1. A Raimon se le ocurrió “Al vent” en una Vespa camino de Valencia desde Xàtiva donde nació. Tales fueron las circunstancias de la canción más emblemática del cantautor valenciano. “Al vent” era un estallido, un grito a lo Edvard Munch, una canción de afirmación personal, un grito de libertad en tiempos en los que vivir en libertad era una utopía. En aquella España nada sutil nació una composición tan aguerrida como “Al vent” a finales de los años cincuenta grabándola Raimon cuatro años más tarde. Hablo de “Al vent” porque Carles Gámez ha publicado un libro excelente en el que a través de esta canción y de la significación de la figura de Raimon realiza una aproximación al fenómeno complejo de la Nova Cançó. El libro se titula 50 anys Al vent: Crònica d’ una Nova Cançó y lo ha editado con sumo gusto la Universidad de Valencia.No es el único libro de música de cuya lectura disfruto en estos días de junio. Dylan: Historias, canciones y poesía (Scyla Editores, 2009) viene a enriquecer la ya de por sí rica bibliografía sobre Dylan. Con prólogo de Bono (que elige Bringing it all back home como su álbum predilecto) el libro ofrece numerosas curiosidades sobre la obra de Bob Dylan y sobre los distintos periodos en los que puede analizarse su obra. El seguidor del genio poliédrico se encontrará con un texto de interés y con muy buenas ilustraciones.
2. Compartimos cena y tertulia con la escritora Clara Sánchez que ha participado en el ciclo Memoria y Ficción organizado por el Centro Andaluz de las Letras. Conocer a Clara Sánchez y a su marido ha constituido un verdadero placer para nosotros. Hay escritores que caminan con un aire de superioridad y que resultan poco accesibles. Clara Sánchez no forma parte de esa nómina de escritores autosuficientes. La autora de Últimas noticias del paraíso o la reciente Presentimientos muestra su amor por la literatura sin aspavientos, sin necesidad de sentar cátedra a cada momento. Clara Sánchez cree en una escritura alejada del barroquismo siguiendo la máxima stendhaliana de la claridad.
Lo triste es que este tipo de actos protagonizados por escritores destacados del panorama narrativo actual no hallen una mayor respuesta por parte del público o simplemente una respuesta. Supongo que habrá que resignarse ante esta realidad palpable y ante la desmotivación generalizada de la comunidad universitaria completamente ausente en este tipo de convocatorias.
3. La especial sonoridad del aire y las noches incurables del mes de junio. Uno piensa en Jaime Gil de Biedma y en su poema “Noches del mes de junio” que dedicara a Cernuda. Cualquier momento es bueno para pensar y releer a Gil de Biedma o mejor para leerlo como si lo hiciéramos por primera vez. Es lo mismo que me exijo al regresar a las melancólicas páginas de Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé. Cada nueva lectura de un clásico (el libro de Marsé ya lo es) causa el efecto poderoso de un nuevo deslumbramiento. Teresa Serrat conduce su Floride blanco en dirección al barrio del Carmelo. Es una aparición pero también una certeza que vibra en los ojos del Pijoaparte, personaje que bebe de la tradición de la novela picaresca.
Todo sigue conmoviendo en este retrato de la Barcelona de finales de los años cincuenta, un retrato generacional y una historia de amor que nunca puede eludir las circunstancias, las diferencias sociales, el particular entramado que mueven los hilos de los sentimientos. En la novela de Marsé Teresa Serrat escucha a Atahualpa Yupanqui, signo de la búsqueda emocional de aquellos tiempos. ¿Es la novela de Marsé una novela social? Probablemente el escritor Isaac Rosa diría que sí cuando habría que matizar qué entendemos por novela social. Lo que importa en todo caso es que es una buena novela, reflejo de un tiempo y de una ciudad cuya cartografía sentimental Marsé dibuja con mano maestra. Las novelas militantes a las que suele invocar Isaac Rosa tendrán muy buenas intenciones pero no son literatura y ni siquiera alcanzan a radiografiar el alma humana. Conste esta opinión mientras Rosa (del que he leído su interesante e inquietante El país del miedo) se permitió el lujo de despotricar en su intervención en la Feria del Libro de Cádiz contra la novela escasamente comprometida que se hace hoy en España. Quizá el panorama literario español no sea el mejor pero sorprende que un escritor como Isaac Rosa se permita un diagnóstico tan severo. Gracias a él regresará con toda probabilidad la novela de verdadero contenido social a nuestra literatura. Esperaremos expectantes el alumbramiento de esa criatura, de esa gran novela sobre el mundo laboral, sobre la crisis que nunca deja de estar de actualidad. Pero de paso le pediría a Isaac Rosa que fuera algo más modesto y no metiera a todos los escritores en un mismo saco y permita que podamos disfrutar de escritores tan deslumbrantes como Enrique Vila Matas cuya literatura tiene otros objetivos igualmente lícitos sin necesidad de plantearse novelas de fiero compromiso social donde el maniqueismo suele ser moneda corriente como puede verse en las tentativas de Belén Gopegui.
Dejo al autor de El vano ayer y vuelvo a Últimas tardes con Teresa de un escritor como Marsé que lo decía todo escribiendo sin necesidad de poner en cuestión la manera de abordar los temas por parte de los compañeros en el oficio de escribir. Suena de fondo el último disco de Leonard Cohen (Live in London), disco que resume la obligada pero celebrada vuelta del cantautor canadiense a los escenarios. Sigue intacta la emoción cuando el trovador susurra “Suzanne” y envuelve sus metáforas en un reposado envoltorio musical.
Cohen, Marsé, Dylan, Raimon, Clara Sánchez y el mes de junio de playas heridas por la luz del inminente verano y el temblor de las alas de un pájaro en la ventana y el ladrido de un perro en el fondo de la madrugada y más allá de todo un poema perdido en la niebla de un sueño al que nunca regresaremos.






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