miércoles 18 de febrero de 2009

ACOTACIONES A UNA NOVELA

La novela que acabo de terminar trata de un cineasta que busca la huella de otro cineasta. No sé si encontrará editor o si volveré a ella para cambiarla del todo o me perseguirá todos los días de mi vida hasta encontrar una versión definitiva. Asumo que es una novela agónica y triste y quizá deba cambiar algunas cosas. Pero quise retratar un mundo determinado y una ciudad como París en un contexto de melancolías fijadas en el curso del Sena.
Me cité nuevamente con Gonzalo García Pelayo en una cafetería de la calle Ancha. Había leído buena parte de mi obra y venía con muchas ideas y sugerencias que hacerme. Le agradezco su sinceridad a la hora de juzgar virtudes y defectos y ciertos aspectos concernientes al personaje principal. García Pelayo es un vitalista convencido y huye de ropajes existencialistas. Mi novela habla de un director de cine que ha perdido la fe por la vida y eso le separa radicalmente de su manera de entender las cosas. Yo también creo en la vida que debe siempre negar la muerte pero he tratado de retratar un mundo de sueños extinguidos donde el pesimismo impera. No descarto seguir repasando el texto, abriendo nuevas posibilidades en la historia que he pretendido narrar. El arte debe cantar la alegría de vivir - me dice Gonzalo- y yo en el fondo dudo pero le comprendo porque el arte también debe atender al gozo de la vida y de los sueños cumplidos siguiendo el dictado maravilloso de aquella "Gracias a la vida" que bordara en letra y música Violeta Parra.
En un momento de nuestra charla se acercó a nosotros Selu García Cossio que este año con Los enteraos ha vuelto a dar en la diana carnavalesca. Su chirigota es un prodigio de ingenio y de interpretación, de lo mejor que se ha escuchado este año en el Falla. García Pelayo comparó al Selu con Tchaikovsky considerándolo un vanguardista de las coplas. Selu me felicitó por mi aportación al Cancionero Oficial de Serrat y me dijo que a ver cuando me animaba con Sabina. Selu habló del humor que será siempre su objetivo último porque es incapaz de escribir algo serio. Para él un pasodoble debe encaminarse al fin último que es hacer reír y todo lo que entorpezca ese fin hay que suprimirlo. En un momento se creó una charla tan fugaz como interesante en el que de fondo latía una vez más ese amor que García Pelayo tiene hacia la cultura popular en la que ha encontrado refugio. Para él un personaje como Selu es más apasionante que Henry Miller y sé que tiene una convicción profunda cuando dice este tipo de cosas que alguno que otro podría calificar de boutade.
De vuelta a casa pensé en la conversación con Gonzalo y en todo lo que me había sugerido. La novela y sus personajes me siguen a todas partes. Quizá cambie algunas cosas o quizá no cambie nada y lo deje todo como está y pase página siguiendo el consejo que diera William Saroyan a un escritor primerizo que le hizo leer su novela y le pidió consejo.
Todo es relativo. Lo que no es relativo es tomarse un café con Gonzalo García Pelayo y empaparse de su sabiduría. El creador de Vivir en Sevilla ama lo cotidiano, el mundo que le rodea, las mujeres de paso y no cree en la parca. Ahora estará escuchando coplas en su butaca del Falla esperando que el Love le regale con su chirigota una cuarteta con la que celebrar la vida.

2 comentarios:

MR BAD GUY dijo...

Espero que salga a la luz pronto. Ya sabes que el tema me atrae mucho y seguro que en este género también te desenvuelves estupendamente.
Saludos.

Luis García Gil dijo...

Gracias Sergio, espero que la novela pueda ver pronto la luz. Ya te iré contando. Un abrazo, amigo.