
¿Quién se llevó de pronto la multitud…?
Manuel Picón
Manuel Picón
Los violines cansados de tu orquesta,
los barcos que zarparon a deshora,
la luna que se bate en retirada,
el viento que musita tu herida
en la playa asediada del invierno.
En esta hora alguien me habla de ti,
de la magia y del silencio,
de la multitud que gritaba
tu nombre en el estadio,
del balón acunado en tus botas,
como acuna el trovador
su guitarra en la pampa infinita.
Todo suena a cansancio o huele
a rosa atribulada de un jardín lejano,
a mujeres de paso, a gacelas heridas,
a Garrincha apurando la última copa,
apartado de todos, fuera del mundo.
Está lloviendo sobre el álbum de cromos de la infancia,
y tus gestas se han quedado suspendidas en el aire.
Pero alguien me habla de ti
y vuelvo a recordarte driblando
a la marrullera soledad en un campo de juego.
Los bares en los que deambulabas
estaban cerrados a las cinco de la tarde,
por eso preferías conducir el cuero,
besarlo y retenerlo entre tus botas,
olvidando aquel barro de la infancia,
la acera polvorienta, la tarde gris
de un tango que se bailaba a solas.
¡Mágico, Mágico, Mágico!
Gritaba tu nombre la multitud,
esperando que el balón
llegara a tus dominios
para que algo mágico sucediera...
¿Clásico o romántico?
No sé. No hay palabras
para definir tu juego,
cuando querías jugar,
cuando no te vencía
la desidía, la indisciplina,
el viento de levante
o la espina rigurosa del invierno.
Bien sabes que en un cajón
muchos niños de entonces
guardan todavía tu autógrafo,
junto a un ajado ejemplar de Diario de Cádiz
donde el cronista celebra aquel gol
que le hiciste al Racing de Santander...
¡Mágico, Mágico, Mágico!






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