Los ojos de noviembre, la piel ceremoniosa de los cementerios, los cipreses del olvido, la canción de los otoños sacudiendo el amanecer. Acude noviembre a la palabra con su aluvión de ausencias y de poemas por escribir. Me refugio en los sonidos americanos de Daiquiri blues, el nuevo disco de Quique González que ha contado con la producción de Brad Jones. Trece canciones perfiladas a medio tiempo, hondas y reposadas palpitando hacia lo íntimo, hacia el alma de una guitarra que transita por rutas en las que habita el recuerdo y el implacable olvido."Necesito entrar en los sueños de ayer" nos susurra Quique González en su canción "Su día libre", lírico ejercicio que cuenta con una cuidada instrumentación que es común a todo el disco. Entre Bukowski y Nashville Daiquiri blues despliega sus armas sentimentales, ronda las noches en vela de los amantes solitarios y apunta alto en canciones como "Deslumbrado", "Riesgo y altura", "La luna debajo del brazo" o "Anoche estuvo aquí".
Quique González no olvida sus referencias, sus ídolos expresivos e itinerantes, pero sabe además conjugar un febril universo que ya le reconocemos como propio. Entre camareras insomnes, tipos acabados y lunas de marfil Quique González es un artista sincero y sensible que alivia con su talante cierta realidad de la música española. Quique González es alguien que con toda su tradición anglosajona a cuestas quiere cantar con Serrat demostrando con ello su sensibilidad, su criterio, su deseo de transparentarse en canciones que no se fuerzan, que respiran de modo natural, sin artificios.
Uno se abandona a Quique González mientras lee a José Emilio Pacheco y los poemas en prosa que conforman La edad de las tinieblas (Visor). Y miro la realidad del mundo a través de los ojos abiertos y viajeros del escritor argentino Martín Caparrós en Una luna (Anagrama) para retornar a Truffaut leyendo François Truffaut: La culture et la vie de Arnaud Guigue cuya lectura me quedó pendiente en mi indagación en el cineasta parisino. En medio de tantas lecturas desordenadas avanzo en la lectura de la prolija El pasado de Alan Pauls, memoria de quienes recuerdan que se amaron, de quienes contemplan lo absurdo de las fotografías que ya no significan nada mientras pasan los aguaceros como pasa la vida silenciosa y esquiva.
Todos los pensamientos nublan mi mente en estos días de noviembre, de afilados crisantemos coronando un cesto de mimbre. Me entero que ha muerto José Luis López Vázquez y me viene a la memoria su interpretación prodigiosa en La prima Angélica de Saura donde el inolvidable actor demostraba su ya probada versatilidad, más allá de sus papeles en la comedia desarrollista made in spain de Lazaga, Ozores y compañía. En los años setenta podemos encontrar vestigios de sus mejores interpretaciones en películas como El bosque del lobo de Olea, Mi querida señorita de Armiñán, Duerme, duerme mi amor de Regueiro o Habla, mudita la ópera prima de Gutiérrez Aragón.
De López Vázquez, memoria del mejor cine español, a Quique González que sigue cantando en esta noche poblada de fantasmas, de sueños conciliados, de plazas desiertas y mareas que tiemblan en las playas del alma. "Necesito entrar en los sueños de ayer...". Voz y lamento, tiempo, cadencia y el sabor de un daiquiri en los labios.






1 comentarios:
Grandes ganas de escuchar el disco de Quique... aún no he tenido oportunidad de hacerme con él, pero el single tiene buena pinta.
Ya intercambiaremos impresiones
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