BIOGRAFÍA

En la obra de Luis García Gil (Cádiz, 1974) conviven de manera absolutamente personal literatura, cine y canción de autor. En el ámbito de la canción ha publicado Serrat, cantares y huellas, Serrat y Sabina a vista de pájaro, Jacques Brel, una canción desesperada, Javier Ruibal, más al sur de la quimera y Joan Isaac, bandera negra al cor. Su amor al cine ha dado como fruto el libro François Truffaut publicado por Cátedra y el guión y producción del documental En medio de las olas dedicado a su padre el poeta José Manuel García Gómez. También ha producido el documental Vivir en Gonzalo que ha dirigido Pepe Freire y en el que se profundiza en la obra de Gonzalo García Pelayo. Como poeta es autor de La pared íntima, Al cerrar los ojos y Las gafas de Allen. Es autor además del libro José Manuel García Gómez, un poeta en medio de las olas.




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martes, 5 de agosto de 2014

ANTONIO MACHADO Y EL VERANO



1. Releer Campos de Castilla, anotar de nuevo el deslumbramiento de los versos del poeta sevillano que cada vez canta mejor. Machado, al que muchos convirtieron en canción, reviviendo su verso en elepés que hoy desempolvamos de los cajones. Me acordé del poema "Galería" cantado por Hilario Camacho (De paso, 1975) y del comentario entusiasta que de él hiciera Juan Ramón Jiménez y que encuentro en el libro El trabajo gustoso (conferencias) del poeta de Moguer: 
Desgarrada la nube; el arcoiris
brillando ya en el cielo,
y en un fanal de lluvia
y sol en campo envuelto...

El agua en los cabellos de la amada, la modernidad de un poema descriptivo, hondo, amoroso, que Hilario Camacho recrea ejemplarmente con su canción grabada en el sello GONG de mi querido Gonzalo García Pelayo. 

Y todo en la memoria se perdía/ como una pompa de jabón al viento. Tiene el verano forma de pompa de jabón que el viento conduce al infinito. Uno mira a su hija en la plenitud de agosto y sabe que el instante pasa, que en los ojos pesa lo fugaz de todo lo que vive y sueña. 

2. El verano y las moscas a su modo forman una composición naturalista. El poema machadiano revolotea en torno de los cuerpos que se aman, de los bañistas que salen del agua, del típico chulo de playa que zumba por la orilla cual pertinaz mosca. El poema que se mira en los ojos de la adolescente que se quita el bikini para sentirse mujer en la cala profunda del sueño. El poema que agita las alas, que se llena de espuma, que conoce el ritmo fugitivo de las mareas. 

Antonio Machado incluyó "Las moscas" en su libro Soledades como parte de la serie que lleva por nombre humorismos, fantasías y apuntes. El poeta simboliza en las moscas la vida porque ellas son testigos de infancia y adolescencia y finalmente se posan en los párpados yertos de los muertos. Alberto Cortez fue de los primeros en cantar al poeta, riesgo que le ocasionó más de un vituperio. Entre los poemas que seleccionó para su disco estaba "Las moscas" en felicísima adaptación musical. Cuando Serrat grabó su elepé dedicado a Machado (Zafiro-Novola, 1969) grabó la versión de Alberto Cortez, haciéndola más popular dada la enorme repercusión que alcanzaría su disco dedicado al poeta. 

La influencia de Machado continúa en los poetas de hoy. Raquel Lanseros en su libro Las pequeñas espinas son pequeñas incluye un poema titulado "La mosca" que nos hace evocar el poema de Antonio Machado con el que termina dialogando. "Esa mosca que animosa surca/ la somnolencia del final de agosto/ explora, busca, indaga, curiosea/ revolotea vivaz, encauzada al sustento/ vuelve de escudriñar/ tan otra y tan la misma". La mosca que termina posándose en el muslo al sol de la poeta igual que ayer se posara en la carta de amor o en el librote cerrado o en el juguete encantado. "Esta mosca -concluirá Raquel- soy yo/ y mi mano es el tiempo". 

3. Pensar en Antonio Machado, en aquel verano de soledad profusa en el que lloraba la muerte de Leonor Izquierdo, su amada. Acordarse de aquellos versos de "Una noche de verano" que formaban parte del magistral Campos de Castilla. Esa noche de verano en la que estaba abierto el balcón y en la que penetró la muerte en la casa, rompiendo un hilo entre el poeta y Leonor. La voz flamenca de Calixto Sánchez cantó estos versos con poderosa convicción en un hermoso disco machadiano que de alguna manera reforzaba la vinculación del flamenco con el poeta que jamás desdeñó de lo popular y del cante hondo aunque criticara la España dócil y vulgar de charanga y pandereta, del flamenco más típico y tópico. 

4. En el verano de 1969 Serrat aparecía en las listas de éxitos con su disco dedicado al poeta. Al lado de Palito Ortega y de "La chevecha" aparecía Serrat con "La saeta" o con "Cantares". La revista Mundo Joven resulta un termómetro incomparable de aquel furor machadiano vilipendiado por la cátedra. El éxito del disco de Serrat constituyó una forma de abofetear a la industria musical más conservadora, situando a un poeta republicano, muerto camino del exilio, en el hit parade, en lo más alto de las listas. 

El ídolo popular, en manos del astuto Lasso de la Vega, encuentra en Machado una referencia fundamental que influirá en su cancionero futuro. El olmo seco, los proverbios y cantares, la España heladora, el hombre del casino provinciano. Son varios los Machados que Serrat acoge en su voz trémula y juvenil con los arreglos ciertamente rompedores de Miralles. Hay un antes y un después del disco machadiano de Serrat cuya publicación coincide con su primera gira por el continente americano. Se empieza a escribir el primer capítulo de la intensa historia del cantautor catalán en países como Argentina, Chile o México.  

De mi archivo serratiano rescato un cuadernillo del recital de presentación del disco en el Teatro Rambla de Tarrasa. El programa incluye una primera parte de éxitos en catalán (de "Com ho fa el vent" a "M' en vaig a peu") y una segunda dedicada enteramente al disco de Machado que abre "Cantares" (llamados aquí "Cantares de Antonio") y cierra "Parábola". Como curiosidad el cuadernillo incluye un texto laudatorio de Alberto Puig Palau al que pronto Serrat inmortalizaría en la canción "Tío Alberto". 



5. La obra de Machado también encontrará cobijo en el pop español de los años ochenta. Gabinete Caligari graba en el verano de 1987  la excelente "Camino Soria" para su elepé homónimo. La canción no es sólo un canto emocionado a un paisaje que Machado inmortalizara en Campos de Castilla. Es también un homenaje explícito al poeta que no era un ganapán (DRAE: Hombre rudo y tosco): 


Bécquer no era idiota ni Machado un ganapán
y por los dos sabrás que el olvido del amor
se cura en soledad, se cura en soledad, 
a la ribera del Duero existe una ciudad,
a la ribera del Duero mi amor te espero...
Voy Camino Soria, ¿tú hacia donde vas? 

Jaime Urrutia une a Bécquer y a Machado. Tal como hará Juan Ramón Jiménez en una de sus conferencias ya citadas cuando al releer el poema "Galería" de Machado comenta: "¿Qué añadir sino el silencio convencido de todos? Y con este poeta casi siempre abierto, el más profundo, con Bécquer del siglo XIX (Unamuno es más del XX)"

6. Machado y el verano, el sol de agosto sobre el paisaje castellano, la sombra de Leonor y la imagen de un álamo en la imagen cierta del poema. Huir de la gente que va apestando la tierra, dibujar acaso en el paisaje un verso que nos devuelva un resto de infancia. 

*Esta entrada está inspirada en la primera de mis colaboraciones de verano para el programa El público de Canal Sur Radio que presenta Salud Bottaro. 

lunes, 7 de julio de 2014

VICENTE ALEIXANDRE

Mi padre cruzaba cartas, olas, espumas, odas febriles con Vicente Aleixandre quien llegó  a colaborar en un número de la revista Caleta. La posguerra azotaba como racheado viento de levante pero algunos encontraban una forma de resistencia en la poesía. Para mí Aleixandre nunca fue una presencia ajena y a treinta años de su muerte siento un inmenso placer al releer aquellas cartas.

Madrid a 13 de octubre de 1963: Amigo mío García Gómez: Mil gracias por esa bella nota comentario a un poema mío, escrita además con tanto cariño por usted. Y sigue: La editora de En un vasto dominio es Revista de Occidente. Pero ya he firmado un ejemplar para usted y he dado orden de que se lo remitan. Estoy seguro que esa conferencia suya será muy interesante y lo que siento es no oírla. Ya veo sigue usted trabajando con continuidad y entusiasmo y me alegro mucho. Recuerdos para los amigos. Con mucho afecto y recuerdo siempre. Vicente Aleixandre.

Esta carta me lleva al ejemplar de En un vasto dominio, dedicado por Aleixandre a mi padre donde se indica que el libro procede de la librería Fernando Fe de Madrid sita en Sol, 14. En un vasto dominio es un poemario deslumbrante e inagotable como buena parte de la obra de Vicente Aleixandre al que hoy poco o nada se le cita. ¿Para quien escribo? se pregunta el poeta en el poema inaugural. Pregunta que a muchos acecha. ¿Para quien derramar la amargura del verso, el secreto perfil de sus constelaciones, el eco del misterio, el trazo de la idea, del sueño, del aire...? Me pregunto yo ahora mientras pían los pájaros y sorbo café helado y escucho el ruido de una tubería y pienso en mi amigo Julio Antúnez al que dejé perdido en una novela inacabada. 

Imagino a mi padre leyendo las cartas que Aleixandre puntualmente le remitía. Grandeza y sencillez de quien entendía la poesía humanamente, sin narcisismos innecesarios tan del gusto de poetas de ahora mismo. "El pelo crespo inicia/ la verdad humana" -canta el poeta que le canta a la cabeza, al vientre, al brazo, al ojo que mira y sueña y al sexo. Y a la mano del poeta viejo -trasunto de Lope- que febrilmente aún escribe, aún derrama la tinta oscurísima sobre la hoja crepuscular. 

Leer a Aleixandre en estas tardes largas de verano. Y repasar aquellas cartas dirigidas a mi padre. Madrid, 14 de marzo de 1956. "Mi querido García-Gómez: Aquí le mando un poema para el número de poesía amorosa de Caleta. Me alegra que haya sido posible estar entre ustedes y por primera vez en la revista que con tanto amor hacen. Es mi costumbre, y suelen ser muy amables, corregir yo mismo las pruebas de mis poemas. Mucho le agradeceré me mande las de este original mío en la seguridad de que en 24 horas (también según mi costumbre) estarán de regreso (...)"

La carta prosigue. El poeta se lamenta de no haber podido escuchar una conferencia de mi padre sobre su poesía. Las cartas nos dejan el latido de la escritura, de aquello que fue vida y temblor, promesa y canción de un tiempo que ya no existe.  

Con membrete de la Real Academia Española releo otra carta fechada el 5 de julio de 1957. Aleixandre le dice a José Manuel García Gómez que ha dejado la poesía y que ahora sólo hace trabajos en prosa. Por ese motivo no habrá un poema suyo en el número especial que Caleta prepara sobre poesía andaluza. Y desde Miraflores de la Sierra llegan otra cartas del poeta, todas henchidas de cordialidad, de cercanía, de buenos deseos. 

Joaquín Marco apuntaba en 1969 en la revista Destino a la significación popular de la poesía de Aleixandre: "Gran poeta, no descendió al halago fácil. Su poesía de gran riqueza intelectual guarda el misterio de la creación diaria". Pero no esperen este año  grandes homenajes al poeta. Aleixandre vivió su particular exilio interior pero su enorme poesía no fue nunca complaciente. De Espadas como labios a Historia del corazón la poesía de Aleixandre olía a eternidad pero faltan voceros mediáticos que lo entronicen, de esos que manejan premios y antologías críticas. Recuerden el poema "Se querían" que es uno de los más populares de su obra. Hoy nadie lo recitaría de memoria. "Se querían de noche, cuando los perros hondos/ laten bajo la tierra y los valles se estiran...". 

Triste país que no celebra a Vicente Aleixandre, que no le sitúa en el lugar que le corresponde. Hoy encuentro al poeta, al Premio Nobel, tuteando a mi padre en cartas empapadas de claridad, cartas que viajaban desde el paisaje de Miraflores de la Sierra al mar de Cádiz, al buzón de la calle Cervantes desde donde se armaba aquella entrañable revista llamada Caleta.


jueves, 12 de junio de 2014

PRESENTANDO A RAQUEL LANSEROS



Al presentar esta tarde de junio a Raquel Lanseros no sólo estoy presentando a una poeta que admiro profundamente sino que se me agrupan numerosas sensaciones de este camino que en cierta manera hemos cruzado juntos, en la distancia pero casi tocándonos el uno al otro con la certeza de que compartíamos una forma de mirar el mundo, de contenerlo en la pupila abierta y cierta del verso que habitamos y extendemos. Todavía me acuerdo del primer deslumbramiento que me llegara con aquel Diario de un destello, anunciador y portador de un mundo lírico cargado de belleza e intensidad. Teníamos ya entonces amigos comunes como Antonio Marín Albalate o Tito Muñoz. De ese modo fuimos creciendo y encontrándonos sucesivamente allí donde la vida y el poema nos convocaba. Recuerdo lo hermoso que fue poder presentarla cuando le dieron aquí en Cádiz el premio Unicaja de poesía por aquel hermosísimo Los ojos de la niebla que multiplicaba los logros de sus anteriores tentativas líricas. En Los ojos de la niebla la poeta fijaba en la piel de los días una anhelante canción melancólica de poemas que unos a otros iban abrazándose hasta contener el prodigio de la verdadera poesía, aleccionadora, vital, humana como aquella que fulgía en los labios de Beatriz Orieta, maestra nacional. 

Aquella velada inolvidable, con el mar de Cádiz arropándonos, no detendría el curso de nuestra amistad a lo largo. En Barcelona volvimos a encontrarnos en la presentación del libro que dediqué a aquel quijote belga llamado Jacques Brel. Allí quedó una foto que de tiempo en tiempo me gusta contemplar, una foto en la que compartimos música de revelado con Joan Manuel Serrat, Tito Muñoz, Joan Isaac, mi editor Javier de Castro y un periodista histórico llamado Joan Armengol. Esa suma de encuentros prosiguió en Madrid donde Raquel presentó mi diccionario dedicado a Serrat y a Sabina fortaleciendo nuestra complicidad que tuvo en Cádiz otro punto de encuentro en un recital que dimos con Charo Troncoso en El Pay Pay. A ello sumar el generoso prólogo que me regaló para Al cerrar los ojos, mi segundo libro de poemas.

Toda esta suma de momentos compartidos viene a cuento porque es memoria vivida y sentida, la misma que arde en el poema, ese poema que tiembla cuando le damos cuerda, cuando lo fijamos al tiempo y a las tardes de lluvia otoñal, de música que acude a nuestro encuentro para convidarnos a ser latido y presencia, caricia y temblor. Uno se asoma al balcón abierto de Las pequeñas espinas son pequeñas y siente que vuelve aquella pregunta retórica que Antonio Machado le hizo a la propia poesía: “¿Eres la sed o el agua en mi camino? Dime; virgen esquiva y compañera”. 

La sed y el agua, la fuente trémula, el río soñado, la mar sonora, todo una misma cosa, una misma voz y un mismo eco que trasciende y nos trasciende. Lo dijo Lorca y Raquel lo sabe: “La grandeza de una poesía no depende de la magnitud del tema ni de sus proporciones ni sentimientos. Para Góngora una manzana podía ser tan intensa como el mar y una abeja tan sorprendente como un bosque. La cuestión estriba en situarse frente a la naturaleza con ojos penetrantes y admirar la idéntica belleza que tienen por igual todas las formas”. Esa es la mirada penetrante que Raquel Lanseros sitúa sobre todas las cosas y ese es el secreto del gran poema, de la gran poesía. Y en estas páginas la poeta nos muestra el repertorio de su madurez, le canta a la utopía, al paso del tiempo que araña los espejos, a la mujer que fue niña, a la que ahora canta firme y serena y también a esa otra mujer que vestirá de vejez sus ojos y sus labios cantores.

Como pasaba en Croniria o en Los ojos de la niebla todo en Las pequeñas espinas son pequeñas es emoción que desborda al lector, que le hace reconciliarse con la poesía que no desdeña la lírica tradicional, el ejemplo y lección del verso que pudiera cantarse. El título mismo del poemario me hizo pensar de inmediato en estos versos del Cancionero de Palacio:
Dentro del vergel
Moriré.
Dentro del rosal
Matar me han.
Yo me iba, mi madre,
Las rosas coger,
Hallará la muerte
Dentro del vergel.
Yo me iba mi madre
Las rosas cortar,
Hallará la muerte
Dentro del rosal.
Dentro del vergel
Moriré,
Dentro del rosal
Matar me han.
Breve rosa de pequeñas espinas, metáfora misma de la vida que huye como el viento. “Guardad en mi costado las palabras. Las que usé para amar, las que aprendí a lo largo del camino, las primeras que oí de labios de mi madre”. Canta Raquel su particular cançó de bressol y cantamos con ella. Por la mañana rocío, al mediodía calor, por la tarde los mosquitos no quiero ser labrador. La poeta se pregunta si sed o si agua pero el poeta sabemos que es ambas cosas y este libro es agua y es sed y es Raquel Lanseros derramándose en cada verso, mirándose en la luz de las ciudades habitadas, a ritmo de tango en “La eternidad se llama Buenos Aires” o yendo amorosa hacia la luz, hacia la eternidad misma del instante fugitivo sabedora que uno se marcha sin nada, ligero de equipaje como los hijos de la mar. “No me sirven las cosas/ todas me son ajenas/ Sé que voy a marcharme sin bolsillos”.  O acaso en el bolsillo haya de quemar la luz de un último verso, himno de claridad insurgente que llene de estrellas el cielo que nos envuelve.

“En la tarde, la niebla tiene forma de adiós”.  Sigue cantando Raquel como en otro tiempo las mujeres cantaban coplas mientras hacían las camas y a copla sabe esta otra estrofa: “En medio del andén, detenida en el tiempo, una mujer aprende que marcharse es una nueva forma de seguir estando siempre en el mismo lugar”. La rosa y la espina, el cónclave de mariposas, la mosca indolente sobre el muslo al sol que zumba machadiana por la corriente del verso infinito. El amor que pesa, el amor que duele, el amor que llega, toda la canción que cabe en el verso y toda la infancia que es patria perdida que nos llega en el poema “Villancico remoto” que recobra el musgo navideño a la manera de aquel otro poema memorable de Juan Luis Panero “Dicen que el musgo duele –sigue cantando Raquel- y acaso sea cierto pero en la infancia el frío todavía no existe”.

Y en este ahora, lejanos los sones de la infancia y expuestos a la intemperie, el poema es una forma de resistencia lírica y ética, de conocimiento, de esperanza, la mejor que quienes estamos aquí tenemos para afrontar la incierta amenaza que posee el futuro. Uno podría seguir dejando pistas y huellas en el camino sobre este maravilloso libro. Pero quien ejerce de presentador no debe excederse en su cometido. El presentador plúmbeo debiera ser una raza a extinguir. Sólo quiero insistir en la felicidad que tengo cada vez que me reencuentro con Raquel Lanseros, cada vez que la poesía nos convoca a la mesa como en esta tarde de junio.


lunes, 12 de mayo de 2014

EL MUNDO DE MARÍA VICTORIA ATENCIA

Repaso viejas cartas del poeta Rafael León enviadas a mi padre en los años cincuenta. La revista Caleta estrechaba lazos con miembros activos de la revista Caracola o lo que es lo mismo la poesía gaditana estrechaba lazos con la poesía malagueña. En esas cartas aparece como presencia constante María Victoria Atencia como novia de Rafael León y como poeta que sentaba las bases de lo que iba a ser una obra de perenne fulgor con una forma de posar la mirada ciertamente admirable. En una de esas cartas le escribe: 
Mi querido García Gómez: a través de José Luis Tejada, nuestro amigo común, te envío dos breves colaboraciones para tu revista. Hace tiempo que le había preguntado en qué sitios gustaba él de publicar, y a propósito de Caleta me dijo que si alguna vez quería algo de ti que él se ofrecería de mediador con todo el interés del afecto que a los dos nos tenía.   
Escribo poco y dedico más tiempo a la labor tipográfica. Por eso, hasta aquí, he ido dando casi sólo en Caracola mis cosas. Pero dentro de unos días meto en prensas mi segundo libro: un cuaderno muy sencillo pero -espero- bien cuidado y elegante. Ya te lo enviaré. Por eso quería airear algunos de sus poemas, antes de unirlos en su serie. A Tejada envío, para que te remita, uno de ellos, bien breve. Y un soneto de mi novia -María Victoria Atencia- que es corrección y versión definitiva de otro que, ya hace mucho, dio también en esta revista. Por lo que tiene ya de definitivo, nos interesa darle mayor divulgación, que la de dejarlo dormir en su carpeta. Alfonso Canales me dice que no he debido acudir a Tejada, que tú directamente habrías atendido cualquier petición nuestra...

La carta prosigue y es sólo una muestra de esos lazos poéticos que existían desde muy pronto entre Rafael León, María Victoría Atencia y mi padre. En los años cincuenta del pasado siglo José Manuel García Gómez ejercía de persona de referencia en la poesía gaditana, al que muchos acudían para divulgar sus poemas a través del altavoz que suponían las entusiastas mareas de Caleta. 

Este año es el año de María Victoria Atencia, año en el que el Centro Andaluz de las Letras la reconoce como autora del año y en el que recibe el Premio Reina Sofia de Poesía Iberoamericana. Todo ello hace que su poesía pase ahora al primer plano a la búsqueda de curiosos lectores que quieran mirarse en su delicada obra, una obra empapada de nostalgia y sabia en su modo de pintar las pequeñas cosas, los pequeños hallazgos cotidianos. 

Buscar la presencia de María Victoria en las cartas de Rafael León dedicadas a mi padre me reconforta. Uno se sienta y se pone las alas de otro tiempo y escucha el eco lírico de otro tiempo, el oleaje epistolar de aquellos poetas que amanecían con un verso prendido del labio, un verso que oponer a aquel duro trasiego de la posguerra.

Leo El mundo de M.V, poemario que resume toda la sugerente cotidianidad del verso de la poetisa malagueña que pregonó la Semana Santa malagueña a mediados de los años ochenta. Este hecho ya la convertiría en sospechosa de beatería para algunos periodistas como Luis Miguel Fuentes que en las páginas de El Mundo suelen arrojar una imagen de la Semana Santa apegada al franquismo, como cosa hortera y anacrónica, herencia del nacional-catolicismo. Curiosamente voces como las de María Victoria Atencia vienen a demostrar todo lo contrario y sitúan a la Semana Santa como sinónimo de deslumbramiento, de poema que se abre como flor primaveral sobre la tarde azarosa y doliente. Formas de posar la mirada, de atender a los matices y a todo el caudal de sensaciones que pudiera contener un paso de palio que viene barrocamente a nuestro encuentro. 

La edición de aquel pregón de M.V contaba con palabras preliminares de Manuel Alcántara: "Ya de niña tenía un deje de azucena que piensa. Era ya celeste y esbelta y María Victoria, camino de la Asunción o del Monte, perseguida por sus trenzas y por las miradas de aquellos adolescentes que fuimos, que acaso seguimos siendo, porque todavía adolecemos y porque todavía seguimos mirando...". 

Deje de azucena que piensa y poetisa de "blusa y pantalón vaquero" que en 1978 deja escrito: "En dañados espejos un azogue de muerte/ revoca el esplendor morado de los lirios...". Poesía que permanece, que crece al compás del día y sus destellos, poesía que ama la vida y llora la muerte: "En el recinto sepia de tu fotografía/ cuarenta años más tarde, una tarde entre amigos/ han venido a dolerme tu muerte y tu belleza...". 

lunes, 27 de enero de 2014

JOSÉ EMILIO PACHECO

Descubrí la poesía de José Emilio Pacheco en una recopilación editada por el Fondo de Cultura Económica en el año 2000. Con el título de Tarde o temprano se agrupaba su tentativa de poeta infinito, desde el latido inaugural de Los elementos de la noche hasta la última entrega titulada Siglo pasado. Después me asomé a los poemas que conformaban Como la lluvia con la que proseguía un viaje lírico que jamás desdeñó la ética del poema que se alimenta de viejas causas perdidas.

Al acallarse su voz algunos habrá que le citarán sin haberlo leído, sin tener ni siquiera un ejemplar de su obra entre sus libros. En la poesía abunda también la impostura de los poetas que no leen o cortan y pegan poemas que moran en Internet para compartirlos en Facebook, como si esto los convirtiera en lectores de poesía. Para estos y para muchos otros que serán mayoría la voz y el ejemplo de José Emilio Pacheco será tan invisible como la voz de otros muchos poetas, necesarios, intensos pero que ejercen su oficio al margen de las modas y de las masas e incluso de las inmensas minorías que en el caso de la poesía no son nada inmensas. 

Entre mis poetas de referencia hay siempre un sitio para José Emilio Pacheco, iluminándome, agrandándose en cada lectura, con la certeza de que hay poetas indispensables que trazan un camino e imprimen una huella en forma de verso abierto a la vida y al conocimiento. Al enterarme de su muerte me acordé de su poema "Los demasiados libros" que siempre me gusta citar porque el miedo expuesto por José Emilio Pacheco en este poema es mi mismo miedo, el miedo de todo lector y de todo hombre que sabe que las horas están contadas:

A cambio de la horas que no regresan
se acumulan los libros,
cajas de sueños, esperanzas, cóleras
que (es muy probable)
no leeremos nunca.

Por todas partes libros en desorden,
objetos de ansiedad, mudo reproche
de no haberlos abierto. 

Miedo a morirse
sin hojearlos siquiera.

Con qué cinismo,
con cuánta desvergüenza o qué locura,
después de todo esto nos ponemos 
a escribir otro libro. 

domingo, 29 de diciembre de 2013

EL MILAGRO DE LA POESÍA


Es el milagro de la poesía que sigue reclamando amantes, lectores entusiastas, paseantes de su misterio. Quien no la probó no puede saberlo, no puede ni imaginarlo. Estoy leyendo el poema "La eternidad se llama Buenos Aires" de Raquel Lanseros que forma parte de su última entrega poética titulada Las pequeñas espinas son pequeñas. Al leerlo todo es concentración y emoción porque el poema me lleva donde quiere con el fulgor musical de sus endecasílabos. Lo recito despacio, casi musitándolo, y estoy volando con la imaginación del verso hacia un barrio porteño donde una pareja que siento muy próxima está bailando ahora mismo un tango con la alegría prendiendo fuego en cada movimiento. Ellos son Alberto y Cristina (Al y Cris Tango) y algún día bailarán con Raquel aquel poema de Los ojos de la niebla titulado "La mina más linda". Y cuando la poeta o poetisa diga aquello de "En su cuerpo de tinta anidaban las notas/ de tu bandoneón..." Cristina y Alberto responderán a la par con un escorzo sutil que por momentos parecerá esculpirse en mármol de Carrara. 

Y ese es el milagro de la buena poesía y del arte que nos hace mejores y llena de magnética luz el sendero más intrincado, como sucede también con las buenas canciones. Como poeta siento muchas veces más míos los versos de otros que los propios. Me pasa con Raquel Lanseros desde que leí su primer libro, antes incluso de conocerla, de compartir instantes memorables, recitales y presentaciones en Barcelona, Madrid o Cádiz. Cada nuevo encuentro con su poesía supone sumergirme en las aguas profundas de la más pura emoción con la lección machadiana bien aprendida, que brota de la claridad del verso pensativo, emotivo, que puede hasta tocarse y cuya respiración escuchamos como si manara de una fuente amorosa en una plaza callada sobre la luz crepuscular de la tarde. Esa misma tarde gozosa o melancólica que engendra caminantes y sueños, misterios y quimeras y también poetas como Raquel y bailarines como Alberto y Cristina a los que uno imagina danzando ahora mismo en un barrio porteño, entre los silencios llenos de vida y amor de ese poema titulado "La eternidad se llama Buenos Aires". Poesía y tango citándose, entrelazándose, fundiéndose. 

martes, 10 de diciembre de 2013

VIDA Y LEYENDA DEL POETA ELÉCTRICO

Vida y leyenda del poeta eléctrico que asomado al Guadalquivir contempla su finitud mientras da forma a un poema infinito, un poema que alumbra el desasosiego, que cree en la esperanza de un mundo distinto. Leo y releo los poemas que conforman Vida y leyenda del jinete eléctrico de Joaquín Pérez Azaústre y celebro al poeta que ya me deslumbró con Las ollerías pero que aquí llega aún más lejos en su forma de alzar el canto con el vértigo de quien sabe que sólo gana el poeta que arriesga. 

Subrayo alejandrinos que parten el coxis del poema, que quieren ser surfistas en la tarde latina, mientras fragoroso discurre el lenguaje como el río al que se asoma el poeta eléctrico que ama la canción. Por eso hay poemas largos, sinuosos en su intrincado camino de esperanza, poemas en los que llueve a cántaros recuperando el aguacero lirico que Pablo Guerrero voceara en plena desintegración del régimen franquista. También se acuerda el poeta  del caballo cuatralbo de Alberti, de aquellos versos que galopaban para enterrar tantísimo oprobio franquista y cuya épica resistente hizo suya Paco Ibáñez con su guitarra cargada de poemas. 

Oler la canción, habitarla, como oler el poema y hacerlo nuestro o mirar a través de los ojos de Robert Redford, jinete presuroso invocando a Faye Dunaway o compartiendo una tarde luminosa con Paul Newman. No hay puntos seguidos para acotar el tiempo porque el verso se desborda pleno de imaginación y es palabra que tiende trampas a los embaucadores y derrama su estruendo sobre la realidad ruinosa. He aquí el poeta social de voz poderosa, raíz y criatura que inquiere a quien pensó que la hacienda era suya y suyo el jornal y el regadío de la gente doliente, de la gente de a pie.

El poeta eléctrico cual reinventado Dylan en el Carnegie Hall, el poeta asomado al Guadalquivir, que no nació un cinco de diciembre en Nueva York pero buscó la huella del actor carismático que fue Jeremiah Johnson y más tarde Brubaker y un poco antes periodista desenmascarando a Nixon al lado de Dustin Hoffman: (charles robert redford jr nació en el mismo instante en que mataron/ al arcángel total con su gracia desnuda...),  

La poesía será de todos cuando la vida digna sea la frente de todos. Canta el poeta su verdad y se pierde por una callejuela de Córdoba  por la que transitaron los poetas de Cántico y mientras pasea piensa en el actor de la Paramount que de pronto sintió la necesidad de dirigir cine y terminó filmando Gente corriente, tiempo antes de que el poeta eléctrico tuviera conciencia del verso que habría de derramarse sobre la noche profunda, como cera que arde, como luna que fulge, como viento que ruge y que al apaciguarse nos regala un misterio en forma de poema. 


domingo, 29 de septiembre de 2013

SILVIA COMES CANTA A GLORIA FUERTES

Nos citamos en la cafetería Zurich en el corazón de Barcelona, en ese cruce de gentes diversas que vienen y van que es la Plaza de Catalunya. Un día antes Silvia Comes había participado en la presentación de "Joan Isaac, bandera negra al cor". Nos unen muchas cosas y sobre todo nos une el amor por la palabra cantada, por la poesía que ha de difundirse como corriente de alegría. En la mesa del encuentro nos acompañaron Carlos Gracia y Juan Miguel Morales que son parte de mi memoria barcelonesa, de esa suma de encuentros y complicidades que me hacen regresar una y otra vez a una ciudad que siento cada vez más mía. 

Silvia Comes venía a hablarnos de Gloria Fuertes, de ese recital que ha tejido a partir de sus poemas y que ha encontrado la respuesta merecida en la pasada edición de Barnasants. El verso de Gloria Fuertes parecía estar esperándole desde hace tiempo estableciéndose esa misma sinergía que ha posibilitado milagros de la poesía cantada como Serrat cantándole a Antonio Machado, Raimon a Espriu o Paco Ibáñez a Góngora. 

Uno toma de su biblioteca "Ni tiro ni veneno ni navaja" o el estupendo "Poeta de guardia" y no comprende el desprecio que algunos poetas o estudiosos le han dispensado a Gloria Fuertes, desvirtuando su imagen hasta la caricatura. Por eso es más necesaria la labor de recuperación que Silvia Comes ha emprendido con la poesía de Gloria Fuertes que ya tuvo una particular e intensa relación con Mari Trini, otra cantautora admirable. 

Los ojos de Silvia han encontrado en la poesía de Gloria un lugar en donde asir la mirada, en donde dejar el corazón y la guitarra. La poeta que veía la vida como un río frío, seco y triste también dejó destellos de vida y de luz en forma de poemas. Esto Silvia Comes lo ha comprendido perfectamente. Por eso al hablar de Gloria hablaba de algo muy íntimo, algo que incluso pertenecía a su propio ámbito familiar, a la propia figura paterna que citaba a la poeta sin imaginar que su hija cantándola le rendiría justo homenaje. 

domingo, 27 de enero de 2013

LAS IDENTIDADES

La luna dibujada en "Son de insomnio" o la playa de Rota que ha devuelto el cadáver de treinta y siete fugitivos de origen marroquí. El poeta que se rebela, que acaricia también la revelación del poema que vibra cual acorde en la piel de las cosas. Lisboa y los heterónimos de Pessoa o el verano que vuelve y al que el poeta interroga: "Verano que ahora vuelves/ acuérdate por hoy/ de quienes fuimos...". 

He aquí el pasado que se habita, el dedo infantil recorriendo un mapa escolar, el ser y la nada, la identidad, el peso de las sombras. He aquí los restos de tabaco, la enfermedad, la arcadia de un paisaje en el que un niño descubre un reptil muerto. He aquí el verso de Jules Laforgue o el vaho de los cristales donde las musas vienen a mirarse. 

El poeta que fluye como río de eternidades, que derrama el canto, el espejismo, la teoría del caos, la propia vida temblando en la entonación, en el latido de las sílabas. Aquí estoy leyendo Las identidades de Felipe Benítez Reyes, sintiéndome parte del relato emotivo, intenso,  que traza el poeta roteño. Me fascina el poema que dedica a los mirlos porque ahí radica la esencia del poeta, en sublimar lo cotidiano atendiendo a los sonidos del mundo, al misterio pero también a la evidencia que pudiera pasar inadvertida. 

Con el tiempo ciertos poetas acrecientan su escepticismo. Las identidades es el libro de un escéptico y es también una rosa crepuscular tatuada en el pecho del mundo, una rosa que sangra pero que también contiene ese resto de humor que salva del abismo. En 1927 Judith Erebe escribía un texto muy significativo sobre Buster Keaton en el que empezaba afirmando que el humor era una forma artística absolutamente superior. José Manuel Benítez Ariza ha observado en su blog el humor que atraviesa las páginas de Las identidades. Esos destellos de humor no son nuevos en la obra de Felipe Benítez Reyes y fortalecen ese recuento de pérdidas que todo poema es o puede llegar a ser. 

Quien navega comprende la razón de la trama -dice el poeta-. En la Plaza Garibaldi de Nápoles la multitud huye y las maletas terminan arrojando luz sobre cada identidad dormida o despierta que busca un destino. Felipe Benítez Reyes muestra su condición viajera, la huella de su escritura melancólica que es capaz de atender en uno de los poemas a la composición hierática que forman el rey y la reina en los fríos salones de su palacio. 

La noche termina cayendo sobre el cuerpo del poema: "Hay eternidades que parecen/ apenas una noche...". El miedo termina apoderándose del hombre que se mira en el espejo, que es suma de conjetura y duda. Al cerrar las páginas del libro permanece la plenitud expresiva del poeta, todo ese mundo de sensaciones que se han apoderado de la hoja en blanco y certifican el lugar privilegiado que ocupa en la poesía española de nuestros días. 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

VERSOS DE NOVIEMBRE

Por recitales como el compartido la otra noche en el Pay Pay de Cádiz con Raquel Lanseros y Rosario Troncoso merece la pena el muchas veces ingrato oficio de poeta. El audio que sigue es reflejo de una noche memorable de versos cruzados. Raquel Lanseros está entre nosotros y ya eso es motivo de celebración lírica. Sus recitales se prolongarán en el Colegio Argantonio de Cádiz y en La guarida del ángel de Jerez en un recital coordinado por la también poeta Raquel Zarazaga.
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lunes, 30 de julio de 2012

ADIÓS A MARUJA ROMERO

Me entero del fallecimiento de Maruja Romero, viuda de José Luis Tejada. Al irse la eterna compañera de Tejada es como si el poeta portuense muriera dos veces y volviera a nosotros el eco inmarchitable de sus versos. No comprendo el olvido que pesa sobre determinados poetas a los que casi nadie lee ni rinde homenajes públicos. Al pensar en Tejada, en el poeta amoroso, pienso en mi padre que hoy lamentaría la muerte de Maruja. Y pienso en los que hacen y deshacen la historia de la poesía española contemporánea del modo que mejor les place. Cuando se habla de la generación del medio siglo Tejada no suele ser citado y se le ignora como se ignoran a otros poetas andaluces del 50 salvo José Manuel Caballero Bonald quien parece eclipsar -y no por razones puramente literarias- al resto. Algo de eso apuntaba Jaime Siles en la introducción a la antología que la Fundación José Manuel Lara editó del poeta portuense y que se tituló Desde el fracaso escribo, titulo elocuente de la angustia hecha verso de Tejada.

Al morir Maruja regresa Tejada de algún modo a las conversaciones y también regresa el yo trágico, amoroso y existencialista de Razón de ser, el gran libro del poeta. Recuérdense, por ejemplo, estos versos estremecedores:

Será mejor estarse quedo en casa,
cerrar labios y ojos, puertas, manos
y sólo abrir el chorro
salobre y esporádico del llanto.
No quejarse siquiera a media voz (...)

¿Quién no está solo...? " se pregunta el poeta en Razón de ser, sinfonía del llanto en las palabras mecidas por el viento. Resulta apasionante el despliegue verbal de Tejada, su forma de abordar la pasión amorosa, de mirarse barrócamente por dentro, a la manera del clásico Lope. El poeta arriesga y gana, construye versos memorables y no abandona jamás su sentido de la religiosidad pero sin que ésta le limite su libertad expresiva, su forma de cantar y decantarse y de tocar incluso la sexualidad.

Abro Razón de ser y hallo la dedicatoria sin fecha para mi padre: A José Manuel García Gómez, poeta de Cádiz, con mi amistad y pendiente de su palabra crítica. Imagino a mi padre leyendo el poema "Consolación por la carne", síntesis del mundo de Tejada. En la estrofa final los amantes - Maruja y José Luis-  huyen del roce de la muerte. Ahora la parca los ha convocado para un abrazo definitivo en ese más allá en el que Tejada creía firmemente. Quizá como poeta de sentir religioso algunos que todo lo prejuzgan le pongan una etiqueta desde el parnaso de su descreimiento.

Descanse en paz Maruja Romero. Y sepan los portuenses más jóvenes que aparte de Rafael Alberti -mil y una veces homenajeado- existió un poeta humano y profundo llamado José Luis Tejada. Volverlo a leer sería el mejor homenaje que podríamos hacerle a quien fue su eterna compañera.