Por la calle Silencio se palpaba la felicidad del estreno. Las palabras maravillosas de Juan José Téllez sirvieron de introducción al recital de Alejo cuyas canciones llevamos incorporadas en nuestro andar cotidiano pero merecían ser grabadas con la cadencia y la ternura que le son propias. El rumbo de tus pasos es un disco cuidado de principio a fin. Se nota la mano amiga de Javier Ruibal, responsable de la producción de este trabajo y cuya impronta se deja ver en algunos pasajes del mismo. Pero más allá de una buena producción, de unos buenos arreglos, nada tendría sentido si no existieran en El rumbo de tus pasos buenas canciones, canciones como la que da título al disco o como "La nostalgia" que Alejo canta con Ruibal y cuyo exquisito arreglo supone uno de los muchos aciertos del disco.
Alejo Martínez y el malecón de Cádiz y los dones del barrio de la Viña y ese regalo que no olvidaremos llamado "Te quiero decir" y las luces, las sombras y la nostalgia que el mar pinta con su oleaje. Alejo Martínez y la luz encendida de una canción que no olvida su origen, el profundo perfume de aquello que nunca dejamos de ser. Alejo Martínez y el ayer de los días que se extrañan y arañan la piel. En la canción como en el poema uno debe ver su propio rostro dibujado, tal como dijo el maestro Ángel González, y en El rumbo de tus pasos uno halla su propio rostro bañado en el espejo de los atardeceres en canciones como "Enciéndeme la luz" o "Como un soplo en un anillo", dos ejemplos de cómo vibra el amor en las letras de Paloma Ramírez.
En la imagen que acompaña a este texto puede verse lo felices que estábamos con este hijo felizmente alumbrado por Alejo y Paloma. Alejo, Téllez y quien escribe tenemos impreso en los ojos la huella de la celebración de unas canciones que esperan quien sepa aproximarse a ellas para abrir el cofre de sus sugerencias, el latido de estas perlas antillanas donde todos nosotros (propios y extraños) nos reconocemos.






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