lunes 9 de noviembre de 2009

PEPPERMINT FRAPPÉ



Recuerdo que la primera vez que me sumergí en Peppermint Frappé (Carlos Saura, 1967) me impactó de forma notable. Fue el primer filme de Saura que vi. Cuando me enteré de la muerte de José Luis López Vázquez recordé su interpretación de médico de provincias en esta película en la que construye un personaje perverso, minado por la envidia y por el deseo insatisfecho. Cierta España arcaizante y brutal se refleja en Peppermint Frappé, una de las mejores películas de Saura en la que Geraldine Chaplin recita en una singularísima escena el poema "Yo voy soñando caminos" de Antonio Machado, referencia audaz y pertinente en una España franquista colmada de poetas oficiales.

En esta obra de Saura destaca el simbolismo, la ambiguedad, el erotismo obsesivo y reprimido. Por ello importa y mucho que la película esté dedicada a Buñuel y que el personaje de López Vázquez imagine a Elena (Geraldine Chaplin) tocando el tambor un remoto Viernes Santo en Calanda, la pequeña patria aragonesa del autor de Un perro andaluz. Atavismo, tradición, imagen idealizada y obsesión en medio de la asfixiante vida provinciana surcando el rostro de Julián, el descentrado protagonista al que da vida José Luis López Vázquez.

Aunque Saura lo negara muchas veces en Peppermint Frappé está además de Buñuel la sombra de Hitchcock y de Vértigo. Geraldine Chaplin se desdobla como Kim Novak en dos personajes, la enfermera Ana y la turbadora Elena que está casada con Pablo (Alfredo Mayo), médico emprendedor y viejo amigo de Julián con el que pasados los años aquel vuelve a reencontrarse convirtíéndose en un espejo que le ayuda a comprobar la monotonía en el que ha trascurrido su existencia.
Contaba el propio Saura que la idea de Peppermint Frappé le vino durante una visita a Calanda en plena celebración de la Semana Santa. En el trascurso de una procesión se quedó absorto mirando a una chica tocando el tambor con tal fuerza que le sangraban las manos. Esa idea fue el punto de partida de la historia que Saura filmó en Cuenca, una ciudad idónea que adquiere un protagonismo esencial en la película.
El poder de los objetos, el fetichismo, la sombra de los recuerdos infantiles (antecedente de La prima Angélica) todo posee en Peppermint Frappé un interés suplementario, incluida esa visión de un hombre desesperado que recrea a una mujer, que la idealiza, que la somete a su propia fantasía y a sus propios fantasmas. No es cierto que la película de Saura haya envejecido mal. Es un retrato feroz de un tiempo y de unas circunstancias que nunca puede ser ajeno, que aún hoy se cierne sobre nosotros. Dibujo de una fascinación enfermiza Peppermint Frappé permite entregarnos a un actor (López Vázquez) que rompe con su estereotipo para explorar otros registros nada habituales para el espectador medio acostumbrado al carrusel gestual y cómico del actor y a su representación del españolito medio. Aquí el actor está contenido, parco, en una interpretación clave en su transición a papeles desacostumbrados en su filmografía.
Tenía la necesidad de volver a Saura, al libro que le dedicó Enrique Brasó en 1974, a las sugerencias que posee un filme como Peppermint Frappé, incluida la estupenda fotografía de Luis Cuadrado, la absorbente banda sonora de Luis de Pablo, y la imagen de Geraldine Chaplin bailando al ritmo de Los Canarios.