Al hilo de la boutade de Luisgé Martín de que la cultura nos hace peores personas y al hilo de la función y de la utilidad de la poesía destaco este texto de Joan Margarit extraído de sus rilkeanas Nuevas cartas a un joven poeta recientemente editado.
Hay otra cuestión sobre la que tampoco querría confundir a los lectores: el límite de la poesía a la que me refiero -y para mí valdría para las otras artes- es el de la emoción. Quiero decir que no me interesa el poema que no contribuya a hacerme mejor persona, a procurarme un mayor equilibrio interior, a consolarme, a dejarme un poco más cerca de la felicidad, sea lo que sea lo que signifique ser feliz.
Hay otra cuestión sobre la que tampoco querría confundir a los lectores: el límite de la poesía a la que me refiero -y para mí valdría para las otras artes- es el de la emoción. Quiero decir que no me interesa el poema que no contribuya a hacerme mejor persona, a procurarme un mayor equilibrio interior, a consolarme, a dejarme un poco más cerca de la felicidad, sea lo que sea lo que signifique ser feliz.






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