Escuchar una y mil veces a Chopin. Detenerse en su opus 10 Nº 3 en mi mayor que el cineasta Michael Winterbotton utiliza en la apreciable y poco apreciada Génova. Pensar en la misma luna de todas las noches y empaparse de Chopin y pensar en lo que se nos va yendo de las manos mientras los segundos fulminan el poema que hoy tampoco acabaremos. Pensar en la vida futura que habita en el vientre del ser amado. Morirse pero en broma y no imaginar siquiera ese entierro con flores y responsos donde el muerto que seremos tendrá que aguantar la hipocresia y el cinismo de los que gustan de los cortejos más o menos fúnebres. No olvidar que somos, que aún somos una luz poderosa que vierte su canto, una infancia que viene y deposita la fe de sus astros. Y escuchar a Chopin, ese piano que llega y nos arrasa, esa melodía que nadie nos enseñó a amar.
LO "BATEAN" EN PARTIDO DE BEIS - Propone matrimonio y es CACHETEADO
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Eventos tan patéticos como andar pidiendo matrimonio en actos públicos que
congreguen harta banda es sólo una muy buena fábrica de resentidos gruesos. ...
Hace 1 hora.






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