martes 27 de octubre de 2009

LA FANETTE (1963)



Si me pidieran que escogiera una sola canción de Jacques Brel probablemente escogería "La Fanette", entre un repertorio sobrado de canciones inmarchitables. "Éramos dos amigos y La Fanette me amaba" ("Nous étions deux amis et Fanette m' aimait"). ¿Habrá un mejor modo de introducir una canción, una historia, un poema? En ese primer verso dictado por las esquivas musas está resumido todo el torrencial poético de esta canción grabada en 1963 cuando Brel ya conocía el éxito. Cuatro años habían pasado desde la conmoción de "Ne me quitte pas". "Sublime canción de amor ciego" la llama Alain Wodrascka en su libro Jacques Brel: Voyage au bout du rêve, editado en 2008, para a continuación relacionarla con "J' ai perdu tout ce que j' aimais" de Alain Souchon.
Brel y los amores trágicos y traicionados y la playa de Ostende y la mujer inalcanzable que era hermosa como una perla de agua. "La Fanette" muestra al gran intérprete que era Brel, surcando cada verso con enorme intensidad asumiendo sus pérdidas una por una. El arreglo de Rauber es impecable y presta a la odisea breliana su peculiar atmósfera, onda Martenot incluida.
Canta Brel aquello de "hay que decir que ella era hermosa y yo no soy hermoso" y cita al principio al sol de julio que miente. Detrás de su luz late la amargura de quien sufrirá por amor. Es curioso comprobar cómo Jacques Brel y Serge Gainsbourg (aconsejo de paso la biografía de Sylvie Simmons sobre Gainsbourg) se sentían acomplejados cuando se enfrentaban ante el dictamen del espejo. La belleza parecía una estrella inaccesible sin la que no podían acceder a las mujeres soñadas.
"La Fanette" pinta esa frustracción porque la mujer soñada escapa con el amigo íntimo y el protagonista de la canción queda desamparado soportando la risa de los amantes. En la última estrofa aún recuerda el protagonista la voz de la Fanette que llega para abatir el espacio junto al rumor del mar. "Éramos dos amigos y la Fanette me amaba..." pero en la vida cambia la suerte y cuando menos se espera se derrumba el mundo. Brel busca a la Fanette, la reclama, la eterniza, la trae a su presente, la poetiza y la esculpe como si fuera Rodin en sus estrofas mientras arde julio en las palabras.
Todo es poesía, enorme poesía de quien no se consideraba poeta, poesía latiendo en esta canción de desamor profundo que no pisa los terrenos de la misoginia como sucede con otros retratos femeninos de Brel como el de "Les biches". La Fanette es un ideal de mujer, un blanco anhelo, un sueño desdibujado sobre las olas de un verano. La soledad de Brel es incomparable como la belleza de su canción.