La misma luna de septiembre,
la flor arrebatada del verano,
la mano apaciguada del otoño,
el río que fluye y que pregunta.
En esta hora agitada miramos
a la playa abandonada, al sol
que se recoge en la explanada,
al muro sollozante del silencio.
La luna de septiembre y la lluvia
que vendrá a rondarte la memoria,
la nube del poema atravesado,
el incesante pájaro que huye.
Y septiembre, mes callado y dulce,
hora de sentarse a la mesa,
de elegir las armas y el paisaje
para hacer frente a lo que viene.
Y lo que viene puede importunarte,
puede arrancarte la esperanza,
puede ensañarse con tus posesiones,
con todo lo que amas y defiendes.
Pero piensa en esta luna de septiembre,
luna meditada que resbala
por el horizonte de tus labios,
luna solitaria, amante imprevisible...






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