viernes 26 de septiembre de 2008

SIETE MARES

Ayer se presentó en la Fundación Alberti en El Puerto de Santa María la colección Siete Mares que ha editado la Diputación de Cádiz y ha coordinado con sensibilidad y exquisito gusto Mercedes Escolano. Estuvimos buena parte de los poetas que formamos parte de la colección. Volví a coincidir con el poeta sanluqueño Vicente Vegazo como ya sucediera en la presentación de La pared íntima. Su pliego titulado El sueño de la razón es de los más inspirados de todo el conjunto de la colección. Pude conversar con algunos de los poetas que han formado parte de la colección, entre ellos José Manuel Benítez Ariza, Ángel Mendoza o José Antonio Bablé. En la selección de Mercedes Escolano hay un buen compendio de lo que son las últimas promociones poéticas de la poesía gaditana, desde poetas consagrados a otros más jóvenes que nacieron a mediados de los años setenta. En mi intervención leí dos poemas de Las gafas de Allen, el que da título al conjunto, y el titulado "Hannah y sus hermanas". Tengo mucha esperanza en este poemario y mi intención es desarrollarlo en un futuro hasta conformar un nuevo libro.
A esta cita poética de Siete Mares no faltó el poeta Eduardo Flores cuya dedicación a la poesía y a todo lo que tiene que ver con ella merece su recompensa. Faltó Julio Antunez que padece una de esas crisis existenciales que le obligan a estar recluido en casa. En el fondo sé que huye de este tipo de actos y que sigue alimentando su fama de perdedor u outsider literario. "¿A quién le importa lo que escribimos?" me dijo el otro día en una de esas llamadas tempestuosas que suele protagonizar. Puede que tenga razón y la poesía muera con nosotros aunque sea también un modo de defendernos contra la adversidad.

jueves 25 de septiembre de 2008

DIETARIO SENTIMENTAL IV

Fin de este cuaderno de agosto fechado en 2005.

1. Leo a Juan Massana y su último poemario Huésped de tu voz (Visor, 2005). Me detengo en el poema Mi mano izquierda que se abre con estos versos:

Empiezo a leer
y la belleza de mi propia
mano
me detiene. Vive
por la justa presión contra
la hoja de guardas (…)

El poeta barcelonés se mira a sí mismo leyendo: contemplación y elogio de la lectura que es también territorio del tacto. El poema "Mi oficio" abre el libro y es una declaración de principios de su propio modo de concebir la poesía, es decir un metapoema. En el poema "Retablo de Maese Juan" aparece Rilke y su epitafio y otras luminarias como Marcel Proust o Samuel Beckett junto a Leonard Cohen o Serge Reggiani, dos interludios musicales. Una vez más la canción introduciéndose en el ámbito sensitivo del poema. Habla Massana del silencio común de los poetas. Ese silencio que cabalga en la noche, entre el humo de un cigarro que se consume y la confesión del poema que emerge con fuerza. Hay un poema muy hermoso de Massana dedicado a Luis II de Baviera que me hace rememorar la excelente película de Visconti sobre el personaje. El poema "Marea" baja está dedicado a Carlos Barral, que fue quien preparó su antología hasta 1980. El verso del poeta es claro y rítmico. Incluso hay un dominio del verso de arte menor como en el poema titulado Barcelona. En Massana late una marcada mediterraneidad y una vocación firme por la palabra que es fuente de conocimiento y de reverberación. En Magna Grecia dice El tiempo existe para aquietar la espera. Hay estampas venecianas memorables como en "Piazza" o en "Pórtico veneciano". La faceta de pintor de Massana se filtra en los poemas, en el sentido plástico y visual que recorre los mismos, en las evocaciones pictóricas o arquitectónicas de algunos poemas.

2. “Toda poesía es, en cierto modo, un palimpsesto”, dejó dicho Antonio Machado, ya que detrás de cualquier texto que nos disponemos a leer hay un mensaje que difiere del que debemos descifrar. Siempre estoy acercándome a Antonio Machado, releyendo sus poemas, acudiendo a los sensibles estudios que se han hecho sobre su obra, tomando notas sobre su figura y sobre su influencia en poetas posteriores. El otro día revisaba Los complementarios , cuaderno de notas del poeta sevillano. En un momento dado Machado crea un heterónimo sanluqueño llamado José Luis Fuentes, poeta borracho y místico que en tres versos sienta su credo poético que es el del propio Machado: Obscuro para que atiendan/ Claro, como el agua/ claro para que nadie comprenda”. Antonio Machado busca claridad en su verso, pero con un trasfondo de complejidad. No busca el verso fácil que pueda terminar traficándose. Pero tampoco quiere un verso oscuro que dé la espalda a la gente. Hay en Antonio Machado una apariencia de sencillez que termina desembocando en autenticidad, a través de un lenguaje nada recargado, diríamos conversacional, en el sentido de buscar la comunicación más directa con el receptor del mensaje. Con poquísimos mimbres Machado logra una poesía de altísima calidad cuyo magisterio no cesa. Su influencia sigue siendo grande en las jóvenes promociones poéticas.

3. Sergi Pàmies escribe en El País sobre Eric Rohmer y una de sus películas más emblemáticas, Pauline en la playa. Hace poco vi su espléndido Cuento de primavera, dentro de su ciclo de las cuatro estaciones, donde recuperaba la maestría de los cuentos morales, una de las cimas de su obra. El cine de Rohmer es un canto a la sencillez donde no existen aparatosos movimientos de cámara ni necesidad de efectos especiales. Rohmer planta su cámara y habla de seres humanos corrientes, que se buscan, que se quieren, que plantean sus dudas amorosas o existenciales. Aparentemente sus películas cuentan pocas cosas pero son una perfecta radiografía de los seres humanos, con sus amores y sus dudas, con sus causas y azares, con sus alegrías y sus tribulaciones. Sus detractores dicen que sus películas son una forma de aburrimiento, como ver crecer una planta – tal cómo se decía en un momento de la película La noche se mueve de Arthur Penn-, ataque frontal a una forma de entender su oficio, de ahondar con sensibilidad en historias cotidianas que nos pertenecen. Pero yo, como Pàmies, me confieso enamorado de la forma de hacer cine de Rohmer. La inteligencia de sus diálogos, el delicado dibujo de sus personajes, la lucidez de su mirada, siempre me ha resultado sumamente atrayente. Rohmer filma con pausada sabiduría narrativa, nos convoca a detenernos en los paisajes y en los ecos de sus historias y parece estar contándonos siempre la misma historia, en un eterno retorno que lejos de cansar lo que hace es revelar una verdadera personalidad artística.

4. Hay poetas con los que resulta muy complicado el dialogo. No citaré nombres. Pueden ser poetas de tu misma generación que viven parapetados en sus propios delirios de grandeza. Allá ellos. Otros, en cambio, te abren el corazón, no traen oscuras intenciones ni pomposos ademanes, y tienes la agradable sensación de que los conoces de toda la vida. Te sientas con ellos, compartes un trago de lo que sea, y entra la luz de la conversación profunda y amistosa por la ventana. El poeta barcelonés Tito Muñoz es un ejemplo de este segundo tipo de poeta.

Llevaba tiempo escribiéndome correos electrónicos con él. Su contacto me lo proporcionó otro amigo entrañable, el poeta Antonio Marín Albalate. Tito aportó mucho a mi libro sobre Serrat. Su gran amistad con el cantautor y su colaboración estrecha con él en dos de sus canciones ("Tarrés" y "De cuando estuve loco") eran motivos de peso para pedirle su colaboración en mi trabajo, antes de que supiera que éste fuera a ver la luz. Tito estuvo generoso desde el primer momento, ahondando en su relación con Serrat y en la génesis de esas dos canciones. "Tarrés" era la declaración de principios de un proyecto largamente acariciado – Cansiones- y "De cuando estuve loco" - basada en un poema de Tito, incluido en su libro 30 de febrero- era de lo mejor del disco Versos en la boca, título que también le debemos a Tito Muñoz cuya trayectoria como publicista también merecería un capítulo aparte.

Tito estuvo por Cádiz, visitando a sus padres, con la palabra Sur en los labios, ese Sur que escribe con mayúsculas, para que se sepa que aquí están las propiedades de su paraíso personal y sentimental. Venía con las galeradas de su último poemario bajo el brazo que verá la luz en septiembre. Venía disfrazado de haikú o de soléa, porque su poesía sigue haciéndose a cada instante, una poesía que sabe recoger el magisterio profundo de Jaime Gil de Biedma y que no busca la solemnidad ni el trazo desesperado –el poeta no tiene porqué estar suicidándose a cada momento- sino que es poesía directa, coloquial, siempre atenta a la ironía, al juego de palabras, al hallazgo. El poeta se busca en las entrañas de su verso viajero, se remansa en sus historias, en el perfil fabulador de unos poemas que invocan e invocan, que hablan de amor, de sueños, de esperanzas dormidas y que son, antes que nada, declaraciones de vida. En sus nuevos poemas parece consolidar las constantes de sus anteriores poemarios, Metralla y 30 de febrero, con los que completará un tríptico de emociones muy particulares. Tito parece haber vivido varias vidas en una y esa vivencia está recogida en sus poemas.

De alguna forma Tito y yo teníamos pendiente conocernos personalmente y este encuentro se ha producido en la última semana del mes de julio. Hablamos del flamenco que tanto nos emociona, de Peter Sellers, de los hermanos Marx, de Bukowski, de Serrat, de Brel, de Sabina, de Enrique Vila Matas, de Manuel Vázquez Montalbán, de Nestor Almedros, de Cuba, de vivencias y lecturas, de músicas y aromas, de ciudades y versos. Hubo lugar para el recuerdo emocionado de Josep Maria Bardagi, para que Tito evocara los tiempos de la movida madrileña y para que entrara en la conversación la luz tan particular de Cádiz, esa luz única que muda a cada instante, esa luz que tanto han glosado los buenos y los malos poetas, que tanto ha asomado en las coplas de Carnaval. Para Tito, que tiene pinta de viajero incansable, no hay una luz como la de Cádiz.

Paseamos por el Pópulo – travesía delicada de historias y leyendas-, dejamos a un lado el Pay Pay- travesía de amores prohibidos-, cruzamos el Arco de la Rosa - antigua entrada medieval a la ciudad que cierta corporación franquista quiso echar abajo cuando el desarrollismo comenzaba- e hicimos parada en un bar de la Plaza de la Catedral, donde nos abordó un miembro de la familia Joly, que es decir que nos abordó la historia fundacional del Diario de Cádiz. Hubo, entonces, sitio para hablar de Lorca, de Quiñones, incluso de Pemán. A continuación arribamos en la librería Manuel de Falla con Juan Manuel Fernández inmortalizando con una fotografía nuestro encuentro, y completamos el recorrido en la cafetería irlandesa de la Plaza de San Francisco.

Tito se había comprado un ejemplar de Serrat, canción a canción para que se lo dedicara a sus padres. Yo me traje de casa su 30 de febrero para que dejara también su firma, otra forma de perpetuar en el tiempo aquel instante. Ya con la tarde vencida cada cual regresó al lugar del que había partido. A Tito lo esperaban sus padres. El niño ha de regresar a casa “poco antes de que den las diez” – bromeé-. Quedó el aroma y la luz de la buena conversación, de la amistad recién surgida y de los deseos de un próximo encuentro.

5. Paso unos días en Roche. Días de descanso y de lecturas desordenadas. Una parte de la biblioteca de mi padre la tenemos allí. Curioseo por los fondos. Cada libro acariciado encierra una historia. Me gusta navegar por las dedicatorias de ciertos poetas a mi padre. Tomo entre mis manos Tierra de nadie del roteño Ángel García López y leo “Este tierra de nadie para mi viejo amigo José Manuel García Gómez, compañero de tantos versos y tantas ilusiones, por el hermoso don de su poesía, por la aventura de todas sus empresas, por gaditano, por ser uno de los poetas más queridos”. Firma Ángel, la fecha, un lejano 6 de junio de 1969. El lugar de la firma, Madrid.

Descubro en esa misma biblioteca un libro de poemas muy interesante del tarifeño Jenaro Talens titulado El sueño del origen y la muerte (Hiperión, 1988). Una parte del libro resulta apropiada para el mes en curso, aquella que titula Cinco maneras de acabar agosto. Anoto en mi cartera estos versos: “Una niñez que ya no me recuerda, / aunque yo la recuerde/ junto a los altos muros de una ciudad sin muros”. Me recreo también en Retratos, el primer libro de poemas de Luis Alberto de Cuenca con quien Tito Muñoz ha fundado una relación muy especial.

Para mi sorpresa en la bodega de nuestra casa en el campo todavía funciona un viejo tocadiscos. Otra memoria henchida que nunca deja de golpear la puerta es la de la música y todavía más si viene encerrada en un disco de vinilo. Ese sonido particular de la aguja pasando suavemente por el disco encierra todo un ritual. Para mí el vinilo es, en este sentido, insustituible. Y fíjense que no formo parte de los que crecieron con él. Mi generación es otra – si aceptamos el término generación, tan discutido- pero, en cierto modo, conectó con los usos y costumbres de la inmediatamente anterior. El cauce de los hermanos mayores, de los padres, es muy importante. Los discos de vinilo poseen, como les decía, algo especial que me lleva también de la mano al recuerdo de mi padre, al que siempre termino encallando cuando alta es la noche y densos son los recuerdos. Confieso que tomé un viejo elepé de Julio Iglesias (A flor de piel, 1974). Leí los créditos, que si los arreglos de Rafael Ferro – habitual en tantas grabaciones de los años 70-, que si Juan Erasmo Mochi firmando alguna canción, que si Julio Iglesias interviniendo en algunas de las letras etc. Pueden venir a detenerme, si lo desean. Pero a mi padre le gustaba Julio Iglesias, qué le vamos a hacer, y no puede negarse que aquellas canciones tienen mucho de añoranza para muchos. Yo ya dejé hace unos días una opinión no muy elogiosa del último trabajo de Julio Iglesias, ya dije que no es santo de mi devoción, pero en sus grabaciones de los años 70 laten mis propios recuerdos infantiles. Y hablamos de emociones, de evocaciones, no de calidades per se. Pues bien – volviendo al tema- ese disco en cuestión (A flor de piel, 1974) me hizo viajar en el tiempo. Canciones como "Por el amor de una mujer" (Danny Daniel), "Manuela" (Manuel Alejandro) o "Desde que tú te has ido" (Cecilia), eran desde su ligereza consistentes maneras de viajar en el tiempo, de recordar a mi padre escuchándolas. Ese mismo vinilo, tomado al azar, vino y me habló y me hizo llorar. On connait la chanson, que diría Alain Resnais.

6. Disfruto en estos días de la lectura de Cortazar sin barba, una biografía muy interesante que ha escrito Eduardo Montes- Bradley y ha publicado Ramdon House Mondadori. Soy cortazariano confeso, así que disfruto con cualquier aproximación a su figura, más si trata de un acercamiento novedoso, como es el caso. Montes- Bradley se ríe, por ejemplo, de que siempre se diga en las solapas de los libros de Cortazar que nació accidentalmente en Bruselas, como si nacer allá fuera un accidente y como si eso legitimara su argentinidad. Niega además el origen diplomático de su padre, profundizando en ese Cortazar menos conocido, menos tratado por biografías de corte más académico. Un perfil de Cortazar diferente, que aporta nuevas claves sobre su obra y sobre su controvertida personalidad.

7. Descubran, si no la conocen, la hilarante serie de la BBC de los años 70 Fawlty Towers, que acaba de ser editada en DVD. Está protagonizada por John Cleese, en el papel de dueño de un caótico hotel lleno de seres extravagantes. La serie es extraordinaria, toda una lección de humor, fiel heredera del espíritu corrosivo de los Monthy Python de los que Cleese ha sido uno de sus más afamados componentes. Por cierto, y poniéndonos en el otro extremo de lo que debe ser el humor, este verano han vuelto a recalar en Cádiz los Morancos de Triana, en su anual visita al Teatro José María Pemán. Los Morancos siguen triunfando con un humor fácil, de trazo grueso, con la ley del exceso, donde el camino más corto es el elegido para hacer troncharse de la risa a un público fácil.

8. Volviendo a Tierra de nadie de Ángel García López anoto unos versos excelentes incluidos en su poema Nuevo Génesis, segundo de la parte titulada Memoria de otro tiempo: “Canarios represados en el canto/más fluvial y hermoso que escucharan/ oídos infantiles”. El canto de un canario y la infancia entreverada. García López es un buen poeta. En Tierra de nadie ya latía una voz singular, con una imaginería personal que no desdeñaba las formas tradicionales, como ejemplifica el soneto titulado Hermosa niñez mía, martirizada y muerta en un lugar del Sur.

DIETARIO SENTIMENTAL III

Más dietario sentimental. Estas páginas fueron escritas el mes de agosto de 2005.

1. “Muerte, muerte seas, muerta e malandante”. Con estas palabras de Juan Ruiz, al enterarse de la muerte de la Trotaconventos (Libro de Buen Amor) abre Luis Alberto de Cuenca el prólogo que escribe para el libro A contramuerte de Ana Rosa Carazo (Sial/ Fugger Poesía). Un libro escrito en unas circunstancias muy dolorosas y en el que Ana Rosa Carazo recuerda a su nieta Ana Guillén Salvador, fallecida en un accidente de tráfico un 18 de agosto de 2001. La poesía elegiaca tiene ejemplos muy sobresalientes en la poesía española pero también puede ser un lugar peligroso para el poeta que invadido por el dolor de una pérdida puede perpetrar versos de muy dudosa calidad y con riesgo de caer en lo lacrimógeno. El arte puede redimirnos pero no significa que ello produzca una obra que pueda ser de interés. Pero los poemas de la cordobesa Ana Rosa Carazo caminan en otra dirección. Son un homenaje hermoso, sin excesos, a la nieta desaparecida, a esa muerte inesperada que golpea todavía más fuerte cuando se rompe el orden de las cosas, cuando son los padres los que han de enterrar los hijos a los que repentinamente se les ha truncado la vida. El caso de Ana, fallecida sin haber cumplido los 23 años, ejemplifica perfectamente ese verso memorable de Vallejo que dice “Hay golpes en la vida tan fuertes…Yo no sé. Golpes como del odio de Dios”.

Decía Gil de Biedma que escribía para no morir del todo. La autora abre “A contramuerte ” con un pequeño texto en el que muestra ese mismo propósito, encontrando en la literatura una forma de supervivencia, un modo de afrontar el dolor. Los libros son una tabla de salvación y luego la escritura una forma de apaciguar el dolor, de recordar e invocar y de permanecer. Escribir contra la muerte, contra el olvido, eternizar el recuerdo con la palabra impresa.

Ana – Rubiaespiga, según los sonetos de su tía, Aurora Salvador Rosa, que firma el epílogo del libro- queda eternizada en estos poemas con su luz, con su vitalidad, con la felicidad intacta de los días azules, con su amor a los libros. Su memoria permanece en cada uno de los versos que su abuela le ha dedicado. Nos encontramos, por tanto, con un libro necesario, de una gran carga emotiva, que no debe confundirse con libros de similares puntos de partida pero cuyos resultados son muy diferentes. Aquí tenemos a una autora que ha sido catedrática de Lengua y Literatura, y que sabe que el poema exige un rigor para resultar emotivo. Digamos, finalmente, que la portada de A contramuerte aparece ilustrada con un hermoso y simbólico cuadro de Adolphe-William Bouguereau titulado Un alma llevada al cielo.

Y hablando de libros marcados por el dolor no puedo dejar de citar Danza de la muerte de Leopoldo María Panero, un libro publicado por Igitur y que también he leído en estos días de agosto. Poemas marcados por la tragedia existencial de su autor y en el que encontramos poemas muy descarnados, algunos muy interesantes, como el que empieza diciendo: “Ah, sabor de la vejez, única desdicha/ que nos sitúa en la cercanía de la muerte”. El poema es visto como “voz de la tiniebla” y “aullido del ser”. El poeta tiene miedo a vivir. Existir duele, viene a ser la conclusión categórica de algunos de sus poemas. Panero reivindica a Mallarmé y escribe con un pie en el estribo de la muerte, con versos que se asoman al dolor del presente y a un futuro que no existe.

2. Emiten la película La Familia de Ettore Scola. Una película rodada en 1987 y donde el cineasta italiano narra la historia de una familia a lo largo de ochenta años de historia. Un fresco autobiográfico, forzosamente esquemático al tratar de abordar tantas décadas en dos horas de metraje, pero con suficientes elementos de interés que no deben pasarse por alto. La casa donde trascurre la vida de familia es un personaje más y encarna el recuerdo familiar, el depósito sacralizado de tantas historias compartidas. He recordado, al hilo de esta casa, el libro de poemas Reales sitios , de Alfonso Canales, donde el poeta malagueño evoca la memoria de distintas casas dándoles también su propia vida.

La cámara se introduce en La familia por un largo pasillo de la casa para reflejar poéticamente el paso del tiempo, los hijos que pasan a ser padres, los padres que pasan a ser abuelos y la sucesión de nacimientos y muertes, la ley de vida, como suele decirse, el paso concatenado de las generaciones. Scola filma con su acostumbrado oficio, sin alardes, con esa vocación clasicista y casi documental con la que filma a sus personajes. No gusta de travellings, aunque al principio haya un hermosísimo movimiento de cámara recorriendo los rostros de la familia, como una introducción de ese ámbito de lo privado.

La película tiene una carga autobiográfica indudable, un poso nostálgico que marca al personaje principal que narra la historia, el gran Vittorio Gassman enamorado toda la vida del personaje de Fanny Ardant, el amor imposible. Fanny Ardant, siempre ligada al recuerdo de Truffaut, también realiza un trabajo espléndido en esta crónica de la memoria que es La familia. La película se cierra como empezó, con una foto familiar, en una hermosa y sosegada circularidad. Quizá la historia íntima deja en lugar secundario a la historia política de Italia, y el fascismo aparezca muy livianamente en la narración de los hechos. Pero en La familia preponderan otros temas, es un retrato sentimental que confirma la sapiencia de un cineasta como Ettore Scola, del que se está emitiendo también en estos días un interesante documental donde reflexiona sobre el oficio de director de cine. También en DVD se acaban de reeditar algunas de las películas del cineasta de Treviso, entre ellas Una jornada particular, sin duda una de sus películas más aclamadas internacionalmente.

3. Disfruto del DVD Elle est à toi cette chanson de George Brassens, donde se recogen diversos recitales y apariciones televisivas del inolvidable cantautor francés. Me detengo en su recital de 1972 en el mítico escenario del parisino Teatro Bobino. Las canciones de Brassens se suceden sin descanso. El trovador no necesita grandes exornos instrumentales. Le basta su guitarra y su voz, una voz que algunos pueden tachar de monocorde pero que se basta y se sobra para trasmitir con intensa dicción la amplia temática de sus canciones. A veces la inclusión de un violonchelo puede parecer sorprendente, ante una puesta en escena tan espartana. Pero cuando una canción es buena no es necesario demasiado acompañamiento ya que se sostiene sola. Hace poco lo decía Amancio Prada que llegó a ser telonero de Brassens: “Aprendí que con una guitarra y un contrabajo hay más que de sobra para acompañar una canción, si la canción es buena”. Esta máxima la aprendió el cantante leonés de Brassens.

Brassens refleja en sus canciones todo un universo poético, de una personalidad extraordinaria. En Francia lo aclaman como poeta, aunque él huyera en vida de tales calificaciones. La obra de Brassens tiene ironía, sentido del humor, pero también un desgarro y una melancolía muy particulares. Es un trovador, en el sentido más medievalista del término, porque recupera temas y constantes de los trovadores, inundando su obra gente de a pie, desde prostitutas a borrachos pasando por vagabundos, ladrones o mendigos. Como su colega Brel encarna parte de la mejor canción francesa. Con Ferré cierra un círculo glorioso, una generación irrepetible.

Entre las canciones de Brassens pienso ahora en la soberbia Supplique pour etre enterré à la la plage de Séte que encarna todas las virtudes del universo brasseniano. Una canción testamentaria en la que el autor no abandona el sentido del humor para terminar insistiendo que es en la playa de Séte, localidad en la que nació, donde desea ser sepultado. Como Lluis Llach, cuando en el tema Arran de terra de su extraordinario Verges 50 pida ser enterrado en su tierra del Ampurdán.

Hay canciones de Brassens como Les trompettes de la renommee que cobran ahora mucha actualidad. Al fin y al cabo Brassens ya habla de la abusiva publicidad, de la venta de la intimidad, del fenómeno de la fama a cualquier precio. Ya encontraré tiempo para detenerme con mayor profundidad en la obra de Brassens. Ahora lo dejo despidiéndose de su público que le aplaude enfervorizado. Es curioso el gesto imperturbable de Brassens ante tanta muestra de fervor. Apenas esboza una sonrisa y un tímido gesto de agradecimiento. Luego se retira detrás de las cortinas para volver a aparecer. Nueva salva de aplausos y el mismo gesto tímido del trovador. Habrá una propina para luego finalizar el recital.

Con este DVD nos acercamos en profundidad a las maneras de desenvolverse en escena de Brassens, que no olvidemos fue un cantautor que se reveló relativamente tarde. No es un animal escénico como Brel. Tampoco tiene el dramatismo vocal, los crescendos del gran Jacques. Pero como aquel tiene una imponente capacidad lírica, un febril discurso, una extraordinaria y lúcida mirada con la que va dibujando la realidad que le rodea. Brassens es otra figura que se ha quedado detenida en el tiempo, como los grandes clásicos, como los grandes trovadores con mucha poesía dentro cuya obra sigue extraordinariamente viva.

DIETARIO SENTIMENTAL II

Seguimos rescatando páginas de mi dietario sentimental de agosto de 2005

1. Ya lo sabíamos pero nos faltaba la confirmación oficial: en la mesilla de noche de la ex Spice Victoria Beckham no hay ningún libro ya que ella no ha leído un solo libro en su vida. Nada nuevo bajo el sol de agosto. Pero claro, seguimos dándole protagonismo a estos personajes que son modelos para adolescentes, que ocupan portadas y portadas de revistas de moda y consumen minutos y minutos de esa televisión tan cultural y tan enriquecedora que padecemos. Ya sabemos que lo que se elogia constantemente es la estupidez. Que nos invade la crónica rosa, que no hay nada que podamos hacer, salvo aguantar el chaparrón de tanta superficialidad. Pero hay escritores y poetas que contribuyen también a que la lectura lejos de reivindicarse se infravalore. Ahí está el Sr. Francisco Bejarano – tan exquisito él- escribiendo en su columna semanal de Diario de Cádiz que la lectura no nos hace más inteligentes ni ha de sentirse avergonzado el que no lee. La lectura no es imprescindible. ¿Para qué fomentarla, entonces? Los más grandes mentecatos y cretinos que el Sr. Bejarano ha conocido son lectores.

Bueno está que no mitifiquemos la lectura, bueno está que haya personas extraordinarias que jamás han leído un libro y que sea evidente que el ser un lector constante no garantiza ser mejor persona. Pero lo que no puede hacerse es una exposición tan simplificadora del asunto de leer o no leer como la que hace el Sr. Bejarano. En mi caso prefiero quedarme con las reflexiones de José Saramago – que creo que posee mayor entidad que el susodicho- en el pregón que dio en la Feria del Libro de Granada en 1999 con el título Nuestro libro de cada día. El escritor portugués regaló un texto hermosísimo sobre la pasión de leer. Saramago afirma que la lectura no debe ser ninguna obligación, que debe ser un amor, una pasión, una devoción. Habla de que en la escuela y en la universidad se enseña mal. De ahí la cantidad de analfabetos funcionales que no ponen en práctica lo aprendido, que no leen. Qué lejos las palabras meditadas, profundas de Saramago de las que nos "regala" el Sr. Bejarano en su citado artículo.

2. Comienza un ciclo en televisión dedicado a Mitchell Leisen. Emiten Medianoche (Midnight, 1939), una de sus mejores películas que me trae recuerdos de un ciclo que hace más de una década le dedicara TVE. Allí fue donde descubrí la figura de Leisen, en películas como Si no amaneciera o la citada Medianoche. El caso es que he vuelto a disfrutar con esta espléndida variación del mito de la Cenicienta que es Medianoche. El guión del gran Billy Wilder y de Charles Brackett es magnífico. Se ha dicho que el cine de Leisen se beneficia de las aportaciones de los guiones de Preston Sturges o del citado Billy Wilder. Pero se olvida que el propio Leisen intervino como guionista acreditado en algunas de sus películas y que como cineasta sabía perfectamente las necesidades de los argumentos con los que contaba, pasando de la comedia al drama, más presente a medida que avanza su carrera.

En la cínica Medianoche todo el mundo miente y contribuye a una farsa de proporciones gigantescas. Nos encontramos ante una memorable comedia que no ha perdido un ápice de su frescura. Claudette Colbert está fantástica. No sería la última vez que Leisen trabajaría con ella. En Medianoche, en su ritmo vertiginoso, en los diálogos chispeantes, en la solvencia de todos los actores, está la grandeza del cine clásico norteamericano en la más pura acepción del término. El mismo año que Medianoche – gloriosa coincidencia cronológica- Lubitsch rueda con la Garbo Ninotchka, otra comedia antológica. Resulta curioso – dado los excelentes resultados de la versión original- que el propio Leisen volviera sobre sus pasos y rodara años después un remake de Medianoche con el título de Mascarada en México. La obra de Leisen, rehabilitada en los años 70, sigue mereciendo constantes revisiones. Con este ciclo volveremos a disfrutar de las excelencias de su cine.

3. Regreso de ver la película Lila dice, del realizador libanés Ziad Doueri. Una historia de iniciación amorosa, de despertar sexual, a través de la relación que se establece entre un chico de origen magrebí llamado Chimo, interpretado por Mohammed Khouas, y Lila, una chica francesa de 16 años, interpretada por Vahina Giocante, todo un descubrimiento. Lila acaba de mudarse con su trastornada tía a un barrio popular de la periferia de Marsella en donde viven numerosas familias árabes, entre ellos el grupo de amigos de Chimo, que serán muy importantes en el desenlace de la película. Pero lo que es verdaderamente interesante en el desarrollo de Lila dice es la forma poética en la que se nos narra la relación de Chimo y de Lila. De manera secundaria vemos flotar otros temas como la difícil integración de los inmigrantes o las consecuencias del funesto 11 de septiembre. Pero no son esos temas el objetivo del cineasta que centra su historia en el despertar del amor, del deseo, de la vida, en una palabra, entre dos adolescentes de muy distinta procedencia y personalidad. Para Chimo la bellísima Lila representa lo inalcanzable, el amor platónico, un auténtico chorro de luz en un entorno vacío, de fracasos, rutinas y estrictas observancias religiosas. Y no es este último aspecto algo secundario porque Lila dice es un canto a la sensualidad y a la femineidad de una muchacha que se contrapone al universo cerrado de la estricta comunidad árabe. Para Chimo Lila es el amor deseado, el sueño más alto, y ese sentimiento está muy por encima de las guerras religiosas, de los rezos sucesivos y los múltiples recatos de la fe que ha de cumplir.

Chimo establece con Lila una relación muy especial donde el lenguaje explícito y las fantasías sexuales de la protagonista crean toda una hecatombe en la tímida fragilidad del muchacho. “Lila habla de amor con romanticismo y erotismo, nunca con vulgaridad” – ha dicho el cineasta libanés. Y es ése uno de los méritos de la actriz Vahina Giocante que sabe conducir su personaje hacia un territorio alejado de cualquier atisbo de vulgaridad. Detrás de las atrevidas e imaginadas historias de Lila subyace un juego de miradas y complicidades, un amor soterrado hacia Chimo que terminará desvelándose.

La película está repleta de instantes de magnífico aliento cinematográfico como la imagen de Lila columpiándose ante la atónita mirada de Chimo o el lujurioso paseo en motocicleta o la escena del cementerio, iluminada por una singular ternura que se concretiza en la miradas cruzadas de los protagonistas. No voy a desvelar el final de la historia. Sólo les diré que la película es un auténtico poema cargado de sensualidad y lirismo. Y que ese lirismo que tanto asoma en la voz en off del protagonista masculino – que escribe con vocación de escritor, eternizando los recuerdos, retratando los encuentros con Lila con la certeza de que en la vida no volverá a sentir lo mismo- está planteado desde el realismo, desde la mirada penetrante y verdadera de Ziad Doueri que se aleja de otras historias de iniciación sexual mucho más adocenadas e intrascendentes.

DIETARIO SENTIMENTAL I

Me permito rescatar algunos viejos apuntes que hice en agosto de 2005 para compartirlos con los visitantes de Los ojos de Antoine Doinel.

1. Agosto va tocando a su fin. Se me van acumulando las lecturas y los proyectos. Estoy leyendo Catedral del escritor sevillano Alfonso Grosso. Alguna vez hablaré en profundidad de Grosso, escritor extraordinario sobre el que ha caído un injusto olvido. Catedral fue la primera de una serie de tres novelas que tienen como escenario Sevilla. Se abarca la historia de una familia a través de tres generaciones para ofrecer un fresco de la Sevilla contemporánea desde los años 20 hasta los últimos coletazos del franquismo. Reencontrarse con la prosa de Grosso siempre es un placer. Su pintura de ambientes, sus descripciones ajustadísimas, su sabiduría crítica a la hora de retratar personajes lo sitúan en un lugar singular dentro de la narrativa andaluza. Desde su muerte no ha habido voluntad real por rescatar la obra de Grosso, necesitada de una urgente reivindicación y revisión.

2. Leo el último volumen de cuentos de Gonzalo Calcedo Juanes, un cuentista singular dentro del panorama literario español. Su título El peso en gramos de los colibríes (Editorial Castalia). Nueve cuentos perfectamente labrados, donde se entrecruzan soledades y donde es muy importante la herencia mayúscula de John Cheever. El escritor palentino contempla con detalle vidas anónimas, varadas, que forman parte de un universo desangelado donde la felicidad es pura entelequia y donde se vive absorbido por las dudas, por la desconfianza y la fragilidad. El cuento homónimo es uno de los mejores. En él Jeremías, un vendedor de maquinaría agrícola, recoge en su coche a una misteriosa chica con la que establece una curiosa relación a lo largo del trayecto. Se trata nuevamente de radiografiar la soledad de unos personajes que buscan pero no encuentran su lugar en el mundo. Historias mínimas, cotidianas, absolutamente recomendables.

3. Acumulo otras lecturas de diversa índole. Me sumerjo en el universo de Atahualpa Yupanqui. Leo la biografía de Félix Luna en Júcar (1974) y la compilación que hiciera Victor Pintos de las cartas que a lo largo de las décadas enviara a su mujer Nenette. Cartas sin desperdicio donde Yupanqui nos ofrece mucha luz sobre su personalidad y sobre su compromiso artístico. Entre medias disfruto de una vieja entrevista que le hiciera Joaquín Soler Serrano en el mítico programa A fondo de TVE.

4. Dos libros más sobre la mesa: Proyector de luna: la generación del 27 y el cine de Román Gubern y un curiosísimo libro homenaje a Buster Keaton que editara Anagrama en 1972. Se trata de una de mis últimas adquisiciones ahondando en el fascinante universo de las librerías de viejo. Buster Keaton es una figura muy atrayente para mí cuyo reconocimiento por parte de los muy caprichosos historiadores del cine fue tardío. El otro día volví a ver The Cameraman, prodigiosa película de Keaton, con un delicado romanticismo y una modernidad absoluta en los temas abordados. En el libro de Anagrama – titulado Buster contra la infección sentimental- se reúnen escritos de Cortázar, Alberti, Rohmer, Buñuel o Lorca sobre Keaton donde se refleja el interés que su figura ha despertado en escritores, poetas y cineastas de primer nivel, más allá de la generación del 27 de la que son conocidos los ejemplos. Dice Cortázar: “En cada escuela latinoamericana debería haber una gran foto de Buster Keaton para fomento de futuros cronopios" (La vuelta al día en ochenta mundos, 1967).

5. Veo la película Contra la pared, una coproducción turco- alemana ciertamente interesante, dirigida por Fatih Akin. Historia de un matrimonio de conveniencia con el fondo rígido de la tradición musulmana. Melodrama poderoso y excesivo, perfectamente interpretado por sus dos protagonistas - Sibel Kekilli y Birol Ünel-, dos personajes a la deriva, a punto de suicidarse, que terminan encontrándose, uniendo sus vidas por conveniencia para terminar enamorándose cuando es demasiado tarde, cuando la tragedia estalla y no es posible echar marcha atrás. Se ha hablado de Fassbinder y de Douglas Sirk como referentes de Akin para construir su película. Al fin y al cabo las raíces del gran melodrama están en Sirk y Fassbinder supo conducirlas a su propio territorio, a su propia indagación como cineasta. Contra la pared es una película dura, hiriente, que sacude a quién la contempla con la implicacin necesaria que exige una obra de estas características. Akin profundiza en el deambular nocturno, en la sonora autodestrucción de sus protagonistas. Hay apuntes autobiográficos del propio cineasta, hay mucha crudeza en determinados momentos del filme, hay una puesta en escena muy interesante con algunos instantes realmente encomiables. Este dibujo del infierno y, finalmente, de cierta redención es francamente recomendable. Contra la pared se alzó con el Oso de Oro en el Festival de Berlín el pasado año.

miércoles 24 de septiembre de 2008

VICKY CRISTINA BARCELONA

Los que me conocen un poco saben de mi debilidad por el cine de Woody Allen, debilidad que viene de lejos y que es en parte responsable de mi iniciación adolescente en el séptimo arte. Recuerdo la primera vez que vi Manhattan, obra mayor e irrepetible del cineasta neoyorkino con glorioso blanco y negro de Gordon Willis. En ese retrato agridulce y melancólico de su ciudad estaba el mejor Woody Allen.
Ahora acabo de publicar un pequeño homenaje al cineasta titulado L
as gafas de Allen, doce poemas dedicados a Woody Allen que espero completar en un futuro. No dejo de volver a asomarme a las películas del cineasta. Vuelvo a visionarlas y me doy cuenta de lo inagotable que resulta el universo de Allen. El otro día me paso con Desmontando Harry, quizá la última gran película de su filmografía. El retrato múltiple de un escritor angustiado puede recordarnos a la visión de la creación que ofreciera en la felliniana Recuerdos (Stardust memories). Pero en cualquiera de los casos vuelve a sorprender la capacidad de Allen de crear un mundo propio y personal que no se parece a ningún otro, a pesar de que sean muchas las fuentes en las que bebe como mostró Jorge Fonte en su ensayo para Cátedra.
Ahora ha editado Lumen un estupendo y voluminoso libro de entrevistas de Eric Lax (uno de sus biógrafos) que nos permitirá adentrarnos de un mejor modo en su personalidad. Y está de estreno su última película Vicky Cristina Barcelona que no resiste comparación con las mejores películas del cineasta. Después de ver la película salí de
la sala del cine algo desconcertado ante una obra algo desequilibrada en el que ni personajes ni situaciones parecen haberse concebido con suficiente inspiración.
Dicho esto hay que decir que Allen es Allen y la película tiene aciertos innegables. Uno de los aciertos que debemos a la sensibilidad de Allen es que Barcelona no está filmada desde el tópico ni desde un ángulo meramente turístico, aunque la película la protagonicen dos turistas norteamericanas de vacaciones en Barcelona. La mirada de Allen sabe tener la suficiente profundidad y la ciudad aparece magníficamente retratada y ese retrato certero siempre está al servicio de la historia.
Los actores están bien aunque no resulten del todo creíbles. Los personajes de Javier Bardem (en la piel de un pintor abstracto de cierto éxito) y de Penélope Cruz (su maniática pareja) responden bien a aquel famoso “ni contigo ni sin ti” que cerraba la película de Truffaut La mujer de al lado. No cito a Truffaut por gusto ya que encuentro ciertos momentos del filme de Allen muy influenciados por Truffaut. El triángulo amoroso que llegan a formar Scarlett Johanson, Bardem y Penélope Cruz me hizo pensar en Jules y Jim y en Las dos inglesas y el amor con guiños que me parecen evidentes como el del paseo en bicicleta. Pero referencias y guiños al margen Vicky Cristina Barcelona no está entre lo mejor de Woody Allen y no funciona como comedia aunque puede que tampoco lo pretenda. Creo que Allen llena la película de un poso de amargura que se hace evidente en su parte final. En ese momento ese placer por la vida, esa oda a la juventud, el carpe diem que guía a los protagonistas, se diluye para dejarnos una sensación extraña que no puede borrar el aire desenfadado del pegadizo tema principal de la película.

CONCIERTO PRIVADO DE SABINA

La aparición de libros como el que ha dedicado el filólogo Emilio de Miguel Martínez a Joaquín Sabina son motivo de celebración. Entra este trabajo en esa línea de estudios que profundizan en la obra de cantautores cuyos textos merecen muchas veces un análisis poético. Sabemos que en un país como Francia es más común este tipo de trabajos ya que allí nadie se rasga las vestiduras si a alguien se le ocurre considerar poeta a Brassens o a Brel. Es otra tradición, esa que desemboca en libros tan curiosos como el titulado Parlez- vous le Brassens? de Jean-Louis Garitte, un particular diccionario para ayudar a comprender mejor la obra del inolvidable cantautor francés que quiso ser enterrado a la orilla de la playa de Sete. Pues bien, el libro de Emilio de Miguel Martínez ahonda en esa idea y trata las canciones de Sabina con el valor poético que éstas contienen sin dejar de lado que son canciones y que tienen una gestación diferente a la del poema.

El autor justifica su análisis al principio (en Francia no tendría que hacerlo) y luego entra en materia, previo prólogo del televisivo Quequé que podía haber sobrado con una alusión poco afortunada a Amancio Prada cuya labor musical merece cierto respeto. Al margen de esta consideración Concierto privado, que así se titula el libro editado por Visor, se plantea, como su título indica, como un concierto imaginario de Sabina en el que se interpretan veinticinco temas que serán analizados por el autor que arranca su aproximación con la muy notable De purísima y oro, feliz recreación de la posguerra que también forma parte de la antología musical del documental 19 días y 500 noches que recientemente ha proyectado Alcances y que ha dirigido el holandés Ramón Gieling.

El visionado de este documental y la lectura de este libro permiten un mejor acercamiento a la obra sabiniana, necesitada de estudios que aporten más luz sobre sus canciones después del decepcionante Perdonen la tristeza de Javier Menéndez Flores. Emilio de Miguel Martínez va por otra senda. Conoce y ama la obra de Sabina pero es riguroso en su acercamiento y en sus apreciaciones. Su libro merece las mayores atenciones y por esa línea de trabajo deberían ir otros trabajos que estén destinados a explorar la riqueza de la canción de autor de nuestro país desde los años sesenta a nuestros días. Que así sea.


sábado 20 de septiembre de 2008

SONADOS

El próximo 14 de octubre se presenta en Jerez a las 20.30 horas (no me han confirmado el lugar exacto) el libro de poemas que han escrito juntos Juan José Téllez y Tito Muñoz, dos amigos a los que admiro como poetas. Sonados es el título de este libro que ha visto la luz a través de EH Editores. Leer a Tito Muñoz y a Juan José Téllez en esta aventura común de versos que actúan de vasos comunicantes es todo un placer. No se pierdan la ocasión de verlos juntos en un mano a mano que me hará revivir la presentación gaditana de Una hawaiana con un ukelele en la que Téllez y yo actuamos de padrinos de Tito. Ahora les dejo con el prólogo que escribí para Sonados (del epílogo se ha encargado Javier Ruibal, flamante pregonero del próximo Carnaval de Cádiz). Para mí (ya imaginarán) ha sido todo un honor que Téllez y Tito me escogieran para abrir este hermoso libro que tiene la virtud de juntar a dos poetas que hablan el mismo idioma, que entienden la poesía de un modo parecido.
QUE TRATA DE TITO MUÑOZ Y DE JUAN JOSÉ TÉLLEZ
Decía Vicente Aleixandre que la historia a veces calla los nombres, que silencia al anónimo, al desterrado, al amante y al que no ama. Sabemos que hay poetas que abrazan con sus versos todas las historias, que no se repliegan en sí mismos cruzando esa tierra honda de silencios para nombrar el mundo, para no quedarse a solas, para mostrar en un poema el perfume cotidiano y profundo de la vida. Tito Muñoz y Juan José Téllez vienen de la raza de los poetas verdaderos, de los que conocen el oficio y saben además palpar la sed de las madrugadas, el eco de los puertos, las caricias del amor, los suburbios del alma. Son la copla y el tango acunándose en una esquina, la canción y el poema tuteándose, la lengua arrebatadora del cante flamenco. Y son también la gracia y la queja que inundan los íntimos espacios del soneto de ida y vuelta, del haiku improvisado, del verso que sabe a amanecer en Cádiz o a paseo por las Ramblas.

El encuentro de Téllez y Tito sólo puede recibirse como una fiesta para los lectores, para los llamados a zambullirse en la algazara lúdica y poderosa de estas páginas. Son dos poetas de larga travesía y enorme complicidad cuyos versos dialogan unos con otros, porque manan de fuentes absolutamente complementarias. De ambos he recibido pruebas maravillosas de amistad y de complicidad que no cabrían en este prólogo que es ante todo una celebración de este encuentro de dos poetas magníficos a los que el verso les nace de forma natural porque nacieron con el don de la poesía debajo del brazo.

En este conjunto de poemas hallaréis el mundo particular que habitan ambos poetas. Asomarán en sus páginas héroes de la literatura y del cine, aventureros y corsarios, amores que dudan, ausencias que duelen, espejos resquebrajados y auroras palpitantes. Está Cádiz, la coplilla de Carnaval, el lenguaje popular tan sabio, el murmullo de sus calles y plazas. Están también las canciones que son parte de nuestra historia sentimental y está la vereda unánime que no necesita ni de himnos ni de banderas para ir forjando al caminante. Porque en estos poemas habita la acracia soñada de Salvat Papasseit y la certeza de Brel de que la vida adulta no hace otra cosa que tratar de compensar la infancia porque en ese reino claro y libre están todas las respuestas.

En este libro abierto a la vida hallaréis el fulgor de las noches que no tienen hora de clausura y la fe en el compromiso, en los ideales, porque hay hombres que luchan toda la vida y son imprescindibles que diría Bertolt Brecht. Y aquí la poesía se torna imprescindible sin que nada de lo que aquí se trate se haga desde la solemnidad sino desde una atalaya festiva que es todo lo contrario. Tito y Téllez con su parche en el ojo nos regalan un libro de lenguaje directo que tanto puede detenerse en la imagen de una mujer desnuda en una playa nudista como mirarse en el espejo de las letras flamencas aguardando la garganta de arena que las cante.

Estos poemas son una pura celebración por parte de dos poetas que se miran a los ojos y comprenden que la poesía son ríos apasionados que terminan encontrando un mismo sino, un mismo anhelo, un mismo aliento. Es una travesía de soledad encontrada y finalmente despojada de sus atributos. Téllez y Tito dialogan, fijan poemas a la memoria de los vientos, silban melodías que comparten similares acentos y escriben como si brindaran por la vida, mirándose a los ojos, con la amistad y el corazón a flor de piel. Para mí que los quiero como amigos y los admiro como poetas este libro es la mejor noticia, la mejor medicina contra los inviernos que seguirán viniendo y contra los que entienden el verso como un lujo al alcance de una minoría. Salud, maestros.

viernes 5 de septiembre de 2008

LOS OLVIDOS DEL ATENEO

Puede que mi padre equivocara el camino. En vez de guiar los destinos de la revista Caleta en los años cincuenta debería haberse hecho hincha del Cádiz y gritar eso de que "vivan los cadistas, vivan sus cojones" (sic) cortesía de la lírica popular del autor carnavalesco Manolo Santander. Entonces quizá el Ateneo de nuestra ciudad le hubiera prestado cierta atención. O bien guiado por su amor a la Semana Santa de su ciudad podría haber desempeñado el rol que hoy tiene el capataz Ramón Velázquez. Así hubiera sido ateneista, de todas todas. Porque debe saberse que para ser ateneista o para que te nombren Gaditano del Año todo puede valer. Pero vayamos por partes.
Mi padre fue una de las personalidades más relevantes del Cádiz literario de los años cincuenta y sesenta. Y fundó el Colegio Argantonio, allá por 1970, como proyección de su inquietud humanística. A veces los sueños pueden llegar a cumplirse y Argantonio fue un sueño que se hizo realidad. Y ahí sigue como una rara avis entre los colegios de Cádiz. En el mes de febrero de 1994 llegó la parca y se llevó al poeta y su entusiasmo a no sé donde. No hubo consuelo. Aquí empezó el largo olvido nerudiano y por mi parte la necesidad de ahondar en aquellos años en los que mi padre trabajó por y para la poesía y cruzó cartas con los principales poetas del momento.
Como hijo suyo trataré siempre y en todo momento de que su ciudad le recuerde y no quede en saco roto su perseverancia por hacer un Cádiz más rico, más culto, menos encajado en el tópico, en la bufonada chirigotera de andar por casa. Hasta los pregones de Semana Santa de mi padre derramaban esa intención literaria hoy tan olvidada, ese gusto por la palabra bien dicha, por la cita sutilmente escogida. No puedo ocultar (hablando de recuerdos y olvidos) la desazón que he sentido cuando el Ateneo que preside D. Ignacio Moreno ha montado una exposición de sus 150 años de historia y ha olvidado que mi padre dirigió en 1964 su Aula de Literatura. En ningún panel aparece su nombre ni su vinculación a la historia del Ateneo. Cosas que pasan y a las que uno se va acostumbrando.
El Aula de Literatura del Ateneo (para conocimiento del comisario de la exposición y del presidente) fue inaugurada el 10 de febrero de 1964 en el salón de la Biblioteca Municipal. El escritor gaditano Fernando Quiñones fue el elegido para inaugurarla. Quiñones leyó algunos relatos que entonces estaban inéditos y que pertenecían a su futuro libro La guerra, el mar y otros excesos, libro que muy pronto pondría en circulación la editorial bonaerense Emecé con prólogo de Jorge Luis Borges. Presidió el acto José María Pemán y mi padre presentó a Quiñones como el más grande y noble de los jóvenes prosistas andaluces. Señaló durante su intervención que su obra era una obra "en marcha como diría Juan Ramón Jiménez, y como yo digo ahora para recordar al poeta de Moguer y para revivir después aquella peregrinación que con Quiñones hicimos un día a la tumba de Platero, nombre dulce y trotón que evoca la revista de Fernando. Platero de la que tanto aprendí al hacer Caleta y de la que tanto han aprendido todos los que después se han lanzado a esa loca y maravillosa aventura de hacer una revista".
El 24 de febrero de 1964 tuvo lugar la segunda sesión del Aula de Literatura del Ateneo. En ella intervino la escritora y poeta uruguaya Blanca Terra con una conferencia titulada "Egipto, cuna de la civilización occidental". Blanca Terra había sido Premio Nacional de Literatura en su país y había desarrollado una intensa labor periodística como corresponsal de prensa en lugares tan variados como Paris, Roma o Oriente Medio. En la mesa presidencial del acto estaban junto a la autora uruguaya, mi padre y el cónsul de Uruguay en Cádiz García Ybarlucea.
El miércoles 11 de marzo el Aula de Literatura del Ateneo llevó a cabo un homenaje al poeta sevillano Luis Cernuda. En él tomaron parte José María Pemán que leyó un soneto dedicado a Cernuda, Pilar Paz Pasamar, Manuel Adrada y Joaquín Piserra. Al homenaje a Cernuda se sumaron en la distancia Gerardo Diego, José García Nieto, Rolando Steiner, Luis Rosales, Antonio Gala, José Manuel Caballero Bonald, José Luis Cano, Félix Grande, Luis Feria y Fernando Quiñones. El 14 de marzo de 1964 se puso punto final al ciclo de actividades culturales propuestas por el Aula de Literatura del Ateneo con el escritor Félix Ros que analizó la poesía española de los últimos veinticinco años.
El Aula de Literatura del Ateneo tuvo una vida efímera debido a las circunstancias del momento pero fue mi padre el encargado de conducirla. Sólo por ello merecería una mención en la citada exposición del Ateneo, más si tenemos en cuenta que dentro de la institución hay miembros que conocieron la trayectoria de mi padre y llegaron a tratarlo en persona. Pero cae el olvido como injusta losa, ese mismo olvido que caerá sobre muchos de los que hoy olvidan. Por mi parte seguiré hablando de José Manuel García- Gómez porque nada de lo que hago podría explicarse sin su ejemplo. Porque me duelen las cosas de la ciudad que él (como rezaba un poema de su "En medio de las olas") amaba sobre todas las cosas. Porque ya va siendo hora que alguien recuerde que en el número 22 de la calle Cervantes nació un poeta que difundió la poesía en tiempos difíciles. Sé que su magisterio y ejemplo permanecen a pesar de los que olvidan o ignoran, a pesar de esta ciudad en la que muchas veces escribir es igual a llorar.