jueves 5 de marzo de 2009

RETRATO

En mi colaboración semanal en el programa Cádiz en la Onda que presenta Carmen Paúl hemos comenzado un nuevo espacio titulado “Un poema, una canción” en base a un viejo proyecto mío que consiste en estudiar la historia de la poesía cantada en España desde Paco Ibáñez hasta ahora mismo, un ahora mismo que podría estar representado por Fernando Lobo tomando su guitarra e interpretando a Carlos Edmundo Ory. Hemos iniciado el espacio con “Retrato”, el inmortal poema de Antonio Machado al que le puso música Alberto Cortez en 1967 para el segundo volumen de sus Poemas y Canciones. Recordar a Antonio Machado y su triste odisea final (se han cumplido setenta años de su muerte) es recordar a uno de nuestros grandes poetas.
El poema “Retrato” aparece fechado en 1912 en la edición de las Obras Escogidas del poeta pero fue publicado por primera vez en el año 1908 en las páginas de El Liberal, tal como hizo saber a mediados de los años setenta Heliodoro Carpintero en las páginas de Ínsula. La estructura de este poema se asienta sobre nueve cuartetos alejandrinos, la mayoría magníficos, especialmente el primero y el último. En la estrofa inicial el poeta alude a su infancia sevillana:
Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

En la última estrofa Machado ofrece unas instrucciones para una buena muerte, al modo futuro que hará Brassens. El poeta acepta el final que a todos nos llegará y lo hace desde la resignación porque todo es pasajero y hay que aceptarlo de este modo y no de otro.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

“Retrato” es el primer poema de Campos de Castilla, tercer libro del poeta, que se publica en la primavera de 1912 en la editorial Renacimiento. Es un poema autobiográfico que rompe con el tono general del libro en el que el poeta abandona la dimensión intimista de su poesía. En “Retrato” Antonio Machado se mira al espejo de sus propias confesiones, de su propia ética y estética alejada del modernismo sensorial y colorista (“Desdeño las romanzas de los tenores huecos”). Un patio sevillano queda en la memoria vivida del poeta pero también la juventud lánguida (“mi historia algunos casos que recordar no quiero”), la llegada del amor de brazos de Cupido (la tan citada Leonor) y esas gotas de sangre jacobina, de pura rebeldía, que contrastan con su verso que viene de un manantial sereno.

Es interesante resaltar que en su acercamiento al poema Alberto Cortez prescinde del cuarto y sexto cuarteto que constituyen los momentos más endebles del poema.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar (...)
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada (...)
El poeta sevillano cae en en estos dos cuartetos en ciertos vicios formales en los que recuerda, como apuntaba Antonio Sánchez Barbudo, la afectación de Eduardo Marquina. La omisión de Cortez que luego respetará Serrat en su versión del poema potencia en su conversión a canción la intensidad del poema y su mensaje.

El cuarteto séptimo arranca magistralmente con dos versos antológicos de una hondura poco común (“Converso con el hombre que siempre va conmigo/ -quien habla solo espera hablar a Dios un día-“) para concluir en las dos estrofas finales en creciente emoción. En la penúltima estrofa el poeta nos dice con ecos de Juan de Mairena que nada nos debe y que le debemos cuanto escribe. Todo lo que tiene el poeta es fruto de su propio esfuerzo. Alberto Cortez respeta el debéisme cuanto he escrito que Serrat cambia en su disco dedicado a Antonio Machado en 1969 por el más efectivo de cara al oyente me debéis cuanto escribo.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.


La versión de Joan Manuel Serrat de “Retrato” será fiel a la magnífica adaptación del poema de Alberto Cortez. Quizá son más líricos y expresivos los arreglos de Ricardo Miralles en comparación con los de Waldo de los Ríos. Hay que reseñar también la mayor agilidad de la versión de Serrat que dura 3’ 27 “ en comparación con los 4’ 05 “ de la versión del cantautor argentino.

Serrat reconocerá en su disco dedicado a Antonio Machado el trabajo previo realizado por Alberto Cortez al que considerará un precursor que sufrirá por su osadía los ataques de los puristas. ¿Cómo puede atreverse alguien a ponerle música a Antonio Machado si sus poemas ya llevan incorporados su propia música? El craso error de los demasiado intelectuales, de los que le seguían negando el pan y la sal a la canción de contenido literario y a los que contribuían a una mayor popularización de los poetas y no a su vulgarización aunque a veces el receptor del mensaje no profundice en lo que está escuchando.

En la memoria de Alberto Cortez y de su público quedan dos recitales de presentación de sus Poemas y Canciones en el Teatro de la Zarzuela de Madrid en 1967 que marcan una inflexión en su carrera artística. Adiós a "Las palmeras" y búsqueda de una nueva senda en la que el magisterio de Jacques Brel (sin olvidar el de Atahualpa Yupanqui) resulta esencial. Vendrán joyas como “Equipaje” donde quedará patente la influencia en el cantante argentino de un poema de las características de “Retrato”.