidad. Dicho esto con el máximo respeto hacia quien mantenía amistosa correspondencia con mi padre en los años sesenta del pasado siglo. 

lunes, 3 de febrero de 2014

LA CANCIÓN DE TINO



Me cité con Tino Tovar a comienzos del verano pasado en la Cafetería Miami, el mismo lugar que acogió una larga conversación con Javier Ruibal que impulsó la escritura de Más al sur de la quimera. Esbozamos aquella sobremesa un proyecto literario en común que quise titular La canción de Cádiz. La idea era profundizar en la historia de la comparsa desde Paco Alba a nuestros días, la comparsa como canción de autor de Cádiz, como machadiana palabra en el tiempo, como banda sonora de acordes y latidos. Tino pensó que La canción de Cádiz no sólo encajaba como título de nuestro libro sino también como título de su próxima comparsa. De alguna manera libro y comparsa caminarían por un mismo sendero emocional en una sintonía que a mí me pareció muy hermosa. 

El libro ha ido madurándose en estos meses sin someternos a un calendario estricto, a una premura peligrosa que pudiera condicionar el resultado. Del mismo modo Tino fue dando forma y sentido a su comparsa, compartiendo conmigo ideas hasta que todo lo abocetado ha terminando desembocando en La canción de Cádiz, enorme poema cantado que es fruto de uno de los creadores más profundos del Carnaval de Cádiz, un hacedor de coplas que aúna tradición y modernidad, lírica y compromiso en su modo de componer sus obras.

La canción de Cádiz está llena de matices, de sugerencias melódicas y expresivas, de esa poesía sutil tan difícil de alcanzar en estos tiempos de tantísima banalidad. Mientras otros desertan del Concurso del Falla Tino Tovar prosigue su búsqueda, cantándole a Cádiz, persiguiendo a las musas, trazando a contrarreloj un delicado universo de sensaciones, de sentimientos y cavilaciones. Todo ello con la complicidad de un grupo de voces magníficamente dirigido. 

Suena y espejea La Canción de Cádiz, quintaesencia del estilo de Tino Tovar, y viene a sonar parte del alma de esta ciudad, de los vientos viajeros que la acogen, de los suspiros callejeros donde el deseo florece y el tiempo parece detenerse. Tino Tovar le canta a Pedro Romero y en ese pasodoble, fiero y dulce a un tiempo, tiembla el mar de Cádiz, el mar indescifrable y penetrante como la vida misma que conforma la herida, el genio y el ingenio del verso cantor. De este modo olvidamos la otra parte del Carnaval, la de los egos, la de la expresión desmañada, la del narcisismo, la del fanatismo, la que hizo exclamar a Fernando Quiñones que de los Carnavales ya se borró. Tino Tovar convence hasta a los más escépticos con su forma de entender y sentir el Carnaval. Nadie como él refleja con su voluntad renovadora las posibilidades expresivas de la comparsa. 




domingo, 8 de diciembre de 2013

ENAMORARSE DE OLVERA

La carretera que conduce a Olvera ya no es la carretera sinuosa de antaño. El diletante regresa al lugar de su infancia para recitar algunos de sus poemas por gentileza del Centro Andaluz de las Letras. Atisba el pueblo en el horizonte y se le escapan dos lágrimas que logra disimular. Se acuerda de su padre, pregonero de las fiestas de San Agustín de Olvera el mismo año del mayo francés y se acuerda también de un artículo titulado Enamorarse de Olvera en el que su progenitor concentrara todo lo que le sugería aquel pueblo perdido de la serranía de Cádiz: "Así es el amor por esta bella ciudad que reparte sus latidos por las campanas de su Iglesia Mayor y por las almenas de su viejo castillo moro, Olvera mora y cristiana, de muy honrosas empresas históricas, Olvera de inéditas bellezas a la que hay que ir, a la que nadie deja a la vera, a la que todos prefieren, como en los versos certeros de Jesús de las Cuevas, rondar su blanca cintura y enamorarse de Olvera...". 

Retornos a lo vivo lejano, a uno de los lugares de mi infancia, donde puse lo hallado y reconté las perdidas. Me acordé de mis primos, de la posesión de la luz aquella que pertenece a un pasado donde la muerte no comparecía con su hachazo invisible y homicida. Avec le temps sabemos que la niebla toma posesión de todos los nombres y somos elegía presurosa mordiendo los peñascos. 

El diletante constata en su recital lo solo que están los poetas que declaman versos para un mínimo auditorio. Pervive al menos la música reencontrada de las calles empinadas que vuelven a habitarse, de la alameda aquella en la que jugué de niño, de los rostros familiares sentados en torno a un fuego dulce y hospitalario. Ejerció de cicerone Remedios, vieja amiga de uno de mis primos y casualmente responsable de la Biblioteca Pública de Olvera a donde llevé mis versos. Ella fue quien me mostró aquellos rincones que fueron míos en otro tiempo. 

Antes del regreso cayó la noche y el diletante se llevó una última imagen del pueblo adormeciéndose, fantástico y fantasmagórico a un tiempo con aquel castillo envuelto en las simas de la oscuridad. Me acordé de nuevo de aquel artículo de mi padre titulado Enamorarse de Olvera y de mis tíos y de mis primos y de todo aquel fulgor habitado hace ya demasiado tiempo. 

Nota final: En la foto que acompaña estas líneas aparece mi padre como pregonero de la Feria y Fiestas de San Agustín de 1968. Le acompañan la Reina y las Damas de aquel año. El alcalde de Olvera era Francisco Pérez Sabina. La imagen procede de la Revista Oficial de las Fiestas y Feria editada por el Ayuntamiento de Olvera en 1969. En ese mismo número aparece un poema de mi padre dedicado a la Virgen de los Remedios, Patrona de Olvera. 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

HISTORIAS DEL CÁDIZ Y DE CÁDIZ

La historia balompédica del Cádiz se ha convertido en los últimos tiempos en un folletín de proporciones considerables con un club a la deriva que va pasando de mano en mano y cuyo ostracismo actual debe mucho a la gestión desempeñada por Antonio Muñoz que fuera incapaz de sustentar un proyecto deportivo de futuro. En este alambicado relato no faltan pintorescos personajes mesiánicos  que todo el mundo conoce en Cádiz y que no hacen otra cosa que refrendar que el fútbol es un ámbito idóneo para que algunos sientan cubiertas sus ansias de protagonismo. Para ellos la posteridad les tendrá reservada una glorieta o una calle porque ya se sabe quienes en este mundo al revés terminan siendo beatificados, como si fueran lo contrario de lo que realmente son. 

Es esta una ciudad que amamos, muy a pesar de sus contradicciones. Uno pasea por el casco histórico y siente toda la riqueza que entraña su biografía, toda la cultura con mayúsculas que encierra este otrora emporio del orbe y todo el repertorio de voces populares que terminan conformándola. Lo arquitectónico se desborda con sutilidad, también el cosmopolitismo de otro tiempo y el latido del mar que la envuelve plásticamente. Cádiz es un galeón que se despide, una gaviota, un sueño con forma de espadaña o de torre vigía o de plaza abierta al mundo. Por sus callejones mora el poema que jamás escribiremos o esa música perdida en un pentagrama que pudiera haber compuesto Manuel de Falla. 

Pero no todo es poesía en la ciudad sitiada por el Carnaval, la Semana Santa y el Cádiz C.F, como si no hubiera otra cosa, y lo dice quien se siente ligado sentimentalmente a la Semana Santa, al Cádiz C.F y al Carnaval pero le duele que más allá de esas referencias la ciudad parezca incapaz de explicarse. Para saberlo basta con leer los domingos una sección de entrevistas con ciudadanos gaditanos que publica Diario de Cádiz. En la mayoría de los casos observamos quienes marcan tendencia en la ciudad y nos echamos a temblar. 

La gente no lee a Ramón Solís pero no se pierde lo que dice el hermano mayor de la cofradía de marras o el Juan Carlos Aragón de turno. En esa banalidad permanente vivimos más cerca del Love que del verso exigente de Fernando Quiñones y con un equipo de Segunda B disputando partidos en un estadio de Primera División que ya se sabe quien ha pagado. Cualquier tiempo pasado fue mejor porque lo habitaban Mágico González, Pepe Mejías o copleros nada presuntuosos como Paco Alba. Ahora sufrimos lo extemporáneo que ya denunciara el citado Quiñones y que nos lleva a padecer un Carnaval en plena canícula de agosto o procesiones magnas que de tanto repetirse pierden su carácter extraordinario y que también acontecen fuera de la liturgia que marca la cuaresma. Esto debe extrañar a un lector foráneo que no debe saber quien es el Libi ni conoce la cofradía del Despojado ni a Luis Rivero.  

Glosamos esta ciudad, la sentimos nuestra, tratamos de hacer cultura en ella, pero sentimos la desazón de lo que parece irreversible, una ciudad condenada al tópico y que quizá no hace otra cosa que ser reflejo de cierta España de charanga y pandereta que no termina de irse. Mi padre - no me cansaré de decirlo- salvó en su día el Arco de la Rosa de ser demolido y creó un colegio con el sudor de su frente, convirtiendo en realidad un sueño pedagógico. Hizo poesía y cultura en tiempos difíciles. Todo eso resulta irrelevante en esta ciudad que encumbra a quien no lo merece. Por eso es sintomático que el nuevo Concejal de Cultura Alejandro Varela -ex futbolista del Cádiz curiosamente- se estrene en el cargo reuniéndose con cofrades. He aquí las prioridades de la ciudad. Es esa la realidad y de nada sirve lamentarnos por ello. Uno quisiera que Cádiz se conociera más por la música universal de Manuel de Falla que por otra serie de cuestiones. Pero como cantaba Serrat nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio.

jueves, 31 de enero de 2013

LA COMPARSA DE ARAGÓN



El escritor Don Delillo encabezaba su aclamada novela Libra con esta cita: "La felicidad no se basa en uno mismo, no consiste en tener una pequeña casa, en dar y recibir. La felicidad se consigue al participar en la lucha, en la que no existe una separación entre la vida personal y el mundo en general". La frase no es de Willy Toledo sino del epistolario de Lee H. Oswald, el verdugo que acribilló a JFK. Viene esto a cuento porque hay que cuidarse de ciertos iluminados que creen que su lucha es la única lucha posible y cuya revolución pendiente pudiera acabar llevándose por delante cualquier tipo de disidencia. Al final quienes dicen que vivimos en una dictadura encubierta pudieran aspirar a crear otro tipo de dictadura. Y paradójicamente terminan destilando una arrogancia, un odio y una intolerancia ante el que piensa diferente que está bastante lejos de lo que debiera ser una convivencia democrática. Y conste que pienso que todos los días existen más de cien motivos para rebelarse ante un sistema que hace aguas permanentemente. 

A los autores de Carnaval se les exige compromiso, letras de emergencia, denuncia y todo ese repertorio de voces críticas es lógico que se acreciente en estos tiempos de absoluta indecencia política. Dicho esto hay que decir que estos mismos autores tienen una responsabilidad con el público y por ello interesa el talante, la forma de desarrollar los temas, de poner el dedo en la llaga, sin caer en la pura demagogía, en la estridencia que sólo gustará a los fanáticos que no escuchan y que siguen a su comparsa como a un dios al que rendir eterno culto y pleitesía. 


Juan Carlos Aragón trae este año una comparsa llamada Catastrophic Magic Band. Al aclamado poeta de la fiesta se le debieran exigir unos pasodobles más elaborados. En su segunda comparecencia en el Falla su visión de la derecha española no se alejó del lugar común, del tópico establecido, del discurso manido que uno encuentra a diario en las redes sociales.  Es una obviedad que hay una derecha enconada pero también hay una izquierda que no transita precisamente por la mesura ni por el respeto al que difiere mínimamente de sus planteamientos. Que Aragón se erija en gurú o iluminado de la izquierda da que pensar. A un autor de referencia se le debiera -insisto- exigir un discurso más elaborado, menos tendente al exabrupto que al final es lo fácil.

De uno de sus pasodobles se deduce que Aragón considera saludable que un partido gobierne Andalucía hasta el fin de los tiempos, sin pensar que la democracia es alternancia y que el coto privado o cortijo que presumiblemente instalarían los del PP en nuestra tierra lleva años siendo propiedad del PSOE. Porque habría que recordar que no otra cosa han conocido los andaluces que el gobierno del PSOE y el balance de la gestión de este partido no creo que sea como para tirar cohetes. Pero Aragón se maneja bien en los tópicos, aunque quiera hacernos ver que es un autor trascendente, a la vanguardia siempre del pensamiento libre. No seré yo quien le niegue -faltaría más-  su importancia en la propia historia cantada del Carnaval de Cádiz. Otra cosa es que sus referencias a Blas Infante o a los fantasmas del franquismo suenen en sus labios a discurso obsoleto, a lugar común, destinado a envalentonar a una audiencia poco exigente. 

Si La serenissima fue -con todas sus excentricidades- la mejor versión de Aragón, Catastrophic Magic Band es su reverso pese al excelente conjunto de voces que atesora. De momento -y no deja de resultar curioso- quien mejor está cuestionando en el concurso el sistema político y económico que padecemos es Selu García Cossio que con la chirigota Las verdades del banquero ha vuelto a dar en la diana de la ironía, del ingenio y del savoir faire carnavalesco, si se me permite el galicismo. Lo del Selu es punto y aparte. Lástima que su modalidad no atraviese sus mejores días, sintomático del momento actual que atraviesa el Concurso del Falla, pese a los ditirambos de quienes siguen negando esa realidad.

viernes, 25 de enero de 2013

DREXLER



Supone un privilegio para Cádiz que Jorge Drexler anuncie el Carnaval. Como quiera que la ignorancia es atrevida hay quien disiente del pregonero montevideano por considerarlo un advenedizo de la fiesta. Drexler ya citaba a Cádiz en la canción "De amor y casualidad" que integraba Llueve, su segundo disco publicado en España. Su primera mujer tenía raíces gaditanas y Cádiz ya aparecía en su cancionero como unidad de destino. Lo mismo sucedió cuando se cruzó en su vida Javier Ruibal de quien   tomaría prestado "Toito Cai lo traigo andao". Su ecléctico mapa sonoro incluía al músico portuense y por extensión a Cádiz cuyas músicas y sones nunca le fueron ajenos. 

A Drexler muchos los descubrimos con Vaivén que fue el primer disco suyo que llegó a España. Aquel Drexler en proceso de formación, cándido y cálido, tocó en Cádiz varias veces y siempre encontró un público que se sentía receptivo a sus canciones. La Central Lechera acogía aquellas actuaciones intimistas, casi susurradas, del músico uruguayo que iría creciendo disco a disco hasta firmar con Doce segundos de oscuridad su obra maestra. 

El uruguayo se ha encomendado para el pregón a Javier Ruibal y  a la comparsa de Jesús Bienvenido. Con estos mimbres el pregón se presume antológico, un modo además perfecto de maridar los ecos del Carnaval de Montevideo con sus murgas y llamadas con los del Carnaval de Cádiz. 

Es deseable que el desinformado se sienta llamado a conocer la obra de Jorge Drexler cuya implicación con la fiesta está siendo absoluta desde el mismo momento en el que fue nombrado pregonero. Sería deseable también reconocer el acierto de la corporación municipal a la hora de escoger a Drexler. Todavía más si tenemos en cuenta que en otro tiempo se eligieron pregoneros-fantoches como Jesulín de Ubrique que perpetró uno de los pregones más vergonzantes de la historia del carnaval gaditano. 

Drexler ya ha adelantado una pieza embebida del perfume de Cádiz. "Cai creo que Cai" es un ejercicio de puro gaditanismo, patente de corso y una oda a la ciudad trimilenaria que en ningún caso suena impostada. Montevideo es Cádiz asomada a otro mar y Drexler también es Cádiz. Por eso su canción parece bautizada en la Caleta y bucea en el pasado fenicio y parece encaminarse hacia el Barrio de la Viña para guarecerse en las coplas que se cantan para espantar los males con el pito de caña como estandarte. 

Nadie mejor que Drexler para cantarle a Cádiz mientras cae una lluvia inmensa de papelillos, mientras un tango besa los pies de la estatua de Gades y la añeja comparsa de Paco Alba regresa de la noche de los tiempos. Imagino al músico uruguayo escuchando a Los senadores romanos remontándose a la época  en la que el gran Alfredo Zitarrosa imponía su magisterio en la canción uruguaya y latinoamericana. Es un lujo para Cádiz que Drexler sea el anunciador oficial del Carnaval aunque lamentablemente no se esperen demasiadas coplas dedicadas a honrar su nombramiento.