A los premios no hay que darles la excesiva importancia que algunos les otorgan pero aún así generan controversia e impotencia cuando la desfachatez de los responsables de los mismos es tan visible. A veces los premios aciertan y otras muchas los que premian se dejan llevar por la coyuntura (caso Obama) o directamente por la estulticia y esto ocurre con el Premio Nóbel, con el Príncipe de Asturias o con los Oscar de Hollywood cuya lista de agraviados es extensísima.Lo del Premio Planeta ya sabemos cómo funciona y hay muchos escritores que gustan de este circo de influencias en el que la calidad literaria queda reducida a la mínima expresión. Este año la ganadora de esta farsa ha sido la otrora televisiva Ángeles Caso con una novela de previsible intríngulis que ocupará las improvisadas estanterías de los que suelen buscar literatura en los supermercados junto a la sección de embutidos. Para algunos resulta imposible huir de esta efímera cita anual que confunde fama con escritura verdadera y consciente. ¿Cómo es posible que aún haya escritores que se presenten al Premio Planeta creyendo en la transparencia de los organizadores? Todavía se creerán que un jurado ecuánime juzgará cual es la mejor obra de las presentadas sin que importen los nombres que vestirán la obra con lo mediático de su entonación.
Lo del Premio Ondas roza también el patetismo. Por un lado premian a Jorge Javier Vázquez, insufrible presentador de esa cochambre televisiva llamada Sálvame (Tele 5) en una legitimación indecente de la telebasura. De otro lado le dan un Ondas a Física o Química (Antena 3 TV), una serie mal interpretada que pretende ser un retrato fidedigno de los adolescentes de ahora mismo, colegas del porrito, del buen rollo y de los sms. Cine verité de andar por casa con guiones enrevesados y con un diseño de personajes ciertamente penoso. Pero ahí están los Ondas con todo su prestigio a cuestas certificando la calidad de estos subproductos televisivos que eso sí congregan a una audiencia nada exigente que se traga cualquier cosa.
En todos estos casos (y en muchos más) los premios son como algunas listas de éxitos, un mundo al revés que nada tiene que ver con la calidad y con la honestidad creativa. Ahí está David Bisbal cuyo último disco (¿cómo se llamaba?) ganará todos los premios inimaginables otorgados por la artera y hortera industria musical, tan gustosa de premiar la comercialidad más insultante, la nadería, el boom latino o como quiera llamarse. Bisbal se multiplica en estos días en todas las televisiones y compite consigo mismo apareciendo a la misma hora en varios programas (sólo le falta presentar el Telediario). Ver una entrevista con Bisbal, sea de Juan Ramón Lucas, afecto a la causa del triunfito, o de Andreu Buenafuente o su sobrino sustituto, es verlas todas y de lo que menos se habla en esas entrevistas es del flamante disco o de las canciones que lo integran, porque mejor no detenerse en el prefabricado producto que este señor de rizos vende.
Menos mal que nos queda el consuelo inminente del nuevo disco de Quique González que nos desintoxicará a finales de este mes de tanta cotidiana insulsez. Afortunadamente, más allá de los premios y de la industria musical, siempre habrá un refugio llamado Jacques Brel y habrá sitio para la posteridad para tantos otros creadores y artistas que han buscado y buscan en la canción una forma de arte y de pura conmoción. Eso sí Bisbal seguirá haciéndose de oro con su adolescente modo de entender el oficio de cantar. Y nosotros seguiremos viéndolo con su simpatía y su energía que imaginamos impostada mientras abogamos por otros mundos posibles predicando en el desierto de este país nuestro de cada día.






2 comentarios:
Los premios no representan (o no deberían representar) nada en la trayectoria de un artista.
El jurado debe ser el propio tiempo y los motores de este veredicto definitivo las gentes de gusto y sensibilidad.
¿Qué garantía tenemos del jurado? ¿Emplea el criterio más adecuado para enfrentarse a la obra? ¿Cómo se que no se entrometen intereses externos en el juicio?
El arte no se forja con galardones, sino con obras, palabras esculpidas por siempre en el tiempo.
Hola Javier,
No se puede explicar mejor que con tus palabras lo que pretendía decir. Gracias por pasarte por aquí. Me apunto tu blog. Un fuerte abrazo.
Publicar un comentario en la entrada