Publicar un libro es cumplir un sueño aunque sepamos que el libro deja de pertenecernos en el mismo momento en el que se distribuye por las librerías. Entonces el libro cobra vida propia, va al encuentro de algunos lectores y es algo cada vez más extraño para quien lo concibió. A uno le persiguen algunas erratas de las que no se dio cuenta y que tampoco advirtieron los correctores y también algunos errores insalvables e inevitables que son consecuencia de las muchas noches en vela y de esa imposible perfección a la que uno aspira cuando escribe sobre algo que le apasiona. Ni Truffaut ni Brel podrían ser capítulos cerrados para mí. Seguiré volviendo a ellos y seguiré aprendiendo de ellos permanentemente. Curiosamente ayer volví a ver La piel suave que Truffaut filmó en 1964. Para la elaboración de mi libro he revisado todo el cine de Truffaut varias veces y ya fuera del proceso de escritura del libro sigo teniendo la necesidad de volver a ver sus películas y seguir tomando nuevos apuntes. En La piel suave está la crónica de un adulterio, el triángulo amoroso de consecuencias devastadoras con la sinfonía de los juguetes sonando de fondo mientras una niña llamada Sabine siente el alejamiento progresivo de sus padres. La piel suave retrata la fragilidad de un escritor y conferenciante de mediana edad llamado Pierre Lachenay al que da vida el actor Jean Desailly. Pierre está casado con Franca (papel que recayó en Nelly Benedetti) y en uno de sus viajes se enamora de una azafata llamada Nicole (Françoise Dorléac).
La música de Georges Delerue acaricia esta película de Truffaut que algunos calificaron de "vodevil trágico" dentro de una serie de críticas poco favorables que se vertieron contra la cinta. Pero La piel suave ha resistido mejor el paso del tiempo que otras películas del cineasta parisino. La pintura de la vida provinciana en Reims está magistralmente pintada por Truffaut. A Reims se desplaza Pierre a presentar un documental sobre André Gide, concretamente Avec Gide dirigido por Marc Allegret en 1951. En un hotel le espera desesperada Nicole que comprende pronto que el amor no es lo que parece.
La piel suave termina en tragedia. Impacta la aparición final de Franca en el restaurante y el disparo seco contra su marido que aún creía en una posible reconciliación. Las fotografías que lanza al aire endiablado de la mañana son la prueba del adulterio de Pierre. Uno piensa entonces en la niña Sabine y en la infancia desprotegida que le aguarda más pronto que tarde y vuelve Truffaut a la senda de Antoine Doinel.
Hay una foto del rodaje de La piel suave en la que se ve a Truffaut encaramado a una especie de tarima esperando para rodar. En un sofá vemos dormido al actor Jean Desailly que debía compatibilizar el rodaje de la película con su trabajo en el teatro por la noche. La foto es curiosa y no hace pensar en el odio que se profesaban el director y el actor cuya presencia nada carismática sorprende entre los antihéroes que pueblan el cine de Truffaut.
La piel suave cuenta con escenas filmadas en el apartamento de Truffaut en París que entonces se encontraba situado en el número 15 de la calle Conseiller-Collignon. La propia circunstancia amorosa del cineasta está reflejada en una cinta en la que nadie puede olvidar las medias de Françoise Dorléac en sintonía con el fetischismo de Truffaut que filma aquí los objetos y la rutina existencial de sus personajes como si de una versión mejorada de Antonioni se tratase.
Cine en el más puro sentido del término, fuera de la modernidad cinematográfica de la Nouvelle Vague y en sintonía con su personalidad poética y cinematográfica. Vendrán después de La piel suave las críticas negativas y algunos fracasos artísticos hasta volver a encontrar la inspiración y el genio. Y morirá Françoise Dorléac en un accidente y Truffaut llorará su ausencia y evocará su risa interminable.






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