viernes 30 de octubre de 2009

HABLANDO DE TRUFFAUT EN DÍAS DE CINE



Os dejo con el reportaje que Días de Cine (TVE) dedicó a Truffaut y en el que tuve la fortuna de participar. Agradezco a Raúl Alda todas las atenciones que me dispensó durante la grabación realizada en la Cuesta Moyano de Madrid el pasado martes 27 de octubre.

martes 27 de octubre de 2009

LA FANETTE (1963)



Si me pidieran que escogiera una sola canción de Jacques Brel probablemente escogería "La Fanette", entre un repertorio sobrado de canciones inmarchitables. "Éramos dos amigos y La Fanette me amaba" ("Nous étions deux amis et Fanette m' aimait"). ¿Habrá un mejor modo de introducir una canción, una historia, un poema? En ese primer verso dictado por las esquivas musas está resumido todo el torrencial poético de esta canción grabada en 1963 cuando Brel ya conocía el éxito. Cuatro años habían pasado desde la conmoción de "Ne me quitte pas". "Sublime canción de amor ciego" la llama Alain Wodrascka en su libro Jacques Brel: Voyage au bout du rêve, editado en 2008, para a continuación relacionarla con "J' ai perdu tout ce que j' aimais" de Alain Souchon.
Brel y los amores trágicos y traicionados y la playa de Ostende y la mujer inalcanzable que era hermosa como una perla de agua. "La Fanette" muestra al gran intérprete que era Brel, surcando cada verso con enorme intensidad asumiendo sus pérdidas una por una. El arreglo de Rauber es impecable y presta a la odisea breliana su peculiar atmósfera, onda Martenot incluida.
Canta Brel aquello de "hay que decir que ella era hermosa y yo no soy hermoso" y cita al principio al sol de julio que miente. Detrás de su luz late la amargura de quien sufrirá por amor. Es curioso comprobar cómo Jacques Brel y Serge Gainsbourg (aconsejo de paso la biografía de Sylvie Simmons sobre Gainsbourg) se sentían acomplejados cuando se enfrentaban ante el dictamen del espejo. La belleza parecía una estrella inaccesible sin la que no podían acceder a las mujeres soñadas.
"La Fanette" pinta esa frustracción porque la mujer soñada escapa con el amigo íntimo y el protagonista de la canción queda desamparado soportando la risa de los amantes. En la última estrofa aún recuerda el protagonista la voz de la Fanette que llega para abatir el espacio junto al rumor del mar. "Éramos dos amigos y la Fanette me amaba..." pero en la vida cambia la suerte y cuando menos se espera se derrumba el mundo. Brel busca a la Fanette, la reclama, la eterniza, la trae a su presente, la poetiza y la esculpe como si fuera Rodin en sus estrofas mientras arde julio en las palabras.
Todo es poesía, enorme poesía de quien no se consideraba poeta, poesía latiendo en esta canción de desamor profundo que no pisa los terrenos de la misoginia como sucede con otros retratos femeninos de Brel como el de "Les biches". La Fanette es un ideal de mujer, un blanco anhelo, un sueño desdibujado sobre las olas de un verano. La soledad de Brel es incomparable como la belleza de su canción.

lunes 26 de octubre de 2009

CUMPLEAÑOS

En mi 35 cumpleaños

Cumplir años como cumplir batallas
contra la faz del tiempo irreversible,
años en la desvivida mirada
del corazón, del mar y de la vida,
años acariciando el fiero espejo
en el que nunca seremos los mismos.

Cumplir años con la voz arrugada
del poema que se nos fue de las manos,
ganando la vida y perdiéndola,
muriendo en los segundos cotidianos,
años pensativos o tristes o sombra
de una sombra o luz invulnerable.

Yo cargo mi epitafio, mi día último,
consumo mi fuego y mi alegría,
me busco en la memoria de las cosas,
me derramo en el sueño, me incorporo,
soplo las velas y huyo al instante….

Cumplo años y rondo a los pájaros
que me rondarán cuando ya no esté,
y canto al amor que guardan mis labios,
a la impaciente novia del invierno,
mientras pasa el tiempo y cumplo años…

jueves 22 de octubre de 2009

PREMIOS

A los premios no hay que darles la excesiva importancia que algunos les otorgan pero aún así generan controversia e impotencia cuando la desfachatez de los responsables de los mismos es tan visible. A veces los premios aciertan y otras muchas los que premian se dejan llevar por la coyuntura (caso Obama) o directamente por la estulticia y esto ocurre con el Premio Nóbel, con el Príncipe de Asturias o con los Oscar de Hollywood cuya lista de agraviados es extensísima.

Lo del Premio Planeta ya sabemos cómo funciona y hay muchos escritores que gustan de este circo de influencias en el que la calidad literaria queda reducida a la mínima expresión. Este año la ganadora de esta farsa ha sido la otrora televisiva Ángeles Caso con una novela de previsible intríngulis que ocupará las improvisadas estanterías de los que suelen buscar literatura en los supermercados junto a la sección de embutidos. Para algunos resulta imposible huir de esta efímera cita anual que confunde fama con escritura verdadera y consciente. ¿Cómo es posible que aún haya escritores que se presenten al Premio Planeta creyendo en la transparencia de los organizadores? Todavía se creerán que un jurado ecuánime juzgará cual es la mejor obra de las presentadas sin que importen los nombres que vestirán la obra con lo mediático de su entonación.

Lo del Premio Ondas roza también el patetismo. Por un lado premian a Jorge Javier Vázquez, insufrible presentador de esa cochambre televisiva llamada Sálvame (Tele 5) en una legitimación indecente de la telebasura. De otro lado le dan un Ondas a Física o Química (Antena 3 TV), una serie mal interpretada que pretende ser un retrato fidedigno de los adolescentes de ahora mismo, colegas del porrito, del buen rollo y de los sms. Cine verité de andar por casa con guiones enrevesados y con un diseño de personajes ciertamente penoso. Pero ahí están los Ondas con todo su prestigio a cuestas certificando la calidad de estos subproductos televisivos que eso sí congregan a una audiencia nada exigente que se traga cualquier cosa.

En todos estos casos (y en muchos más) los premios son como algunas listas de éxitos, un mundo al revés que nada tiene que ver con la calidad y con la honestidad creativa. Ahí está David Bisbal cuyo último disco (¿cómo se llamaba?) ganará todos los premios inimaginables otorgados por la artera y hortera industria musical, tan gustosa de premiar la comercialidad más insultante, la nadería, el boom latino o como quiera llamarse. Bisbal se multiplica en estos días en todas las televisiones y compite consigo mismo apareciendo a la misma hora en varios programas (sólo le falta presentar el Telediario). Ver una entrevista con Bisbal, sea de Juan Ramón Lucas, afecto a la causa del triunfito, o de Andreu Buenafuente o su sobrino sustituto, es verlas todas y de lo que menos se habla en esas entrevistas es del flamante disco o de las canciones que lo integran, porque mejor no detenerse en el prefabricado producto que este señor de rizos vende.

Menos mal que nos queda el consuelo inminente del nuevo disco de Quique González que nos desintoxicará a finales de este mes de tanta cotidiana insulsez. Afortunadamente, más allá de los premios y de la industria musical, siempre habrá un refugio llamado Jacques Brel y habrá sitio para la posteridad para tantos otros creadores y artistas que han buscado y buscan en la canción una forma de arte y de pura conmoción. Eso sí Bisbal seguirá haciéndose de oro con su adolescente modo de entender el oficio de cantar. Y nosotros seguiremos viéndolo con su simpatía y su energía que imaginamos impostada mientras abogamos por otros mundos posibles predicando en el desierto de este país nuestro de cada día.

domingo 18 de octubre de 2009

BUTRAGUEÑO

Recuerdo muy bien cómo dormía el balón y detenía los segundos. Era ese instante supremo en el que cerca del área rival Butragueño se paraba frente al defensa de turno, poco antes de ensayar un quiebro a lo Johan Cruyff, cambiar de velocidad y buscar la apoteosis del gol. Fue un futbolista desequilibrante y diferente del que podía y debía esperarse una genialidad en cualquier momento de un partido. Fue uno de los protagonistas de la liga española en los años ochenta en los que debutó con la camiseta del Real Madrid en el Estadio Ramón de Carranza de Cádiz. Aquella tarde Butragueño deslumbró a propios y extraños anotando tres goles. De ahí al estrellato, a partidos tan memorables como el jugado contra el Anderlecht de Enzo Scifo en la UEFA o al sueño de Querétaro en el mundial mexicano del 86 que ganó la Argentina de Maradona. Recuerdo como si fuera ayer la portada de Don Balón con la imagen de un Butragueño triunfador rodeado de periodistas después de aquel partido contra Dinamarca.

Butragueño fue en aquellos años ya perdidos mi ídolo futbolístico al que solía imitar en mi propia manera de jugar y entender el fútbol en el patio de mi colegio. Sus goles y sus asistencias forman parte de mi adolescencia frente al televisor donde se alternaban las alegrías con las frustraciones como la protagonizada por aquella noche negra de Milán en la que el Madrid sucumbió de modo estrepitoso. Quizá por todo ello he recibido con particular emoción la llamada telefónica de Butragueño agradeciéndome que le hiciera llegar un ejemplar de Serrat, canción a canción, porque el Buitre es incondicional de la obra del cantautor catalán y este hecho, junto a su propia manera de ser, ha posibilitado este momento de complicidad.

Lejano en el tiempo quedan los tapones que escenificaban grandes partidos de rivalidad extrema y lejanos quedan los cromos que intercambiaba con los amigos antes de batirme en duelo con ellos defendiendo los colores del Real Madrid mientras arrastraba mis rodillas por el suelo y el sol de agosto entraba por la ventana de mi cuarto. En ese espacio vertiginoso y dubitativo de la adolescencia está Butragueño y su quinta y está su aparición inolvidable en partidos que se complicaban más de la cuenta y necesitaban de su entrada en escena. Al adolescente que aún me habita no se le borrará de la memoria esta breve conversación con Butragueño.
He de dar las gracias a Marina Tocón que hizo posible que el libro llegara por fin a sus manos provocando este instante mágico que me hizo viajar en el tiempo a mi propia adolescencia, a la vieja calle en la que paseaba junto a mi perra Diana y en la que en los ojos no podía dibujarse aún el contorno hiriente de ninguna pérdida ni el vacío del tiempo que va liquidando los espejos en los que nos asomamos.

martes 13 de octubre de 2009

LEYENDO A BORGES

Leyendo a Jorge Luis Borges (Obra poética, Emecé, 1999) con el brazo escayolado y con la noche que avanza como testigo. Los poemas de Borges acompañan mi falta de sueño. Miro el río de Heráclito hecho de tiempo y agua (endecasílabo perfecto) y pienso en la voz del ruiseñor de Teócrito y en los poetas menores que no formaron parte de antología alguna. Descubro que mi ciudad se oye como un verso y desprecio a los que desprecian la poesía, para los que la poesía ni importa ni cuenta y se vanaglorian de despreciarla y de arrinconarla.
Borges me susurra que los astros y los hombres vuelven cíclicamente. Y me habla de sus antepasados y de los objetos que nos sobreviven y del misterio de los sueños. Y caminamos de la mano de Blake y de Góngora por un bosque de aves arrojadas al misterio de la vida y del canto. Y le cantamos a la tierra andaluza, a la mezquita, al arco, al toro ensangrentado, al ruego de una copla mortífera. Todo es Borges esta noche en la que también me persiguen las imágenes de El secreto de sus ojos de Juan José Campanella, cine de emociones que resumen los rostros de Ricardo Darín y de Soledad Villamil para cuyos personajes la vida brinda una hermosa segunda oportunidad.

SCOTT WALKER Y BREL



Scott Walker nació en Hamilton (Ohio) en 1943. Adaptó con gran éxito a Jacques Brel, consecuencia de su atracción por la cultura europea que le marca en su juventud en la que se mezclan los libros de Camus y Sartre con el cine de Bergman, Bresson, Fellini o Godard. Es el manager de los Rolling Stones (Andrew "Loog" Oldham) quien le lleva hasta Brel y a las adaptaciones de sus canciones realizadas por Mort Shuman.
La obra de Brel constituirá para Walker una gran pasión que no dejará de influirle. En su álbum titulado Scott de 1967 se mira en el espejo de los grandes crooners norteamericanos e incluye una versión de "Amsterdam" de Brel. Su álbum Scott 2 de 1968 reincide en Brel. No sólo porque versiona "Ne me quitte pas" ("If you go away), "La chanson de Jackie" ("Jackie") y "Au suivant" ("Next") sino porque en su propio modo de componer se acerca a Brel tal como se observa en "The girls from the streets".
Scott Walker se afianzará como compositor en las siguientes entregas discográficas antes de sumergirse en la década de los años 70 en discos más irregulares. Scott 3 (1969) y Scott 4 (1969) reflejan la evolución de Walker capaz de firmar temas tan excelentes como "The seventh seal" inspirada en El séptimo sello de Bergman.
Escuchando "Au suivant" en la voz de Walker comprendemos cómo puede cantarse y adaptarse a Brel en otra lengua sin desvirtuarlo. El respeto y la admiración del cantautor californiano explican este acercamiento riguroso a la obra de un cantante difícil de adaptar por la fuerza incomparable con la que interpretaba sus propias creaciones.

lunes 12 de octubre de 2009

AU SUIVANT (1964)





Con la publicación de Jacques Brel, una canción desesperada (Editorial Milenio) culmino una primera trilogía sobre la canción que no considero ni mucho menos cerrada. En este nuevo libro expongo otra nueva pasión por escrito sobre un artista sin cuya personalidad lírica e interpretativa no puede explicarse la canción del siglo XX. Muchos caminos desembocan en el creador desesperado y solitario de "Ne me quitte pas" cuya biografía y obra no cesan de generar nuevos estudios y aproximaciones ensayísticas que no pueden dejar de tener presentes los modélicos y exhaustivos libros de Marc Robine (Le roman de Jacques Brel) y Olivier Todd (Jacques Brel, une vie).
Como muestra del genio escénico de Brel traigo como ejemplo su interpretación en directo de "Au suivant", canción grabada en 1964 en las mismas sesiones que "Jef" o "Mathilde". Temáticamente estamos en la órbita antimilitarista de otras canciones de Brel que aquí evoca su experiencia en el servicio militar del que parte su repudio del ejército que humilla a los individuos y les hace morir en nombre de la patria. Todo el sarcasmo y la ironía de Brel están dibujados en esta canción en la que se advierte cierta misoginia de la que el cantante belga será acusado en numerosas ocasiones. Brel utiliza el verso alejandrino cuyo uso resulta curioso en este tipo de canción en la que domina el lenguaje directo y la caricatura.
De esta canción (de poderosa arquitectura musical) se harán numerosas versiones. En lengua inglesa la canción se titulará "Next" y así figura en el espectáculo Jacques Brel is alive and well and living in París. En lengua española la registrará Raphael con el título "Uno más, otro más" en su disco de 1973 Le llaman Jesús que los seguidores del cantante de Linares suelen tener en alta consideración. Tiene su gracia ver a Raphael haciendo suyo el discurso antimilitarista de Brel en un disco en el que también versionaba a Cafrune y en el que parecía atender a un tipo de canción que no era la acostumbrada en su conservador repertorio. En ese mismo álbum Raphael versionaba dos piezas más de Brel: "Quand on n'a que l' amour" (1956) con el título "Si no muere el amor" y "La parlote" (1962) traducida como "La cháchara". Son piezas (sobre todo esta última) que permitían todo tipo de excesos gestuales por parte de Raphael al que algunos con indudable atrevimiento han comparado con las formas de Brel cuya teatralización de los textos poco tiene que ver estéticamente con la efectuada por el popular intérprete de "Digan lo que digan".

sábado 10 de octubre de 2009

HABLANDO DE LIBROS

Es grato encontrar espacios televisivos en la esfera local y provincial donde los libros tengan su sitio de un modo natural y sin imposiciones comerciales como suele pasarle en el ámbito andaluz al (pese a todo) excelente El público lee de Jesús Vigorra en Canal Sur TV. El jueves pasado fui invitado para hablar de François Truffaut al programa Buenos Días de Onda Cádiz que presentan Pepe Contreras y Guillermo Riol. En este programa hay un espacio semanal dedicado a los libros que coordina con acierto Juan Félix Bellido. Coincidí en este rincón dedicado a la letra impresa con el escritor y buen amigo Francisco Javier Castro Miranda que está de actualidad literaria con la intrigante novela El ritual (Proyecto UR-21) que ha editado Absalón. Os dejo con la foto del encuentro. La foto procede del blog del periodista Pepe Contreras.

jueves 8 de octubre de 2009

CÁDIZ DESDE LA TORRE TAVIRA

Llegó el momento de compartir con los visitantes de Los oficios del diletante la joya que Carmen de Jara grabó para el documental En medio de las olas. Un trabajo musical espléndido de Juan José Alba que Carmen de la Jara lleva a la cadencia marinera de su voz. Es hermoso comprobar cómo un poema de mi padre cobra nueva vida gracias a los milagrosos dones de la música. En la voz de Carmen de la Jara y en la de Fernando Lobo (cuya versión subiremos a este rincón en breve) "Cádiz desde la Torre Tavira" brilla con una luz nueva.


DOS PÉRDIDAS

Murieron la cantante argentina Mercedes Sosa y el poeta malagueño José Antonio Muñoz Rojas, dos pérdidas en la travesía fugitiva de este octubre, dos ausencias nada ajenas a mi propio entorno de libros y canciones. La noche crece en este instante y leo en voz baja un poema de ese andaluz de hondas soledades apellidado Muñoz Rojas mientras elijo de fondo musical el disco de Mercedes Sosa cantando a Atahualpa Yupanqui.

En la excelente biografía de Sergio Pujol sobre Yupanqui (En nombre del folclore) el relato arranca en un bar de Buenos Aires en los inicios de la década de los 70. En ese bar se reúnen algunos periodistas, miembros del grupo Quilapayún y Mercedes Sosa. Se habla de política y de canciones y en un momento de la charla alguien le pide a los presentes elegir entre la ya finada Violeta Parra o Atahualpa Yupanqui. Por escaso margen se impone en tan absurda competición Violeta pero aún Mercedes Sosa no ha dicho que esta boca de zamba es mía. Cuando toma la palabra lo hace para defender a Yupanqui diciendo que es un artista único por lo que es inapropiado someterlo a comparaciones. Al cabo de los muchos años esta declaración de principios de Mercedes Sosa cobra absoluta vigencia porque ella alcanzó también esa dimensión de artista única e incomparable que no necesitaba más que su voz y su conocimiento de las raíces del canto para conmover a su público. Cuando una artista como la Negra desaparece se percibe el vacío, la orfandad de todo un pueblo que halló en sus discos y en sus recitales un modo de sobrellevar las pérdidas y las injusticias.

De Muñoz Rojas cabe decir que fue un poeta injustamente ignorado como tantísimos poetas que los críticos de manual desprecian e ignoran. Colaboró en Caleta, la revista que dirigía mi padre, a mediados de los años 50 con un poema titulado “Oscuridad adentro” que en realidad pertenecía a una serie mayor de poemas. De toda su admirable producción poética elijo en este instante un poema titulado “Los niños” que hubiera conmovido por igual a los distantes Truffaut y Brel que amaron tanto esa edad ligera y única.

“Los niños” es un poema contemplativo que arranca con un primer alejandrino maravilloso: “Sentados bajo el sauce, mientras juegan los niños…”. Los niños que parecen insectos voladores en la ráfaga primaveral. Los niños que hacen puerto en las faldas de la madre y que parecieran eternos. El poeta termina con estos dos versos su poema:

Nos recogen, nos mecen. Parece que vivimos,
que no todo es morir diaria y duramente.


Muñoz Rojas fue un poeta musical que huía de excesos retóricos y jugaba con el verso de un modo ejemplar. No cayó nunca en la tentación de publicar con exceso. Su verso sereno, meditado, no se prestó a ningún tipo de concesiones ni de facilidades y huyó de los círculos y agasajos literarios. José Luis Cano lo definió como el caso más extremo de poeta modesto alejado del bullicio literario. A Muñoz Rojas le bastaba con la luz del campo antequerano para encontrar reposo y espiritualidad – palabra hoy en desuso- sin aspirar a reseñas altisonantes en suplementos literarios manejados por unos cuantos.

A quien me lee le pido como recomendación personal que se acerque a ese libro modélico en prosa que es Las musarañas (1957), un buen principio para adentrarse en la obra de alguien que fue capaz de aunar la copla campesina de Andalucía con la poesía metafísica inglesa que tanto le marcara.

martes 6 de octubre de 2009

SI LA COSA FUNCIONA

Citarse con Woody Allen y hacerlo de nuevo en su idolatrada Nueva York es motivo de celebración en el marco de este octubre melancólico. Si la cosa funciona no es una comedia en la que Allen regrese a la primera época por mucho que el guión original provenga de allí. El cineasta neoyorkino filma desde la sosegada y estilizada senectud del presente y sus comedias se arropan en una serie de elementos que son característicos de un modo de entender el humor que nunca ha abandonado del todo, pese a los soberbios dramas interiores y londinenses de los últimos tiempos que remitían a películas de construcción puramente dramática como September o Delitos y faltas. Los críticos olvidan el tono utilizado por Allen en comedias como Todo lo demás con la que podría decirse que tiene que ver la caústica y en el fondo terriblemente pesimista Si la cosa funciona.

El alter ego de Allen es ahora Larry David, brillante en la caracterización de su misántropo y arrogante personaje que tiene la osadía de creerse un genio y de tratar al resto del mundo como si fueran gusanos a años luz de su inteligencia. Si la cosa funciona funciona (valga la redundancia) por el talento de Allen que no descansa, que sigue filmando película por año regalándonos a sus seguidores esa cita periódica con su cine. El descubrimiento de la película (porque al creador de la estupenda Seinfield ya lo conocíamos) es el de la actriz Evan Rachel Wood, joven y vivaz réplica sureña al personaje que interpreta Larry David que no tiene reparos en dirigirse al público en un recurso que ya Allen había utilizado con anterioridad.

El humor ilimitado de Allen esconde siempre una visión de la vida cargada de vacío existencial porque nada de lo que hacemos y buscamos parece tener sentido. Nada nos espera más allá de este mundo y caminamos hacia la desintegración, idea que ya estaba presente en Annie Hall y que ahora se pronuncia en la boca de un físico suicida. El mejor Allen habita en Si la cosa funciona, un Allen hilarante y mordaz que caricaturiza al puritanismo intransigente americano a través del retrato de los padres de la protagonista.

Comedia libre e inspirada de un autor que nada tiene que demostrar y que por eso mismo se pasea al margen de los críticos que pregonan desde hace tiempo sus carencias estilísticas, sus reiteraciones, sus lugares comunes. Allá ellos con sus argumentos. Mientras tanto Allen sigue añadiendo nuevos capítulos a su extraordinaria obra.

TRUFFAUT EN JEREZ


Fue grato encontrarse con buenos amigos en la presentación jerezana de mi libro sobre François Truffaut. Mi querido amigo José Prudencio López Campuzano condujo el acto con el savoir faire que le caracteriza. La cantautora gaditana Verónica Díaz cantó “Le tourbillon de la vie” pensando en Jeanne Moreau y en Vanessa Paradis. Poco después versionó “Cine, cine” de Luis Eduardo Aute.

La presentación tuvo lugar en la librería Hojas de Bohemia situada en la Plaza Vargas cuyo delicado espacio responde al quehacer y a la sensibilidad de su propietario Francisco Carrasco. Hubo buena respuesta de público. Entre los asistentes al acto se encontraba José Luis Jiménez, historia viva de la cinefilia jerezana con el que resultó un placer intercambiar algunas impresiones sobre Truffaut y sus circunstancias. También tuvo la amabilidad de acercarse por allí el poeta Dario Carvajal. Todos contribuyeron con su asistencia a que la velada fuera fructífera.