lunes 7 de abril de 2008

LA VIDA AL SOL

Hace unas semanas el cantautor catalán Joan Isaac me hizo llegar su último álbum de estudio titulado La vida al sol. Ha pasado mucho tiempo desde la publicación en 1975 de És tard, su primer elepé, en el que asomaban diez canciones en las que la crítica especializada advertía la poderosa influencia de Lluis Llach. De entonces a hoy (con un periodo de largo silencio de por medio) la obra de Isaac no ha hecho otra cosa que crecer, que madurar, que mojar la pluma y el corazón en nuevos horizontes líricos.

La vida al sol es un álbum hermosísimo donde Isaac le canta a las pequeñas cosas de la vida con su reconocible impronta de cantautor lírico. Son textos que dibujan emociones y sentimientos y que se recogen en una atmósfera musical inspirada y nada reiterativa. Es ése el secreto de la mejor canción de autor, aquella que además sabe beber de las mejores fuentes. En Isaac está el recuerdo inmarchitable de la gran canción francesa (en La vida al sol hay una versión de un tema de Aznavour) pero también están otros referentes de la canción catalana que empezaron antes que Isaac, como Serrat cuyo ejemplo y lección en la canción de autor es bastante reconocible en los más diversos ámbitos expresivos de este género. La balada “No s’ hi pot fer res” evoca desde su personalidad indudable el tema serratiano “Això que en diuen estar enamorat”. En ambos casos se canta el milagro del amor que llega y que arrasa por igual el corazón de los adolescentes y el de los viejos.

La vida al sol es un canto a la vida desde su luminosa portada, un inmenso cielo azul con Isaac de perfil con los ojos cerrados en reposo absoluto. El tema homónimo ejemplifica a la perfección lo que acabo de decir. Isaac invita a abrazar a la vida, a recibirla, a estrenarla, como si fuéramos niños eternos danzando en el patio de la escuela. Morder la vida como un fruto sagrado y ostentar el oficio de la utopía y de los sueños no es mala proclama para los tiempos que corren.

Las nuevas canciones de Isaac son una buena manera de recibir esta primavera recién despertada donde la imagen de unos mirlos puede simbolizar muchas cosas en medio del tráfico perpetuo de gentes y automóviles que representa la gran ciudad. Isaac le canta en un bellísimo tema a sus hijas pero antes advierte de lo tramposa que puede llegar a ser la vida. En cualquier caso Isaac la celebra e incluso le canta al milagro de la música que llena de armonía los rincones del silencio y de la pena. “Música, misteriosa música/ que serenas las noches/ de tormentas y dudas…” nos canta el cantautor de Espluges en el estribillo.

Isaac canta en La vida al sol a la mujer de agua y también al mar en una bellísima canción titulada “Quina calma més gran que em dona la mar”. El mar, tan abrazado a la senda de los grandes poetas, que es quien serena los pasos confusos del caminante, quien termina calmando las dudas y las aflicciones. Canta Isaac que en la arena reescribe su nombre y todo es fugaz porque todo se lo lleva el mar, fugitivo y eterno a un tiempo.

Joan cierra su disco hablando de la vejez en otro hermoso texto (pienso en Brel mientras lo escucho) donde esa etapa final de la vida servirá para seguir evocando y sintiendo los fulgores de la misma. Que en sus hijos se perpetue la belleza del amor y que sigan presentes los recuerdos de las mujeres amadas, besos que dieron luz y sentido a los labios. Y que ligero de equipaje un último cigarro pueda encarnar la dicha de estar vivo.

Gracias, Joan, por este bellísimo manojo de canciones y gracias por tu complicidad.

La vida al sol está editado por Discmedi. Ha sido registrado entre los meses de junio y noviembre de 2007.